Familias descartan que asesinatos de tres miembros de comunidad LGTBI sea por su preferencia sexual

Las muertes de Anahy, Jade y Victoria han sido etiquetados por muchos como “crímenes de odio”, pero parientes y amistades de ellas creen que no fueron asesinadas por ser gay o mujeres trans. En tales casos, las fuentes barajan posibles móviles de esos crímenes. En ninguno de esos hechos, las autoridades han capturado a sospechosos.

Imagen del sepelio de Anahy Miranda Rivas, de 27 años, encontrada asesinada el pasado 27 de octubre en el bulevar Los Héroes, San Salvador. Foto EDH / archivo
Imagen del sepelio de Anahy Miranda Rivas, de 27 años, encontrada asesinada el pasado 27 de octubre en el bulevar Los Héroes, San Salvador. Foto EDH / archivo

Por Jorge Beltrán Luna

Nov 27, 2019- 06:15

Familiares y amigos de tres de las seis personas miembros de la comunidad LGBTI (lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales) que durante el 2019 han sido asesinadas, consideran que los crímenes contra ellas no fueron cometidos debido a la preferencia o identidad sexual de las víctimas.

En tres de esos seis casos (los más recientes, las familias creen saber cuál fue la motivación de tales asesinatos.

Además, aseguran tener posibles sospechosos, debido a las circunstancias previas a los crímenes. Sin embargo, resienten y sostienen que las autoridades no le han dado la importancia debida para investigar investigar.

Durante 2019, se han conocido de seis casos de asesinatos de personas de la comunidad LGBTI en el país, las últimas tres se han cometido entre el 27 de octubre y el 17 de noviembre

En torno de esos tres asesinatos hay hechos concretos que podrían apuntar a los posibles autores, materiales o intelectuales y a los posibles motivos, los cuales podrían excluir la posibilidad de que hayan sido cometidos por personas homófobas y transfóbicas (que rechazan la homosexualidad y sus diversidades), según manifiestan parientes y amigos de las víctimas, quienes por temor pidieron no citar sus nombres.

Más allá de los motivos, diferentes organizaciones y colectivos que velan por los derechos de estas comunidades han externado su preocupación por la forma en que las víctimas fueron asesinadas, y pidieron a las autoridades encontrar a los responsables.

Diversas motivaciones
En el caso de Anahy Miranda Rivas, quien fue encontrada muerta en la mañana del 27 de octubre en los alrededores del bulevar Los Héroes (San Salvador), sus allegados consideran que pudo haber sido asesinada por pandilleros, pero no por homofobia (más detalles en nota aparte) si no como un posible ajuste de cuentas.

Mientras tanto, familiares de Victoria (Víctor Manuel de Jesús Palma) dicen estar seguros de que su muerte se derivó de problemas que desde hacía aproximadamente tres meses había comenzado a tener con un pariente cercano (más detalles en nota aparte).

Víctor era gay, no transexual y tenía varios años de vivir en Cara Sucia, cantón del fronterizo municipio de San Francisco Menéndez, Ahuachapán.

En cuanto al asesinato de Jade Camila (Ricardo Manrique) Hernández Díaz, tanto familiares y amigas aseguran que fue objeto de amenazas de muerte menos de 24 horas antes de que el 6 de noviembre desapareciera; lo último que les dijo es que iba a un supermercado de San Francisco Gotera y que regresaría pronto.

Las fuentes aseguran que la noche anterior, la joven había asistido a una fiesta en el municipio de San Carlos, siempre en el departamento de Morazán, y ahí tuvo un problema con un hombre joven (los detalles de este caso serán publicados en la edición de mañana).

El temor a la impunidad

En lo que va del año, seis miembros de la comunidad LGBTI han sido asesinados. Y en menos de un mes, tres de esas personas fueron asesinadas en los departamentos de San Salvador, Morazán y Ahuachapán.

En uno de esos casos, el fiscal general, Raúl Melara, se comprometió, a través de su cuenta en Twitter, a investigar a profundidad el asesinato de Jade Camila, el mismo día que el cadáver de ella fue encontrado el 9 de noviembre.

Pero 15 días después de que el cadáver de Jade fuera localizado flotando en las aguas del río Torola, debajo del puente sobre la carretera que lleva a Meanguera y Perquín, departamento de Morazán, las autoridades policiales y fiscales no han capturado a nadie por ese crimen.

El comisionado Juan Carlos Arévalo Linares, subjefe de la delegación policial de San Francisco Gotera, dijo el pasado 19 de noviembre, que aún se estaban analizando los indicios que se habían recabado en torno al asesinato de la joven, de 25 años de edad.

Ese mismo día, la familia de Jade Camila le hizo el rezo de nueve días; casi al mediodía, el comisionado Arévalo Linares llegó a la casa de la familia de la víctima a “ponerse a las órdenes”.

El rechazo fue evidente, aunque por educación lo recibieron. “Ya hoy para qué; hubiéramos querido que cuando fuimos a denunciar la desaparición nos hubieran ayudado a buscarla, pero no lo hicieron”, reprochó un familiar cercano de Jade Camila.

