Estética y política en la conversación: ¿es un arte?

La educación política consiste en aprender como participar en una conversación. MichaelOakeshott (Filósofo inglés, 1901-1990).

Baltasar Castiglione, retrato pintado por Rafael Sanzio. / Foto Por EDH-Cortesía

Por Dra. Katherine Miller

Sep 27, 2020- 05:30

El tema de la conversación, visto como objeto de los esfuerzos estéticos y políticos, puede ayudarnos a descubrir algo esencial sobre el ser humano y sus sociedades a través de la historia. Además, una breve reflexión sobre el fenómeno de la conversación, a través de varios contextos históricos, puede revelar algo que resultará útil para nuestra vida pública y privada hoy.

¿La manera en que hablamos nos define como seres humanos? Y si es así, ¿sería posible descubrir, al trazar el desarrollo de la conversación, y ver, como por un cerrojo, los sentimientos privados y proyectos políticos con que algunas sociedades construyeron sus gobiernos desde el caos emocional y político? Tal vez, con estos descubrimientos, no estaremos condenados a repetir lo que duele o lo que no ha funcionado.

No hay duda de que la conversación es uno de los manantiales más poderosos de nuestra civilización. No es solamente comunicación. Se propone aquí considerar la conversación, desde la óptica estética, como un arte sutil, fuerte y elocuente todavía presente en esta época de soliloquio en que se ha intensificado el evitar la conversación personal y directa. Con el uso de audífonos, medios sociales, música digital, juegos interactivos de video, correo electrónico, WhatsApp, y todas las funciones de los teléfonos inteligentes, hay una forma de comunicación que no es la práctica de una conversación presencial. Estos medios nos conduce a una época de absorción y soliloquio, abandonándonos en un estado de ensimismamiento que fácilmente nos pueda llevar hacia intolerancias.

Sin embargo, a la misma vez, la conversación nos proporciona la habilidad de compartir la vida interior con otro individuo o con otros grupos privados, sociales o políticos en público. Una conversación, por definición, es lo opuesto de un soliloquio en el que hablamos solamente con nosotros mismos. La palabra y concepto del soliloquio proviene del latín y significa un especie de aislamiento en que solo yo hablo: ego solus ipse (solo yo mismo). Los maestros, poetas, novelistas, políticos, abogados y filósofos conversan con el mundo en varias modalidades y tamaños de conversación. A nivel del microcosmos, conocemos a una persona por la manera en que él o ella habla, se viste, se mueve o escribe. Pero la conversación no es un soliloquio. Es una modalidad social de intercambio verbal o escrito en que la vida interior es revelada y compartida.

Al nivel del macrocosmos, de otro modo, la conversación puede ser conceptualizada como la esencia de la política y el arte consumado de gobernar en conversación con una población. De esta manera, el gran Tudcídides nos presenta las conversaciones y oratorio público en sus transcripciones del discurso político de las asambleas de ciudadanos de la democracia directa de Atenas en el s. V a.C. Además presenta recuentos del diálogo hablado en conversación entre protagonistas políticos junto con relatos de conversaciones entre las poblaciones de la Grecia antigua que a veces tomaron la forma de guerras civiles.

El contemporáneo de Tucídides, el dramaturgo Eurípides, indaga estéticamente, en sus tragedias, en el proyecto político de la conversación humana. En su tragedia Hippolitus, por ejemplo, la audiencia griega se asombra al aprender que, en el transcurso de una conversación, alguien puede decir con sus labios lo que no siente y cree en su vida interior. Aún en aquellos tiempos, el historiador y el dramaturgo nos presentan la actualidad de los tumultos civiles, y las presentan en forma de conversaciones políticas de los líderes con el pueblo, entre los pueblos mismos, y en sus asambleas, conspiraciones y guerras.

De izq. a der.: Tucidides, Eurípides y Cicerón.

Siglos después, el abogado romano Cicerón intenta educar no solamente a su hijo, Marco, pero al pueblo romano entero cuando nos explica, en su obra De Oficiis (De los deberes), que “ Por todo nuestro diario vivir, la regla de oro es la de evitar los disturbios mentales que resultan cuando las emociones excesivas no obedecen a la razón. De la misma manera, en nuestra conversación, debemos evitar tales sentimientos (….) Sobre todo, debemos demostrar nuestro respeto y afección para con quienes conversamos” (I.96-136). He aquí la conversación íntima y personal conjugada con la conversación pública y política.

