Las madres adolescentes de La Colorada

San Luis La Herradura, de La Paz, fue el segundo municipio con la tasa más alta de embarazos de niñas y adolescentes para 2017. En La Colorada, isla Tasajera, las oportunidades son escasas para quienes ya son madres.

San Luis La Herradura es el segundo municipio con la mayor tasa de embarazos adolescentes.

Por Xenia González Oliva

May 10, 2019- 21:00

Lucía R.* soñaba -sueña- con trabajar en un hotel. Ve a su madre que sale de la casa todos los días cuando aún ni se asoma el sol en busca de un pick-up. Se dirige al río Lempa, donde pasa la mayor parte del día “jaibeando”: atrapando jaibas para vender. Caminar desde su casa en el caserío La Colorada en la isla Tasajera, de San Luis La Herradura, hasta la desembocadura del río es difícil. Las calles son de arena, los pasos son más lentos y el calor es permanente.

A veces su madre regresa sin nada en sus manos; otras veces vuelve con una docena de jaibas y todos celebran. Lo que siempre acompaña a su madre en esos viajes es el cansancio. A veces regresa un poco más cabizbaja. Sigue arrastrando el luto que les quedó desde que murió su padre y desde que su hermano mayor sufrió la lesión, que lo dejó con la mentalidad de un niño de cinco años en el cuerpo de un joven.

El sueño de un trabajo fuera de la isla, que le permitiera llevar más a su hogar para ayudar a su madre, a su hermano y su hermana menor, quien a sus 16 años, estaba a punto de tener a su primera hija, la llevó a estudiar el bachillerato de técnico en turismo en el Complejo Educativo “Profesor Reynaldo Padilla”.

Para llegar al centro, Lucía debía pagar un pick-up que la llevara de La Colorada hasta Tasajera donde abordaba una lancha hacia La Puntilla. De ahí se iba en bus al instituto. Salir de la lancha es caro. Significa un par de dólares al día.

En la isla solo hay un bachillerato y es a distancia, para poder entrar hay que esperar que la generación que ya está estudiando se gradúe.

Pero gracias a su empeño, Lucía fue una de las pocas que ha logrado recibir una beca entregada por la Adesco del caserío con apoyo del Centro de Intercambio y Solidaridad (CIS).

Lucía veía más oportunidades con un técnico en turismo. Para quienes viven en La Colorada, el turismo que es atraído a la zona del bulevar La Costa del Sol es el mayor punto de esperanza de lograr un trabajo que no sea desgastarse el cuerpo en la pesca.

De acuerdo a datos recopilados por el Fondo de Población de las Naciones Unidas, para el año 2017 había 1,960 niñas y adolescentes en edad de asistir a la escuela en San Luis La Herradura, La Paz. De ellas, 543 estaban en edad para asistir a bachillerato.

El porcentaje estimado de cobertura escolar de niñas y adolescentes, desde segundo ciclo a bachillerato era del 70 % en el municipio.

Pero, en el caso solo de bachillerato el porcentaje de cobertura era de apenas el 34 %.

Aunque en todo el municipio se reportaban 126 inscripciones prenatales de pacientes de 10 a 19 años, ningún centro escolar reportaba embarazos registrados. Sin embargo, sí destacaba que hubo 145 casos de deserción escolar.

Embarazos en adolescentes

Lucía y su madre cuidaron a su hermana, Sofía, durante su embarazo. En la escuela le decían que siguiera estudiando, pero la adolescente decidió acompañarse con el padre de su bebé. Modificaron el interior de la pequeña casa de su madre con más cortinas para dividir los espacios de cada quien.

Afuera, una cuna hecha de palos y bejucos para la bebé de su hermana. Lucía aprendió a cuidar a un recién nacido con su sobrina. No pensaba que un año pasaría por lo mismo que su hermana.

Lucía quedó embarazada a los 19 años cuando cursaba el último año de su bachillerato.

Pensó en que quizá tendría que hacer como su hermana, pero sus profesores, sobre todo su tutora le dieron ánimos para que no dejara de asistir al instituto y se graduara.

Las oportunidades en La Colorada son pocas. Se mantiene como una zona aislada en la que se necesita un vehículo para transitar con facilidad. La mayoría tiene que pagar los pick-ups para no tener que dedicar mucho tiempo en caminar hacia Tasajera. Aunque hay servicio de energía eléctrica, el servicio telefónico y de Internet móvil también es escaso. La mayoría de los habitantes de La Colorada se dedican a la pesca, pero cuando llega la veda los afecta. Otros se dedican a recolectar y tostar las semillas de los marañones, uno de los pocos árboles que más abunda en la zona, pero solo por temporadas.