Tampoco han realizado ninguna captura por el crimen de Anahy Miranda Rivas, a pesar de que el sector donde ella se subió al vehículo y donde localizaron el cadáver, hay varias cámaras de vídeovigilancia.

En el caso de Victoria, cuyo cadáver fue encontrado la madrugada del sábado 16 de noviembre en el centro del cantón Cara Sucia, municipio de San Francisco Menéndez, Ahuachapán, tampoco hay avances.

Es más, en este caso, el día de la velación, los familiares de la víctima lamentaron que ni fiscales ni policías se les habían acercado a entrevistarlos.

Óscar no fue asesinado “por odio”; murió en accidente de tránsito

Los asesinatos de Anahy, Jade y Victoria también han puesto en evidencia la seriedad o interés con que algunas organizaciones e instituciones abordan el tema.

La Procuraduría de Derechos Humanos (PDDH), tras el asesinato de Victoria, hizo público un pronunciamiento el martes 19 de noviembre, en el cual decía que ni la Fiscalía de Ahuachapán ni la policía de Cara Sucia habían logrado establecer la identidad de la víctima. Eso era falso, ya que el cadáver fue reconocido e identificado por sus familiares el mismo sábado.

El lunes 18 de noviembre, el cuerpo fue llevado a Tacuba, donde fue velado. Sin embargo, tres días después de cometido el crimen, la PDDH no había logrado establecer por sus propios medios la identidad de Victoria.

Un día después de que la PDDH emitiera su comunicado, lo hizo la oficina de la Organización de Naciones Unidas en El Salvador. Pedía a las autoridades salvadoreñas “investigar estos crímenes para que sancionen a los autores, considerando la transfobia como agravante” y mencionaba el caso de Óscar Cañénguez, como un crimen motivado por el odio a la comunidad LGBTI.

En ese contexto, la organización Comcavis Trans (Asociación Comunicando y Capacitando Mujeres Trans en El Salvador) publicó en su cuenta de Twitter que el cadáver de Cañénguez había sido encontrado en las proximidades del mercado de San Vicente.

Comcavis Trans y otras organizaciones que se describen como defensoras de los derechos de la comunidad LGBTI en El Salvador han mostrado su preocupación por los asesinatos de tres personas de esa comunidad, cometidos entre el 27 de octubre y el 17 de noviembre anterior, señalándolos como “crímenes de odio” debido a la identidad sexual de las víctimas.

“Un asesinato más. Óscar se une a Anahy, Jade y Victoria como una víctima más de la violencia y el odio hacia las personas LGBTI. Con él son 4 asesinatos en menos de 22 días”, rezaba la alerta difundida por la organización antes mencionada en redes sociales.

Sin embargo, familiares, amigos y compañeros de trabajo de Cañénguez manifestaron que él no había sido asesinado, sino que el joven murió en un accidente de tránsito en la carretera Panamericana, cuando se conducía en su motocicleta.

“No, nada que ver con eso que me dice usted. Oscarito iba en su motocicleta para San Vicente. Lo de él fue accidente de tránsito”, respondió un empleado de la cooperativa de ahorro y crédito donde trabajaba.

“Solo por ser trans no le pasa nada a una”

Para este reportaje, El Diario de Hoy conversó con miembros de la comunidad LGBTI. Algunas de ellas conocieron a Anahy, a Jade, a Tity (asesinada el 10 de marzo en la intersección de la avenida Cuscatlán y bulevar Venezuela de San salvador) y a Camila Díaz (Nelson Arquímides Díaz Córdova, quien murió el 2 de febrero de este año luego de ser golpeada supuestamente por tres policías, quienes ahora están procesados penalmente).

Los entrevistados coincidieron en que nunca han tenido problemas por su preferencia sexual.

Una de ellas aseguró que en las redes sociales sí perciben transfobia u homofobia, pero que nunca ha sido agredida físicamente.

“Siempre hay otras razones, usted. La verdad es que uno tiene que ser correcto. Si usted se anda metiendo en problemas, rapidito le va a llegar otro problema, independientemente de que sea trans o no se trans”, afirma una transexual que conoció a Anahy.

“A mi me gusta ser correcta. Si me voy con un cliente trato es trato, si le digo que tanto le voy a cobrar es lo que le exijo; me gusta ser correcta, cosa que la mayoría no lo son (sic); hay quienes se timan a los clientes”, comentó otra trans, quien asegura que lleva varios años haciendo trabajo sexual en las calles de San Salvador.

“No, si solo por ser trans no le pasa nada a una. Yo tengo más de 20 años de andar en esto y nunca me ha pasado nada malo. Hasta el día de ahora yo siempre he sido correcta y nunca me he metido en problemas”, afirmó una de las fuentes.

“Las que trabajan en las oenegés y otras organizaciones, obviamente ellas no se pueden poner a dar el punto de vista como yo se lo estoy diciendo porque si ellas exigen respeto y todo eso, tampoco se pueden poner a decir ´la loca´ (refiriéndose a sus compañeras trans) hacía esto y hacía lo otro porque entonces qué les van a ayudar”, acotó la mujer, quien asegura llevar más de dos décadas como transexual trabajando de noche en calles de San Salvador.

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