Como maestros consumados de la conversación, Tucídides, Eurípides y Cicerón nos demuestran que la conversación no es solamente privada, si no pública —y política—en el sentido de que debemos evitar las “insurrecciones” mentales, igual como las insurrecciones a nivel de estados. Como nos dice Shakespeare en su obra, Julio César, donde presta la idea de Tucídides, Eurípides y Cicerón;

Entre la actuación de un asunto asombroso y la primera actuación,
todo lo interino es, como un fantasmo o sueño horrible.
El genio y los instrumentos mortales están en concilio,
Y el estado del hombre, así como un reino pequeño,
Sufre en este entonces, una suerte de insurrección.
Julio César II.i.63-69

En el curso cronológico de la historia, en la pantalla aparece, en el siglo VI aC., Cassiodoro, un senador romano, como una bisagra entre el mundo antiguo y el medieval del Mediterráneo. Construye su monasterio laico, campestre, con biblioteca (el Vivarium), en que invita a sus amigos eruditos del mundo conocido a participar en conversaciones políticas y familiares, rogando y exigiendo a la vez, a los protagonistas políticos del mundo moribundo de los romanos a regresar y dejar su ocio campestre para participar en las ciudades para gobernar; eso para que no se muera la civilización (una palabra que significa “viviendo en ciudades”: civil-es). Cassiodoro consideraba que la conversación funcionaba como herramienta, como un instrumento para salvar, políticamente, a la sociedad.

Sigue, en las conversaciones históricas, la presencia enorme de Santo Tomás de Aquino (1224-1274). Gira la cuestión de conversación de una manera vertical y define la relación con el Dios poderoso de los cristianos, en la Europa de la Cristiandad, en los mismo términos de familiaridad que usaba Cicerón con su hijo. La conversación con Dios es familiaris conversatio (conversación tierna así como entre familia). Santo Tomás explica que las oraciones puedan “penetrar” (como la acción de una flecha) a los cielos para rogar a Dios.

Lectura recomendada

Craveri, Benedetta. The Age of Conversation (New York, 2005)

 

Miller, Stephen. Conversation. A History of a declining Art (Yale, 2006)

 

Randall, David.

The Concept of Conversation (Edinburgh, 2018)

Contemporáneo con Santo Tomás, es Dante Alighieri (m. 1321), quien, en su Divina Commedia (m. 1321) viaja por el Infierno, Purgatorio y Paraíso en conversaciones intensas, políticas y éticas con la sociedad de su querida Florencia, en las vías angustiosas de la transformación de Florencia hacia una república El poema es una larga serie de conversaciones entre los protagonistas de Florencia—protagonistas buenos y malos–para definir la política y doctrina de la relación humana con Dios en el Paraíso además de aquí en la tierra, en la política pública de la conversación con sus prójimos florentinos.

Francesco Petrarca (1304-1374), todavía un hombre medieval, pero en la cúspide del renacimiento humanista de la península itálica, descubre los manuscritos de Cicerón en un monasterio, y los imita en sus propios escritos que envía públicamente a los eruditos humanistas de toda Europa para que puedan imitar la conversación política, personal y pública, presentada por Cicerón. La relación presentada en ellos es la relación superior entre familiares e iguales en conversación sobre toda la gama de la experiencia humana, incluyendo la relación política entre gobiernos y poblaciones.

Coluccio Salutati, Poggio Bracciolini y Leonardo Bruni, siempre en Florencia, ahora en el siglo XIV, son figuras representativas del nuevo humanismo cívico, que agrega la óptica cívica al humanismo. En su correspondencia presentan sus conversaciones y actuaciones por escrito en que demuestran que jóvenes eruditos de la sociedad florentina no tenían que tomar órdenes eclesiales como sacerdotes y vivir aislados en el celibato; deberán trabajar para el gobierno. Salutati, Bracciolini y Bruni proponen la práctica de contratarlos para que puedan ganar un salario y tener familias mientras que trabaja en el gobierno. Los jóvenes se dedicarán, en este modelo de humanismo cívico, a escribir la correspondencia diplomática de Florencia y así abrir conversaciones entre la Signoría y la población, caminos hacia la formación de la república florentina con miradas hacia el bien común en la virtud y ética política.

Una generación después, Nicoló Maquiavelo (1469-1527), humanista y republicano, vinculó, en su presentación de conversaciones cívicas y políticas, ideas humanistas de como realizar transformaciones al nivel de la calle que condujeran al estado como república. Por medio de la representación estética y escrita, Maquiavelo alega que la reputación y representación del poder es suficiente porque es, en realidad, la cosa en sí. Su correspondencia es voluminosa y es publicada. Su obra Comentarios sobre las primeras décadas de Tito Livio (1531) es una larga delineación sobre el valor de una república. Es un resumen público de las conversaciones clandestinas que él sostuvo con sus amigos Buondelmonte y Ruccelai en los Orti Oricellari de Florencia, arriesgando sus vidas en los tiempos de los Medicis. Machiavelli, por medio de estas conversaciones, confeccionó una república en palabras que publicó en forma impresa enviadas al mundo. Las conversaciones han vuelto de la esencia en las creaciones políticas.