La Adesco ha construido un pequeño taller en el que dan clases de costura y elaboran bolsos y carteras, pero no tienen cupo para todos.

Lucía decidió terminar su bachillerato. Todas las mañanas salía antes de las 6:00 en busca de un pick-up. El cansancio a veces era insoportable, pero la brisa y el agua que le mojaba el rostro y la camisa en la lancha le ayudaba a terminar de despertar.

Sus profesores también le daban ánimos, sobre todo su tutora. Sabían cuándo le tocaba ir a los controles prenatales de la unidad de salud y le daban permiso. A veces su tutora la veía cansada y le daba permiso de salir más temprano. Pero fue un año en el que trabajó duro.

Ya tenía también las prácticas de su tercer año del técnico. Había días en los que entraba a las 7:00 de la mañana a clases y salía hasta las 5:00 de la tarde. “A veces estábamos tan ocupados que no nos quedaba tiempo para comer. A veces no comía. Era complicado porque uno tenía que estarse alimentando por el embarazo. Por suerte, nunca me agarraron mareos ni vómitos”, recuerda.

En ocasiones ya se había puesto el sol cuando llegaba a su casa.

El hijo de Lucía nació cuando a ella le faltaban cuatro meses para graduarse. Pensó que no lo lograría. Pero su hermana y su madre la apoyaron con el cuidado del bebé.

Para ella era difícil concentrarse en las clases. Pasaba el tiempo pensando cómo estaría su hermana menor cuidando de los dos bebés. Pero lo logró. No perdió la beca y terminó su bachillerato.

Lucía sigue soñando con un trabajo en el que pueda poner en práctica su título. Ha hecho prácticas en hoteles y restaurantes, pero todos esos trabajos implican quedarse fuera de la isla.

“Cuando uno sale de acá tiene que quedarse por allá”, dice Lucía.

La distancia para regresar a la isla, además del dinero para pagar lancha y pick-up, hace difícil que pueda tener un trabajo fuera sin tener que quedarse a dormir fuera.

Pero ella debe regresar a casa para cuidar a su hijo, ahora de dos años. Lucía, quien a sus 21 años aún no puede trabajar, tiene la esperanza de que cuando su niño esté un poco más grande, ella pueda salir y trabajar fuera de la isla.

Su hermana Sofía, ahora de 19 años, no pudo terminar el noveno grado y en los últimos días ha tenido problemas del colon que la han dejado postrada en una hamaca.

Su madre no puede dejar de ir a buscar las jaibas. Ella es la encargada de llevar la comida a la casa, además de cuidar a su hijo mayor.

Pero también sueña con un trabajo fuera para Lucía y Sofía. “Yo hubiera querido que estudiara hasta sacar su bachillerato”. Ella no quisiera que tengan que vivir con la dificultad de regresar a casa sin jaibas tras un día duro en el río. “Yo quisiera que ella estuviera trabajando por allá”, dice.

Después del embarazo

Aunque han pasado dos años desde que nació su hijo, a Lucía aún le resulta raro verse como madre: “Uno no sabe a veces lo que le espera. Va aprendiendo uno, yo a ella (su hermana) la veía y todo, le ayudaba a cuidarla. Uno va aprendiendo”, explica.

Para Rocío*, quién también vive en La Colorada, asimilarse como madre de una bebé que depende por completo de ella también ha sido difícil: “Me sentí ya distinta, es diferente estar uno solo que ser dos, ya hay más cargo”.

“Aquí las oportunidades son escasas… para conseguir trabajo hay que salir”.

Ella quedó embarazada a los 16 años. Las circunstancias del embarazo de Rocío no son claras, su familia y ella comparten distintas versiones. Con timidez ella menciona que estaba viviendo con el padre de su hija, pero tuvo problemas, sobre los que prefiere no entrar en detalles, por lo que tuvo que regresar a la casa de su familia.

A su madre en algún momento le advirtieron que se la habían llevado a la fuerza hasta Cara Sucia, Ahuachapán, luego le habrían dicho que se había ido con su pareja.

Rocío creció dividida entre la casa materna en Tasajera y paterna en San Luis La Herradura. Al salir embarazada, su madre la fue a traer porque la familia no la trataba bien.

Su abuela susurra la versión más dura, que Rocío fue víctima de violencia sexual, que uno de sus familiares la llevó hasta Ahuachapán, donde quedó embarazada.

