Experta de Unicef recomienda al país invertir en educación e inclusión social

Marta Santos Pais, Representante Especial del Secretario General de las Naciones Unidas (ONU) sobre Violencia contra los Niños ha dedicado los últimos 10 años a la lucha contra la violencia hacia la niñez y adolescencia. En su visita por El Salvador destaca que el país ha avanzado, pero con lentitud. Además resalta la urgencia de invertir en la salud, educación y en la familia.

En su visita por El Salvador destaca que el país ha avanzado, pero con lentitud.

Por Evelia Hernández / Evelyn Chacón

May 19, 2019- 06:00

Marta Santos Pais es la primera Representante Especial del Secretario General de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, sobre Violencia contra los Niños a partir de 2009. La jurista es defensora independiente de alto nivel que promueve la prevención y eliminación de todas las formas de violencia contra los niños en todos los entornos, incluidos en línea y fuera de línea, justicia, hogar, escuelas, instituciones, centros de detención, lugar de trabajo y en la comunidad.

Recientemente visitó El Salvador; ya antes lo hizo en 2013. La funcionaria destacó los avances en legislación para la erradicación de la violencia, como por ejemplo las leyes de niñez y de prevención de la violencia contra la mujer. Pero también resaltó los restos que hay para la erradicación de la violencia y la protección de una niñez que se siente atemorizada y que necesita ser escuchada.

-Con la información que tiene de El Salvador y con la experiencia del puesto que ocupa, ¿qué cree que nos está diciendo la niñez y juventud salvadoreña a toda una sociedad, incluidos los políticos?

Hay dos palabras que resaltan, casi siempre: miedo e inseguridad. Y me da mucha tristeza porque creo que la infancia se debe definir por alegría, sueño, ambición, juego. Es dramático que los niños sientan miedo en la comunidad donde viven, de esperar el bus, de ver la llegada de un pandillero, de ser golpeado en la familia, de no tener a nadie que escuche su experiencia de violencia o de inseguridad.

Cuando ganan el coraje para compartir esa tristeza profunda, que muchas veces tiene que ver con personas importantes para ellos, se dan cuenta que la gente no está preparados para escucharlos, dicen que es como si estuvieran intentando convencer a la pared, hay algo que nos separa”.

“Si no escuchamos a los niños van a seguir siendo proyectos de nuestra buena voluntad, caridad o aparente apoyo. Pero en realidad no los miramos como ciudadanos aliados de nuestra causa y perdemos una gran oportunidad de hacerlo”

-Usted habla de ese niño que no sentía “parte de” pero quizá se comienza a perder cuando, por ejemplo, la abuela que va a traer al niño a la escuela y tienen un espacio para la plática usa frases como “vos no podes pensar”, “vos no podes opinar”, “vos no podes decidir”. ¿Qué le diría usted a esa abuela?

El niño no tiene la experiencia de vida de una abuela, eso es claro, son distintas realidades. Pero los niños observan el mundo de la misma forma, sienten el dolor, la alegría, la expectativa, la frustración al igual que todos nosotros (adultos). Y saben identificar medidas que pueden ayudar a las soluciones, a prevenir violencia y a cambiar la violencia. Cuando se adoptó en 1924 la primera declaración sobre los derechos de la niñez en la Liga de las Naciones, eso era el principio fundamental, reconocer la autodeterminación y la opinión de los niños. Pero con la Convención, el llamado es para respetar esa opinión, eso significa escuchar, respetar al niño, darle oportunidad de crecer ganando autoestima y confianza. Y no esperar que llegue la edad adulta y ahí por magia decir ‘a partir de ahora puedes decir lo que piensa y a partir de ahora voy a respetar lo que piensas’.

Foto EDH / Marcela Moreno

Los niños van a intentar expresar su forma de ver la vida en otros contexto y muchas veces es lo que los niños encuentran en las pandillas, ese espacio donde su voz, aparentemente, tiene valor. Después son manipulados para actos delictivos y otras cosas que no son admitidas. Tenemos que reconocer que las abuelas que tienen las responsabilidad de los niños, cuando los padre están lejos intentando ganar remesas como migrantes, tiene un estrés muy fuerte y tenemos que crear estructuras sociales de apoyo a la familia. Yo creo que ahí empieza todo.

¿Cómo cambiar patrones cuando la violencia está dentro de la dinámica de las mismas familias?

Creo que el reto más profundo es la transformación cultural social que tenemos que alcanzar. Lo habíamos dicho en 2013; pero creo que no ha cambiado el hecho de que los niños víctimas de violencia tiene mucho miedo de contar sus experiencias en la familia, en la escuela, al maestro, o de ir a un hospital, a la Policía u otra institución. ¿Por qué tiene miedo? porque existe esa banalización de la violencia (…) Tiene miedo de sufrir más violencia como consecuencia de haber contado.