En 1571, el año en que murió Maquiavelo, Stefano Guazzo (1530-1593) publicó una obra que poco conocemos ahora, pero que, en su tiempo, declamó en resumen que era una conversación. Era un asunto, dijo Guazzo, de intercambio públicamente político adicional a una forma de intercambio tierno y privado. Publicado en 1571 Conversaciones civiles vincula la conversación y al mundo cívico, imitando a los humanistas cívicos como Cicerón, Dante Alighieri, Petrarca, Salutati y Maquiavelo. Tenemos la conversación directa de los eruditos con las multitudes que forzó a aparecer, en forma públicamente impresa, una modalidad de pensamiento para construir una república y vivir una sociedad en la práctica.

Tomás Moro y Nicolas Maquiavelo (der.).

Al fin de tanto, declaró Guazzo ¿qué es la motivación para participar en la conversación civil? “Consideramos,” declara Guazzo, “un ser infortunado a quien no goza de los medios de conversación para comprar su propio ganancia y la de otros hombres…. El hombre, siendo una creatura que vive en compañía, ama, naturalmente, la conversación con otros hombres, y, lo contrario, ofende a la naturaleza misma” (I.20). Según estas luces, es imprescindible la conversación política para la creación política. Es privada, hablada y escrita, pero es también escrita en mayúscula y públicamente discutida.

Continuando, encontramos la obra El Cortesano de Baldassare Castiglione, publicada en 1528. Estamos presente, en esta obra, como lectores y oyentes, en una conversación ahora caracterizada por el nuevo fenómeno de la sprezzatura, una modalidad de educar el príncipe poderoso y peligroso en forma de conversaciones que hablan con nonchalance. La sprezzatura es la manera de vivir políticamente, pero presentada estéticamente, en una forma de hablar. Es una lima suave pero eficaz que puede utilizar un cortesano con tareas diplomáticas para educar a un líder fuerte y convencerlo de abandonar la crueldad en su práctica de gobernar una población. Con la sprezzatura que no se enfrenta directamente con el príncipe poderoso y potencialmente peligroso, el cortesano puede educarlo y también salvar su propia vida.

Hacia el norte, en Inglaterra, el humanismo cívico pasó una metamorfosis y llega a ser el humanismo cristiano con sus portavoces en Erasmo de Rotterdam y Sir Tomás Moro, canciller de Inglaterra. En el salvajismo de las guerras de religión, la conversación entre los ingleses costó un martirio.

Hacia el norte, en Inglaterra, el humanismo cívico pasó una metamorfosis y llega a ser el humanismo cristiano con sus portavoces en Erasmo de Rotterdam y Sir Tomás Moro, canciller de Inglaterra. En el salvajismo de las guerras de religión, la conversación entre los ingleses costó un martirio.

Tomás Hobbes, nacido en 1588 cuando Shakespeare estaba todavía con vida y cuando la Armada Invencible fue enviada por España contra Inglaterra durante las violentas y sangrientas guerras de religión. Hobbes publicó su tratado De Cive (Sobre el Ciudadano) (1641) en que presenta la proposición de que nuestras pasiones nos motivan a compartir e involucrarnos en la sociabilidad de una conversación que permita una suerte de pegamento entre los ciudadanos que los conduce a un buen gobierno. Pero, la motivación de los ciudadanos, dijo Hobbes, es la motivación de un egoísta, producto del miedo de como evitar males más grandes y no sufrir la necesidad económica.

La correspondencia voluminosa en que los Salutati, Maquiavelo, Guazzo, Erasmo, Moro presentan, estéticamente, las conversaciones para corregir a sus sociedades es publicada cuando comienza a funcionar la imprenta. Es el precursor de la prensa y la conversación pública ahora se ubica en los periódicos. La prensa noticiosa utiliza, ahora, en el siglo XVI, un estilo anónimo dirigido a audiencias anónimas que forja, públicamente, la cohesión “amigable” nacida del egoísmo para sobrevivir y formar gobiernos.

Al conocer la trayectoria del arte político y estético de la conversación, podemos apreciar críticamente como en nuestros días la conversación del intercambio entre los poderosos en el mundo internacional con sus poblaciones y con otros de igual altura, ha bajado a un nivel de confrontación—en la ausencia de la erudición estética, para no mencionar la sprezzatura. Por lo menos en el mundo dominado por la cultura anglo-americana, la conversación—que no olvidemos, es la representación que da forma a la práctica— se ha vuelto casi pálida por comparación con la conversación de nuestros ancestros. Por ejemplo, un ministro prominente del Reino Unido, conversando este año en una entrevista de televisión, argumentó en una forma que solamente se puede tomar como una confrontación, que “hay que discutir el gato muerto en la mesa” y no “el elefante en el cuarto”. Otros líderes, al otro lado del Atlántico, brillan por la incoherencia confrontativa en su conversación, a tal grado que, para evaluar su conversación pública, tenemos que acudir a la sabiduría de los dichos sureños de un país al norte. Uno que reza así: “Los mejores tuncos usan lápiz labial” (The best pigs wear lipstick).

¿Es el caso, al estudiar el discurso actual de los que manejan tanto poder en nuestros días, que tenemos que rescatar la conversación?
FIN

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