La causa del embarazo no justifica un aborto, dice microbióloga salvadoreña

La diferencia entre aborto y muerte fetal es algo que la médico y microbióloga María Eugenia Barrientos cree necesario aclarar.

La doctora María Eugenia Barrientos cree que en lugar clínicas para abortar o provocar muertes fetales, El Salvador necesita mejorar la atención a las mujeres embarazadas. Foto EDH/ Lissette Monterrosa

Por Lilian Martínez

Ago 12, 2019- 15:54

El debate en torno a la despenalización del aborto ha iniciado, impulsado por diversas ong y un ala progresista de la sociedad salvadoreña. Pero se escuchan voces de advertencia. Entre esas voces está la de María Eugenia Barrientos quien, desde la medicina y la microbiología, presenta argumentos no religiosos para oponerse a la despenalización del aborto.

Barrientos advierte que muchas veces el término “aborto” es utilizado erróneamente y que las mujeres cuyos casos son utilizados como emblemáticos para solicitar la despenalización de dicha práctica no tuvieron un aborto sino una muerte fetal u óbito.

¿Es lo mismo hablar de interrupción del embarazo que de aborto?

El aborto es lo mismo que interrupción del embarazo. Lo que pasa es que el término aborto se ha mal empleado, porque aborto es la interrupción voluntaria o involuntaria del embarazo antes de los cinco meses de gestación. Eso significa que aborto se le llama cuando se interrumpe el embarazo antes de las 20 semanas de embarazo.

Muchas veces usted va a oír que ocupan la palabra aborto y la mujer puede abortar a los seis meses, a los siete meses de embarazo y eso ya no sería un aborto, eso sería una muerte fetal. La palabra clara es “muerte fetal”, “óbito”, que es una palabra un poquito más sofisticada que se usa en el gremio médico.

Muchas veces, la personas que solicitan la despenalización del aborto en nuestro Código Penal presentan argumentos médicos. ¿Con qué argumentos científicos o médicos se puede justificar la penalización total del aborto en casos como el de una niña embarazada por su padrastro o una joven violada por un pandillero?

Pues yo creo que la primera cosa es que lo que ha causado el embarazo no justifica la muerte de nadie. Creo que una de las cosas que hay que aclarar, y es algo que vengo escuchando, la pregunta que se ha debatido es ¿a dónde comienza la vida?

Eso es bien importante porque así vas a saber si lo que estás haciendo es acabando con una vida o no. El origen de la vida es desde la fecundación. Cuando el esperma se une al óvulo y comienza una multiplicación celular. Nada puede multiplicarse sin vida. Si no hay vida ahí, no podría multiplicarse. Una mesa no puede multiplicarse en mesitas ni una silla.

Si definimos que hay vida desde el principio, podemos definir que el embrión es el origen de la vida. Es el origen del desarrollo de un ser vivo.

Por lo tanto, de un embrión pasa a la vida fetal. Uno puede preguntarse ¿cuál es la diferencia? La diferencia es que en la etapa embrionaria que son las primeras semanas se da lo que es el desarrollo de los órganos, el cerebro, los nervios, órganos como el sistema digestivo, el sistema urinario y en la etapa fetal lo que se da es el cumplimiento o la madurez del desarrollo de los órganos y las características externas, ya como eres por fuera: abrir los ojos, tus manos se hacen grandes, tus brazos se alargan, las piernas también. Entonces, hay vida desde el principio.

La pregunta es esta: ¿cómo justifico abrir clínicas para voluntariamente hacer abortos? La respuesta es: no se puede. No se puede desde un punto de vista moral-médico, no se puede desde un punto de vista moral-humano. Porque donde comienza una vida nadie más tiene injerencia.

Usted dice que cuando se habla de aborto se está hablando de dos vidas. ¿Qué argumentos científicos se pueden presentar para decir que el feto es un ser humano con derechos. Porque quienes quieren despenalizar el aborto hablan de que la única vida humana que está en juego en ese momento es la de la madre.

Pues yo creo que desde el momento que algo se nutre, desde el momento que algo se alimenta, desde el momento en que algo se divide, se multiplica. Es lógico. Yo creo que ni siquiera siendo médico podría explicar tan sencillo como “nada necesita alimento si no tiene vida. Nada crece ni se multiplica si no hay un núcleo y algo que genere proteínas y todo lo que va a crear ese nuevo sistema. Eso no es debatible. Eso es lo interesante. Son hechos.

Si uno busca en el diccionario la palabra embrión, el embrión es el origen del desarrollo de un ser vivo. Aquí lo que tenemos que entender es que el ser humano como todo, una planta, un animal, tiene un desarrollo desde su origen hasta todas sus etapas. La pregunta es ¿quién eres tú para querer eliminar una de las etapas?

