La ONU reclama a países que tomen medidas tras muerte de Óscar y Valeria

Mientras, el miedo a morir en las turbulentas aguas del río Bravo en la frontera entre México y EE.UU. tiene entre la espada y la pared a migrantes, sobre todo mujeres que están con sus hijos en los albergues.

Por Katlen Urquilla

Jun 28, 2019- 06:30

Naciones Unidas reclamó ayer a los países medidas para proteger los derechos humanos de los refugiados y migrantes, tras la muerte del joven salvadoreño y su hija al intentar cruzar el río Bravo desde México a Estados Unidos.

“Cuando lo vi, casi rompí a llorar, porque esto no puede estar sucediendo. No podemos tener a más gente que muera porque deciden emigrar a otro país”, dijo ayer en Nueva York la presidenta de la Asamblea General la ONU, María Fernanda Espinosa.

Para el secretario general, António Guterres, la imagen de los cuerpos del salvadoreño Óscar Alberto Martínez, de 25 años, y su hija Valeria, de 23 meses, “simboliza trágicamente la desesperación a la que se enfrentan muchos individuos y familias en busca de una vida mejor”, según su portavoz, Stéphane Dujarric.

Se esperaba que los cuerpos de Óscar y Valeria fueran repatriados ayer desde México, pero hubo un atraso en la ruta, según explicaron en Cancillería. Este jueves fueron trasladados de Tamaulipas, estado donde ocurrió la tragedia, hacia Monterrey, para luego poder emprender el viaje a El Salvador.

Tanto Espinosa como Guterres subrayaron que la fotografía es un nuevo recordatorio de la necesidad de que haya una mejor gestión de los flujos de refugiados y migrantes y de que se garantice el respeto de sus derechos humanos.

“Creo que estas tragedias, estas tragedias tan dolorosas, requieren respuestas contundentes”, apuntó la diplomática ecuatoriana, que alabó los planes que ya están poniendo en marcha México y los países del Triángulo Norte de Centroamérica y que llamó a combatir el tráfico de personas.

Según Dujarric, el jefe de Naciones Unidas considera que estas muertes en la frontera entre México y EE.UU. recuerdan que el flujo de migrantes y refugiados tiene que ser gestionado por los países de origen, tránsito y destino y que los derechos básicos y la dignidad de esas personas tiene que ser respetada.

Preguntada por la separación en Estados Unidos de menores inmigrantes de sus familias, Espinosa recalcó que eso “no debería estar pasando” y apuntó que se trata de una cuestión que va más allá de lo migratorio y que afecta los derechos humanos. “Las personas en tránsito son seres humanos, así que les corresponde tener garantizados sus derechos fundamentales”, insistió.

Con temor a las bravas aguas
Entre tanto, las trágicas muertes por ahogamiento en el río Bravo, entre ellas las de Óscar y Valeria, reflejan el peligro que entraña esta frontera natural entre México y EE.UU. y han provocado temor a los migrantes que anhelan llegar al país norteamericano.

“En mi cabeza no está cruzar por el río, ya tengo aproximadamente 3 meses de estar aquí”, comentó Emily una migrante hondureña alojada en el albergue Senda de Vida en Reynosa, en el nororiental estado mexicano de Tamaulipas.

Emily admite que aunque anhela cruzar trata de no desesperarse por la situación de encierro, “los niños molestan, pero por el río no se me pasa por la cabeza cruzarme, anduviera sola lo hago, pero con el niño no”, puntualizó.

Su compañera de albergue, la guatemalteca Arely García, tiene también casi tres meses esperando su turno para ser llamada a una audiencia de asilo por parte de las autoridades estadounidenses.

Asegura que la trágica muerte del joven salvadoreño y su hija en las aguas del río Bravo en el municipio mexicano de Matamoros -unas imágenes que han dado la vuelta al mundo- la han hecho recapacitar.

“Yo también ando con un niño, he querido esperar porque lo quiero hacer legal, no quiero cruzarme el río porque pienso en mi hijo y la verdad es que este proceso ha sido muy difícil; quisiéramos que esto caminara pero no camina, esperamos que las autoridades se pongan la mano en el corazón y hagan conciencia, que se vengan por nosotros”, relató.

A pesar de las recomendaciones de representantes de organismos de derechos humanos y de las autoridades mexicanas sobre los peligros de cruzar ilegalmente a EE.UU., algunos migrantes por desesperación arriesgan su vida por el sueño americano.

“Está muy fuerte el calor para estarle intentando, por el calor uno se anda deshidratando a veces en el camino y el agua en los charcos está muy caliente”, afirmó Gustavo González García, un mexicano del céntrico estado de Guanajuato que fue deportado de Estados Unidos.

Este mexicano se quedó en Reynosa para esperar el apoyo del Instituto Tamaulipeco para Migrantes para volver a su pueblo, Empalme Escobedo, porque aseguró que ya no piensa arriesgar su vida intentando llegar de manera indocumentada a Estados Unidos.

Pero hay otros a quienes las peligrosas corrientes y crecidas de los ríos y canales fronterizos entre México y Estados Unidos no les asustan ante la desesperación que viven por salir de los albergues y lograr un futuro mejor al otro lado, por lo que se encomiendan a Dios y se lanzan.

 

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