FOTOS y VIDEO: Temer, nacer y morir en el hospital Saldaña

Al librarse del hacinamiento de Jiquilisco, María y su hija no sabían que iniciaban una peregrinación que las llevaría a ser testigos de las carencias con las que son atendidos los ingresados en el hospital Saldaña.

Crédito: Diana Veronica y Tony

Por Lilian Martínez

Mar 29, 2020- 22:00

María estuvo dos días en el centro de contención de Tierra Blanca en Jiquilisco Usulután. Ahí vivió dos días en medio del hacinamiento y las comidas servidas tres o cuatro horas después de lo acostumbrado. Como adulta, ella podía soportar eso y más incomodidades, pero su hija de 10 años no.

Luego que El Diario de Hoy denunciara el riesgo que corrían los niños que estaban en el hacinado centro de contención de Jiquilisco, el 13 marzo, María y su hija fueron trasladadas al Polideportivo de Ciudad Merliot, al lugar conocido como “el hotel de los deportistas”. Ahí se libraron del hacinamiento durante 14 días.

Foto EDH / Cortesía

Sin embargo, días después, la niña empezó a presentar síntomas de alergia. Lo que puso en alerta al personal médico de ese centro de contención, el cual decidió enviarlas al hospital Saldaña.

Ahí, madre e hija fueron testigos de cómo dos jóvenes hospitalizados ayudaban a limpiar a un bebé recién nacido por cesárea y cómo un anciano hospitalizado por un diagnóstico diferente al COVID-19 era amarrado a su cama y “solo llegaban a tirarle la comida”. Ese anciano es el que aparece en una fotografía compartida en redes sociales el sábado.

En el Saldaña, María vivió un día completo de zozobra porque ella y su hija compartían sala con personas que ya habían dado positivo a la prueba de COVID-19.

El viernes temprano, mandaba un mensaje a quien escribe: “El lugar donde nos tienen es sucio. No hay nada, ni papel ni jabón ni alcohol”. Tampoco había puerta en el baño ni cortina en la ducha.

Foto EDH / Cortesía

En esa sala del Saldaña, María conoció a dos jóvenes cuyas pruebas del COVID-19 salieron negativas, pero a quienes les habían dicho que se quedarían ahí 30 días.

En total, María y su niña compartían con otras dos mujeres y un hombre.

“Nos tienen desde anoche encerrados ahí con uno que vino de Italia, no puede respirar y no lo llegan a sacar”, añadió, “no nos dejó dormir. Parecía que se estaba muriendo. Tengo mucho miedo por mi niña”. Por eso, ellas y el resto de pacientes de la sala salieron a un área abierta adyacente.

A media mañana, María recibió una noticia alentadora: un médico le dijo que las trasladaría a otro lugar después de hacerles la prueba. Mientras ella, su niña y otros encuarentenados en el Saldaña eran trasladados a un hotel en la colonia San Benito, en las redes sociales se difundía otra noticia relacionada con el hospital: una adulta mayor había expirado debido a una enfermedad no relacionada al COVID-19.

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