De hecho, una palabra que realmente me conmovió fue la palabra interrupción. Porque se ocupa mucho esa palabra (y la expresión) “interrumpamos el embarazo”.

La palabra interrupción viene del latín interruptere. Interruptere significa “romper en pedazos”. Realmente, cuando vi su origen como palabra genuinamente me dieron escalofríos. Porque el aborto es eso: es romper en pedazos. Y pensé “romper en pedazos la vida de un niño, la vida de un feto, de este nuevo ser gestante”. Y después dije “no, es romper dos vidas, rompo la del niño y rompo la de la madre”.
En mi clínica, llevo el seguimiento de madres que han abortado, son personas constantemente apenadas. Una de ellas perteneció a estos movimientos que querían abrirle las puertas al aborto. Ella me decía que lo hacía porque le quitaba cargo de conciencia. Eso le daba como justificación a lo que había hecho.

Muchas de ellas tienen ataques de pánico, terrores nocturnos, sueños constantes con ese hijo no nacido. Entonces no. Es más fácil. Cómo nos vamos a poner a invertir como nación en crear, como les digo yo, pequeños cementerios, clínicas de donde salgan a diario seres humanos muertos. ¿Para qué? ¿Con qué razón? Si te pones a pensar cuál es el porcentaje de mujeres que tienen eclampsia o preeclampsia en el embarazo, vamos a ver que en países desarrollados de 100,000 embarazos 3 tienen problemas durante el embarazo por una convulsión. ¡Tres!

¿Qué le hace falta al sistema de salud para atender bien a las mujeres embarazadas?

Primero que toda mujer embarazada sepa que porque ella llega (a ser atendida) gratis no significa que debe ser maltratada. Porque te tienen en el sistema público de salud no significa que te tiene que dar pena hacer preguntas.

Muchas mujeres me dicen: “El doctor no me hizo preguntas” y yo les digo “¿por qué no las hiciste?”. “Es como ahí no pago”. Ellas sienten que no tienen ese derecho. Es más aclararles que tienen el derecho a hablar, a preguntar. Tienen el derecho a que se les saque su hemoglucotest para saber si son diabéticas desde un principio, tomar su presión arterial desde el primer día que ella camina y llega ahí con su embarazo; hacerle sus controles como son correctos; buscar dar controles, si podemos, gratuitos. Porque si la gente no se los hace por que no tiene un lugar cercano o porque la consulta es cara, eso deberíamos hacer, hacer pequeñas clínicas para llevar controles de embarazo. En vez de abrir pequeñas clínicas para matar seres humanos abramos clínicas que lleven controles excelentes del embarazo y controles excelentes del niño sano. Tendríamos un logro como nación digno de imitar incluso por países desarrollados.

Muchas veces, los casos de niñas violadas, niñas de 9 o 13 años con embarazos, son utilizados para hablar de la necesidad de poder interrumpir esos embarazos. ¿Qué es más traumático para una niña de 9 o 13 años?: ¿ser violada?, ¿ver cómo aumenta su vientre?, ¿vivir un parto? o ¿vivir un aborto?

Definitivamente vivir el aborto, incluso, vivir el abuso. En el abuso están indefensas. Son niñas que ni siquiera saben cómo es una relación sexual. Estas niñas dicen: “Me dan asco los hombres… me da asco ver los genitales de un hombre”. Eso no debería dar asco. Debe ser algo natural. Una persona, solo imagínese. Una niña que en la noche aparece un hombre, abre su puerta y ella dormida, la empieza a desvestir y a tocar… Dígame si eso no es más traumático que saber que hay un niño en su vientre, que como no fue culpable vamos a darlo en adopción. Pero que ella le dio la vida a un ser que puede ser grande, un ser magnífico, el cual algún día va a llegar y va a decir: “Mamá, gracias, gracias por no tomar la decisión de matarme”.

¿Cree que hay intereses externos que están impulsando la despenalización del aborto en El Salvador?

Yo la verdad es que soy muy poco política. En eso no quisiera profundizar. Pero algo sí le voy a decir: hay mucha desinformación y mucha gente utilizada. Hay mucha jovencita utilizada, incluso estas manifestaciones que han habido de feministas. Me doy cuenta que están siendo utilizadas. Me dicen: “¿Tú podrías salir a la calle para defender los derechos de la mujer? Tú que sos médico y tenés 5 hijos. ¿Podrías quitarte la ropa y el brasier?”. No puedo. Va contra mi pudor. Es más, va contra mi dignidad. Si va contra la dignidad ¿cómo es posible que niñas que dicen defender la dignidad de la mujer, que muchachas jóvenes que dicen defender la dignidad y los cuerpos de las mujeres se quiten las camisas y al mismo tiempo dicen “los hombres nos abusan, nos dicen palabras soeces”? No va. Es un absurdo.

