Joven originario de Chalatenango se gradúa del MIT con honores e irá a Harvard

Miguel estudió becado y se licenció en Química y Biología. Hoy está listo para cursar, de la misma manera, un doctorado en la Universidad de Harvard.

Por Susana Joma

May 23, 2020- 10:06

Más allá de la pandemia, Miguel Ángel Aguilar Ramos, el joven originario de Chalatenango, hace realidad este 29 de mayo su sueño de graduarse como licenciado en Química y Biología del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), de Estados Unidos; pero además, gracias a su alto nivel lo hará con dos galardones.

El joven se agenció el Premio de Investigación del Departamento de Química 2020, así como otro del Departamento de Biología, según le han notificado las autoridades de la prestigiosa institución. La ceremonia, debido a la emergencia mundial, será desarrollada de manera virtual a la 1:00 p.m. de El Salvador.

Aguilar Ramos, quien hace cuatro años luchó del lado de sus padres para encontrar los fondos que necesitaba para completar la beca parcial que le otorgó el MIT, aunque no tendrá un acto de graduación tradicional dijo sentirse “afortunado de que ya está por acabar (esta etapa de estudios) y ansioso de lo que está por venir”.

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En esta etapa Miguel trata de estar optimista, pero no deja de tener sentimientos encontrados porque sus papás esta vez no le podrán acompañar en uno de sus logros importantes, como lo han venido haciendo desde que estudió la educación básica y media en instituciones públicas de Chalatenango, así como en su trayecto por el Programa Jóvenes Talento, de la Universidad de El Salvador (UES), en donde fue olímpico de Química y logró varias medallas para el país.

“(Me siento) extraño, con un sabor agrio de saber que estas no son las condiciones que me esperaba, pero igualmente feliz de saber que me graduaré. Ellos (papá y mamá) me han comentado cosas similares, resaltando el hecho de que a pesar del estado del mundo siempre podré graduarme en el tiempo que esperaba hacerlo”, explicó.

Miguel no gusta hablar mucho de sus logros; pero explicó que se gradúa del Tecnológico de Massachusetts con un cum de 4.9, dentro de la escala de 5.0 que se usa en el sistema educativo estadounidense para califica a los estudiantes, y que aquí en El Salvador ese puntaje equivaldría a 9.8 con base a 10.

Estos meses, previos a su graduación, Miguel ha pasado otros momentos de mucha alegría, como el saber que siete de las ocho instituciones de nivel superior a las que aplicó para estudiar el doctorado, lo habían aceptado, entre ellas la Universidad de Yale, la Universidad de Harvard, el Instituto Tecnológico de California (Caltech) y el Instituto Oceanográfico Scripps. Al final,  tras lo que resultó ser una decisión difícil, dada la alta calidad de todos los centros de enseñanza, se inclinó por hacer su post grado en Harvard por el tipo de investigación que están desarrollando en la facultad a la que estará adscrito.

Expuso que será Harvard la que costeará en la totalidad sus estudios de doctorado y la estadía.

En los últimos tiempos ha sorteado momentos de mucha incertidumbre, como el hecho de que a raíz de la emergencia por el SARS-CoV2, él y otros alumnos tuvieron que dejar, de forma urgente y por cuestiones de regulación de espacios, los dormitorios estudiantiles del MIT que, detalló, tienen una densidad poblacional demasiado alta; además, se vio afectado por el cambio de rutina a la que se había acostumbrado, que no solo incluía clases presenciales, también largas horas de trabajo en laboratorio.

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El dejar los dormitorios lo puso en la disyuntiva de regresar a su país, en donde tenía que quedar en cuarentena y corría el riesgo de no tener acceso a internet para atender sus últimos días de formación, o debía buscar personas solidarias para poder mantenerse allá.

“Actualmente estoy viviendo con familiares que amablemente me han acogido hasta que la situación se normalice y pueda empezar mi programa (de doctorado)”, dijo al agradecer a sus parientes.
Sobre su nueva etapa de estudiante, quizás el mayor reto que tenga primero será el de adaptarse a  un programa más riguroso, que implica más exigencias, a lo que se suma los efectos de la pandemia.

Miguel dice que aún no sabe qué tipo de investigación realizará, porque es algo que se define tras cumplir rotaciones el primer año; tampoco sabe si desarrollará su proceso en formación. “Espero iniciar este septiembre ya sea digital o en una combinación físico – digital, dependiendo de cómo se nos indique”.

El talento salvadoreño es amante de la investigación y lo combinó muy bien con sus clases teóricas. En  una entrevista que se le realizó en diciembre del año pasado comentó que le interesa mucho lo relacionado a la interfaz entre la Química y Biología, algo en lo que ya ha trabajado durante su formación en el Tecnológico de Massachusetts.

La interfaz, explicó, en esa oportunidad, trata de cómo utilizar la Química para estudiar sistemas biológicos que generan moléculas, reacciones que permiten modificar ciertas cosas en proteínas, o también hacer moléculas que van a funcionar en fármacos biológicos.

En los laboratorios del MIT trabajó con diferentes profesores, con de los últimos que estuvo se enfocaron en el desarrollo de enzimas llamadas trazas. Con eso buscaban mejorar fármacos, por ejemplo hacer algunos antibióticos más potentes, selectivos contra bacterias; mejorar  agentes antineoplásicos que son usados contra el cáncer, con el fin de reducir los efectos secundarios que tienen cuando se administran en el ser humano.

En el marco de la actual situación Miguel reflexionó: “A veces es necesario un duro golpe con la realidad para entender por qué es importante estudiar las ciencias. Todas nuestras acciones, lo que esperamos y lo que debemos hacer están informadas por la ciencia. Al final, si bien aún no se tiene una panacea para la pandemia actual, su uso es importante para no hilvanar soluciones que terminen siendo peores que la enfermedad”.

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