Familia de trabajador desaparecido en El Boquerón se hunde más en la escasez

Los parientes de Neftalí tienen tres meses de angustia desde que desapareció, pero tienen fe de que esté con vida. Los avances para localizar a los tres trabajadores son nulos.

Las hijas de Neftalí, uno de los desaparecidos en El Boquerón, son inseparables y siempre acostumbran a buscar a su padre por las noches, según su madre. Foto EDH / Óscar Iraheta

Por Diana Escalante

Jul 21, 2019- 04:00

Las gemelas Sofía y Catalina de dos años y cuatro meses de edad ya no comen igual, ya no toman su leche preferida y su dieta ha cambiado. Desde el 24 de mayo pasado, su padre, Neftalí Castro, quien era el que llevaba el sustento a casa, está desaparecido junto con dos de sus compañeros de trabajo.

Neftalí, de 24 años, vivió entre mucha pobreza desde niño, pero con el poco salario que obtenía de trabajar para una empresa de construcción de piscinas, luchaba para que a sus hijas y esposa nunca les faltara la comida necesaria.

El trabajador fue raptado por varios pandilleros en la carretera a El Boquerón, en Santa Tecla, mientras descargaba tierra y ripio junto a sus compañeros Jorge Cisneros, de 24 años, y Matías Palacios, de 40.

Las hijas de Neftalí, uno de los desaparecidos en El Boquerón, son inseparables y siempre acostumbran a buscar a su padre por las noches, según su madre.

 

Los tres obreros están entre las 1,811 personas que la Fiscalía General de la República registró como desaparecidas hasta el 15 de julio.

Desde la primera noche que Neftalí no llegó a casa sus hijas notaron su ausencia. Su esposa relata que cuando él abría la puerta y las niñas lo veían, se le abalanzaban alegres para que las cargara. A la hora de dormir, una bebé compartía la cama con él y la otra con su madre.

La madre de Neftalí, el joven desaparecido hace dos meses mientras trabajaba en El Boquerón, tiene la esperanza de hallarlo con vida. Foto EDH / Óscar Iraheta

“Ellas me preguntan por su papá y solo puedo decirles que anda trabajando. Él era quien aportaba el dinero… Ahora ellas solo piden y piden porque no entienden; su tío nos ayuda como puede”, relata entre lágrimas la esposa del empleado.

La desaparición de Castro tiene hundidos a sus allegados en la tristeza, desesperación y enojo por no saber dónde está y por la desidia que ven en las autoridades para avanzar con la investigación.

La ausencia del joven también ha agudizado la situación de pobreza de la familia, ya que solo él desempeñaba un trabajo remunerado.

“Yo siento en mi corazón que mi hijo no está muerto”

La repentina sensación de angustia que experimentó Elena Melgar de Castro, la madre de Neftalí, el viernes 24 de mayo, cuando su hijo fue raptado, fue un mal presagio. Al no hallar explicación a lo que sentía oró para pedir sosiego.

Al día siguiente, la sexagenaria intuyó que algo no estaba bien, cuando vio llegar a casa a su hijo mayor (compañero de trabajo de Neftalí) con su cuñada y las bebés.

Ella notó compungido a su hijo y a su nuera; ninguno tenía prisa por bajar del carro de la empresa de piscinas. Cuando les preguntó por Neftalí, su pariente trató de evadirla mientras contenía el llanto; luego le contó que a su hermano y a dos compañeros los habían privado de libertad tras salir de una residencial en la zona de El Boquerón, a donde llegaron a realizar un trabajo.

Su hijo le explicó que varias horas después de que los obreros fueron vistos salir del complejo habitacional fue hallado abandonado el camión en el que se transportaban; pero de ellos no se sabía nada.

“Mi esposo me dice que nos conformemos, que no llore más, pero una de madre no puede… Qué ingratitud, eso es lo que más me duele, la gente ganándose el pan de cada día. Mi hijo bien sudadito, bien cansado de trabajar y estos ingratos agarrarlos y llevarlos, quién sabe qué camino les dieron. Yo le pido a quienes me lo tengan que le den la libertad, necesitamos que regrese”, clama la señora.

Neftalí, el menor de tres hermanos, también era el principal apoyo de sus padres porque era el único que hasta hace un año había vivido con ellos. Desde niño, él le ayudaba a su papá a sembrar maíz y frijol en los cerros frente al mar, que rodean la carretera que conduce del Puerto de La Libertad a Sonsonate.

Parte de la cosecha la vendían y la otra era para consumo familiar. Cuando abundaba la sandía en la zona, él ganaba $6.00 diarios por transportar la mercadería desde los sembradíos hasta los lugares donde los agricultores las vendían. También se dedicó a la pesca, pero dejó de hacerlo desde una vez que estuvo a punto de ahogarse.

La falta de empleo en el pueblo de La Libertad del que es oriundo y la idea de asegurarle un mejor futuro a su familia, llevó a Neftalí a pedirle a su hermano que vive y labora en la capital que le consiguiera trabajo. Así lo hizo.

Oro para que Dios me de consuelo

“Siento una desesperación; una angustia tan grande. No puedo entender... Me pongo a orar para que el Señor me dé consuelo y me ayude a hallar a mi hijo”.

María de Castro, mamá de joven desaparecido En El boquerón

Hace menos de un año, la víctima, su esposa y las niñas se trasladaron a San Salvador. Cada 15 días regresaban a su cantón para llevarle un poco de dinero a los parientes y para ayudarles a sembrar.

“Mi hijo trabajó duro, nos ayudaba. Todavía tenemos maíz y frijol que sembró el año pasado por este tiempo, pero eso se nos va a acabar. Ahora mi esposo solito le toca trabajar, nos ha tocado difícil”, se lamenta la mamá del desaparecido.

Familia cuestiona falta de interés de autoridades en investigación

Los familiares de Neftalí señalan una “falta de interés” de la Policía y la Fiscalía para esclarecer la desaparición de los trabajadores y dar con su paradero.

Jorge Cisneros, Matías Palacios y Neftalí Castro, los obreros desaparecidos en El Boquerón. Foto EDH / archivo

Un pariente del joven asegura que la última vez que acudió a una sede fiscal en busca de respuestas, el empleado que lo recibió le dijo, en tono molesto, que la investigación seguía abierta y le pidió que fuera paciente.

La esposa de Neftalí deja entrever que las autoridades priorizan las investigaciones de personas desaparecidas o asesinadas dependiendo de quién sea la víctima.

“Si es alguien importante o son casos que pasan sacando en los medios rapidito revisan las cámaras o activan las antenas de teléfonos para buscarlos”, reprocha la joven.

*La identidad de las menores se han cambiado para protegerlas de sus derechos.

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