En una reciente entrevista con la exministra de Salud de Colombia Ana Cristina González Vélez, ella decía que el hecho de que en el Código Penal se penalice el aborto intimida a los médicos hasta el punto de que dudan cuando una mujer llega a las emergencias después de haber tenido un aborto espontáneo o natural y la señalan o la acusan de haberse provocado un aborto.

Dijimos que aborto era todo embarazo, voluntaria o involuntariamente, que termina antes de las 20 semanas de gestación. Antes de las 20 semanas, antes de los 5 meses. La mayoría de abortos espontáneos y cuando la mujer aborta incluso clandestinamente es el primer, segundo, tercer y cuarto mes del embarazo. Cuando eso sucede se viene una hemorragia donde se viene el saco completito, nadie logra ver al bebé, nadie logra diferenciarlo.

Entonces, la pregunta es ¿cómo las van a penalizar? Si hay mucha mujer que ha perdido a su bebé en el primer mes del embarazo y el segundo mes del embarazo. Yo tengo pacientes que me dicen: “Doctora, bañándome en la ducha me vino esta hemorragia terrible”. Le hacemos ultrasonografía y ya no hay nada. Ya no está el saco gestacional, ya no está el bebé. Nadie puede penalizar eso. Solo se penaliza donde ya el bebé es reconocible, donde se ve a la criatura. Estás hablando de los 4 meses para arriba.

¿Cuántas mujeres han llegado al hospital y dicen “yo no me di cuenta que estaba embarazada”, “yo no supe que tuve un bebé”? Y la pregunta que se hace, yo porque he estado en hospitales públicos, ¿quién te cortó el cordón umbilical?, ¿quién cortó el cordón? ¿Tu mamá, una amiga, una señora? Nadie puede no decir que tuvo un hijo porque hay un cordón umbilical que cortar. No hay forma de penalizar algo que es correcto.

En 2017, ante el Comité para la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer , Catalina Martínez Coral, directora regional para América Latina y el Caribe del Centro de Derechos Reproductivos dijo: “La hostilidad extrema hacia el aborto en El Salvador pone en peligro la salud y la vida de las mujeres”. ¿Cree que esas palabras son acordes a la realidad?

Hay dos cosas que no son acorte y es importante tenerlas en cuenta. Si usted me pone a cargo de una entidad que lleva como nombre “derechos reproductivos”. ¿Qué significa si yo voy a defender los derechos reproductivos? Solo piense con lógica: derecho a que nazcan los niños. Derecho a que siga la vida. Derecho a la familia. A que crezcamos, ese es el derecho a la reproducción. Porque fecundación es eso, es la reproducción de un nuevo ser a partir de dos gametos. Eso es fecundación. Por lo tanto, si vamos a defender algo defendamos la reproducción con madurez, la reproducción correcta. Incluso la reproducción que no ha habido un culpable. En el caso de la niña de la que hablábamos. No pongamos a la niña, tras haber sufrido un abuso de muchas veces años, un trauma, además de eso el trauma del aborto y que ella cuando crezca diga: “A mí lo que me hicieron es matar a un niño”. No es justo.

Otra cosa es importante: Salud. Si yo estoy en el Ministerio de Salud ¿qué busco? ¡La salud de todos! No la salud de algunos. Si ya llegamos a la conclusión de que el embrión es el origen de la vida de un nuevo ser, que hay vida, ¿quién soy yo?, ¿qué juez soy yo? ¿Quién me creo para determinar quién vive y quién muere? Yo, como médico, voy a tratar de que mi paciente mujer esté sana. Y que el bebé que viene también. Y voy a luchar. Y voy a decir una cosa. La mayoría de muertes de mujeres que se dan son por falta de controles del embarazo; es porque no sabían que eran diabéticas; porque no sabían que eran hipertensas; es porque llegan y las despachan muchas veces; en vez de haberles dicho: “¿Sabe qué?, quédese con nosotros. No estamos seguros si ha roto la fuente. Queremos que usted siga con nosotros hasta estar claros”.

Luego le hago otra pregunta ¿qué ciencia nos dice que alguien trae una malformación al 100 % sin error. ¿Quién? Si a mí me dijeron que mi hijo tenía el 30 % de probabilidad de vida y que iba a vivir sin un pulmón. Y a mi hijo al final le quitaron nada más la punta del pulmón; y ahora es un gran hombre. ¿Qué tal si yo hubiera dicho “mi hijo viene con una malformación, lo voy a matar”? Ahora no viviría. Así de sencillo.

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