Los cinco retos que enfrenta la economía salvadoreña en 2020

El nuevo año supone diseñar estrategias para lograr un mayor flujo comercial, aumentar las inversiones y ordenar las finanzas públicas. Una nueva Ley General de Aduanas y reformas al sistema de pensiones también están en la lista de pendientes.

Se requiere también aprovechar los tratados comerciales vigentes para que los bienes salvadoreños crucen más fronteras.Foto EDH / archivo

Por Vanessa Linares

Ene 02, 2020- 21:10

Más allá de la desaceleración económica mundial, la caída de precios del café y los vaivenes en la producción y precio del petróleo, el 2020 pinta para El Salvador factores internos y un entorno local que supone superar retos importantes para su economía.

De acuerdo con el último reporte del Banco Central de Reserva (BCR), la economía podría crecer alrededor de 2.5 % este año. No obstante, para lograr este cometido hace falta echar mano a las tareas que aún están pendientes.

1. MEJORAR CLIMA DE INVERSIONES

Desde el último trimestre de 2019 varios empresarios y economistas salvadoreños ya destacaban que una mejora en materia de inversiones permitiría darle un impulso a la economía.

A juicio del economista de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (Fusades), Pedro Argumedo, es menester que en el primer trimestre de 2020 la administración del presidente Nayib Bukele priorice y presente un plan completo de su visión y estrategia de acción para mejorar las capacidades competitivas; pues aunque en 2019 el país experimentó un comportamiento diverso en los reportes internacionales, en general desmejoró en la mayoría de ellos.

El INCAE Business School estima que la economía debe esforzarse para lograr que $1,500 millones de inversión extranjera lleguen cada año al país y así alcanzar a sus pares de Centroamérica.

Pero para eso Argumedo cree que es necesario que la Agencia de Promoción de Inversiones y Exportaciones (Proesa) tenga claro su rol y desarrolle un plan a largo plazo, pues solo estando atenta a los inconvenientes de los inversionistas actuales y potenciales podrá maniobrar y articular una agenda de libertad económica y seguridad que garantice la inyección de capital.

2. APROVECHAR TRATADOS COMERCIALES

Aprovechar los tratados comerciales vigentes con más de 40 naciones alrededor del mundo también facilitaría aumentar el flujo de importaciones y exportaciones de bienes salvadoreños (que vale la pena recordar que al término de noviembre pasado experimentaron un crecimiento de apenas 0.1 % respecto al mismo mes de 2018).

Por su parte, las importaciones crecieron solo 1.8% hasta el onceavo mes del año, alcanzando los $11,116 millones.

La estrecha relación de El Salvador con otros países también se evidencia a través del flujo de remesas. El BCR detalló que éstas crecieron 4.8 % hasta llegar a $5,099 millones en noviembre. Vale recordar que más del 90 % del dinero que envían los salvadoreños desde el exterior proviene de compatriotas en Estados Unidos.

Así que, como todo ciclo virtuoso, esta mayor inversión y garantía de producción, importaciones y exportaciones provocará más oportunidades de empleo y con ello incentivará naturalmente el crecimiento económico.

3. FACILITAR TRÁMITES Y EL FLUJO DE MERCANCÍAS

Por otro lado, responder a la reiterada queja del sector privado de lo difícil de resulta desarrollar la actividad comercial en el país y el tiempo que demoran los trámites también es otro de los retos. Y no es que se comience totalmente desde cero en 2020. De hecho, la Comisión Intergremial para la Facilitación del Comercio (Cifacil)- que agrupa a las principales gremiales empresariales del país- ya ha reconocido en las autoridades locales una cierta voluntad para mejorar el comercio exterior a través de una nueva normativa aduanera.

De ahí que facilitar el flujo de mercancías y hacer más expeditos los trámites en El Salvador e incluso la región centroamericana (que junto a Estados Unidos es un mercado clave para los bienes salvadoreños), es precisamente uno de los objetivos de la propuesta para una nueva Ley General de Aduanas que hizo el sector privado, y que se considera otro de los pendientes.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha insistido en que los trámites ágiles impactan positivamente no solo en el clima de negocios, sino también en la percepción ciudadana del gobierno y en el acceso a servicios y programas públicos de primera necesidad.

Para el BID, un trámite digital es más rápido, más barato y menos corruptible. Así que, considerando que en el Latinobarómetro 2017 se reportó que el gobierno salvadoreño debe gestionar alrededor de 3,000 trámites y solo el 5 % de los salvadoreños hace sus trámites en línea, la adopción plena de un gobierno electrónico y otros facilitadores como la firma electrónica o un expediente clínico electrónico, por ejemplo, son parte de esta tercera tarea de país.

4. ORDENAR FINANZAS PÚBLICAS

Para todos es sabido que El Salvador enfrenta una titánica tarea de mantener en orden su situación fiscal. Diversos organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) si bien han reconocido un avance en la estabilidad financiera, también han reiterado sus recomendaciones de implementar y actualizar de acuerdo a las condiciones del país una Ley de Responsabilidad Fiscal que ponga a raya los gastos e incentive la recaudación.

El FMI en particular reconoció los avances en la reducción del déficit fiscal y la estabilización de la deuda, pero recordó que se necesitan esfuerzos adicionales para colocar la deuda en una trayectoria descendente.

Esto, junto a los esfuerzos por no adquirir deuda innecesaria, cumplir con los compromisos adquiridos con anterioridad, mantener un buen clima político y social y calificaciones de riesgo soberano adecuadas, también se consideran un cuarto reto para la economía salvadoreña.

5. PENSAR A FUTURO: PENSIONES Y COBERTURA SOCIAL

Finalmente, pero no menos importante, el país debe pensar en el futuro y en cómo garantizar que los salvadoreños tengan una vida digna y plena; desde su nacimiento hasta su vejez. A dos años de la reforma al sistema previsional, el 2020 se perfila como un año para discusiones para un nuevo cambio. Estos, si bien se perciben menos radicales que los de sepriembre de 2017, implican abordar la necesidad fundamental de ampliar la cobertura.

Las Administradoras de Fondos de Pensiones han insistido en que toda reforma al sistema debe ser estudiada de forma técnica y requiere la participación de todos los sectores involucrados.

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