Al regresar a La Colorada, a su nueva vida como madre, Rocío ya no pudo seguir estudiando. Matemáticas y Ciencias eran sus materias favoritas, pero ya no ha podido seguir más allá del séptimo grado.

“Quisiera prosperar más por mi bebé, porque solo yo no es tan fácil. Mi abuela, mi mamá, me ayudaban a cuidarla”, dice Rocío.

Su bebé, ahora de dos años, es la consentida de sus abuelos maternos y sus hermanos. La niña, aunque no habla mucho, pero ya le dice mamá a la madre de Rocío.

“Me gustaría trabajar afuera. Solo hay trabajo en comedores, así he trabajado. Hay chances en las fábricas, pero no he ido todavía, sería bonito trabajar en una fábrica”.

Estudiantes de San Luis La Herradura

Mujeres a cargo de hijas y nietos

En el casco urbano de San Luis La Herradura, unas cuadras atrás de la Unidad de Salud, Patricia*, de 16 años, salió embarazada casi al mismo tiempo que Julia*, la novia de su hermano. Actualmente ambas tienen 17 años; una tiene una bebé de casi seis meses y la otra un niño de cinco meses.

La madre de Patricia ahora apoya tanto a su hija como a su nuera. Aunque viven relativamente cerca del instituto y los profesores les dieron ánimos para seguir estudiando, ambas dejaron de estudiar.

Marta*, la vecina, ha pasado por algo similar. Su hija también salió embarazada cuando estaba en noveno grado. Aunque dejó los estudios por un tiempo, gracias a la insistencia de su profesora y al apoyo de su familia, terminó el año escolar. Ahora va a clases de cosmetología fuera del municipio y estudia el bachillerato a distancia.

“Uno siente que el mundo se le acaba ahí. Dejan de jugar ellas por cuidar otro niño. Es bien feo en el momento, porque púchica dice uno, mi hija”.

Ambas madres lamentan que en la zona no hay muchas oportunidades de salir adelante para los jóvenes, aún para aquellos que sí terminaron el bachillerato. Además les gustaría que hubiera más oportunidades de recreación y distracción.

Consuelo Revelo, de la Unidad de la Mujer, Niñez y Adolescencia de la alcaldía de San Luis La Herradura, reconoce los desafíos que tienen como alcaldía del segundo municipio con la tasa más alta de embarazos adolescentes en el país.

Desde su área, con el apoyo de distintas entidades, incluida Gobernación, han iniciados programas enfocados en la prevención de la violencia y de embarazos adolescentes. Por ejemplo, con el respaldo de Médicos del Mundo han enviado a cuatro jóvenes del municipio a recibir talleres sobre educación sexual para que después puedan replicarlo en las escuelas.

Revelo cuenta que al hablar con los jóvenes han detectado la falta de comunicación y distancia que existe con los padres para hablar sobre temas personales. Incluso en el municipio tienen problemas cuando los promotores de salud quieren llegar a los centros escolares a dar charlas porque hay padres a quienes no les gusta que toquen el tema.

Por ello, cuando realizan talleres vocacionales, como de serigrafía, también tienen visitas de la unidad de salud para hablar de distintos temas con los jóvenes y las miembros de Adesco que participan en estos. “Nuestro objetivo es también ayudar y educar a los padres, para que haya más confianza, haya más acercamiento”.

Leandra Dolores, presidenta de la Adesco de La Colorada, también sueña con más oportunidades para los jóvenes de la isla: “La mayoría de jóvenes que vivimos por allá dejamos de lado nuestros sueños, nuestros anhelos de tener una carrera, de volver a nuestro caserío con algo, no hay oportunidad económica, no hay oportunidad de becas para todos. Añoro que Gobernación o alguien llegara a mi comunidad y dijera ‘miren, jóvenes, no importa que tenga su bebé, pero si tienen el ánimo de seguir en sus estudios, por Dios, sí lo harán”.

Ella también salió embarazada en su adolescencia y con mucho esfuerzo logró terminar su bachillerato. Ahora, además de liderar la Adesco y luchar por más oportunidades para los jóvenes de la isla, también asiste a todos los talleres que brinda la alcaldía para ampliar sus conocimientos. ¿Por qué lo hace? Ella responde: “Buscando la manera de sobrevivir, de dar el ejemplo a mis hijos que tienen que superarse; que, si yo no lo hice, ellos sí lo harán”.

Talleres vocacionales a estudiantes adolescentes

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