Es necesario ayudar a que las prácticas de crianza se cambie. Que los padres, miembros de la familia, maestros y otros actores en la sociedad garanticen que los conflictos se pueden solucionar, a través de medidas que son de respeto, pero sin utilizar prácticas violentas en las familias. Eso significa que necesitamos campañas de sensibilización muy amplias.

Algunas veces de verdad (los niños) nos tornan impacientes, pero la impaciencia no puede traducirse en violencia.

Pero esa impaciencia se traduce en violencia en una sociedad que está atemorizada, estresada. Cuando el padre llega a la casa y el niño hace X cosa, la situación termina en golpes.

Lo que hemos aprendido de la ciencia, sobre todo de la neurociencia, es que el estrés genera la tentación de la violencia; pero cuando sabemos controlar nuestra rabia, frustración y encontrar otras alternativas, damos al niño el entorno que seguramente le ayudará a desarrollarse, que le permite mantener la calma y que también le permite encontrar la solución que apoye a los padres.

He visto en los países nórdicos en Europa, la creación de Consejos Familiares en donde acuden los padres cuando necesitan ayuda. Ahí hay personas capacitadas para apoyar, calmar, para reflexionar para dar soporte y para dar sugerencias.

Tenemos que invertir en ese proceso (…) Hasta que eso pase no vamos alcanzar resultado suficientes.

Implica también inversión financiera, implica que el presupuesto de una nación para la salud, educación, esté a la medida de la magnitud de la situación de la violencia. En un país, como es el caso de El Salvador, donde tenemos tasas de muertes de niños (…) eso es algo muy urgente.

Pensamos que la legislación puede ayudar en ese sentido. Yo sé que en este momento se discute en El Salvador la posibilidad de adoptar una medida legislativa que transmite es mensaje de no aceptación de ninguna forma de violencia hacia a los niños y a nosotros nos parece fundamental. La ley ayuda a la transformación cultural, puede ser utilizada para talleres de capacitación, de apoyo a la familia, puede ayudar a transformar progresivamente la banalización de la violencia y a romper el silencio sobre la magnitud de la situación de violencia en el país, eso me parece fundamental. Las familias están más felices. Y la economía gana.

Cuando se enfocan planes en adolescentes que son miembros de pandillas, la sociedad reacciona de forma negativa porque se siente lastimada. Crear planes es un reto político, porque cuesta votos. ¿Cómo puede intervenir Unicef no solo para ayudar en programas concretos, sino para que la sociedad recuerde que también son parte del país?

Tenemos claramente y específicamente trabajar con niños que están involucrados con pandillas no solo en el país, sino en otros países. Significa de que tenemos que cambiar la percepción de que son los enemigos y encontrar formas de entender el porqué se han unido a pandillas. A veces porque algo grave pasó en su familia o porque han encontrado una aceptación en un grupo que les dio importancia y eso no lo encontraron en otros lugares, o porque no hemos invertido suficiente en una educación de calidad. Es preocupante que en El Salvador la tasa de jóvenes que no está en la escuela y no tiene una ocupación sea tan alta. Ellos, que muchas veces vienen de grupo de la población extremadamente pobre y excluido, son víctimas más fáciles para los pandilleros.

Una forma de prevención es invirtiendo en la inclusión social, en una educación de calidad, en apoyo a las familias, sobre todo las separadas por la migración, cuya tasa es alta. Tenemos que estudiar cuáles son las medidas que ayudan a los niños que están con las pandillas a salir de esos grupos.

Eso significa abertura de espíritu, pero también inversión presupuestaria para programas específicos que están mirando como objetivo prioritario a esos niños; pero no pueden ser medidas generales, como si todos lo s niños y jóvenes fueran iguales. Cuando eso ha pasado hemos alcanzado buenos resultados, pero si no invertimos en eso va a ser difícil.

¿Usted hablaba de costos de la violencia para niños y adolescentes, qué tipo de costo son estos?

Son costos muy profundos para el niño, la niña que son víctimas, es el trauma que sigue creciendo porque El Salvador como en otros países, la violencia es un continuo.

Pensemos en la necesidad de intervenir a través de los servicios de salud, la enfermera, el médico que tiene que intervenir porque el niño tiene heridas físicas muy graves o porque la adolescente tiene un embarazo o porque tiene situaciones de salud mental muy preocupante y necesita una ayuda, ahí tenemos un costo claramente.

Sabemos cuántas veces la niña, en particular, tiene que contar su historia hacia el policía, el fiscal, el juez, como si las instituciones no pudieran creer lo que están contando, entonces toma tiempo y son costos adicionales.

Se tiene que añadir los costos de que los niños víctimas no van a desarrollarse, ni alcanzar el nivel de contribución a su propia sociedad.

A nivel internacional global, algunos estudios piensan que el costo de la violencia infantil llega al 8% del Producto Interno Bruto, si pudiéramos ocupar ese recurso para invertir en servicios de apoyo y prevención, seguramente ahorraríamos muchísimo.

¿Cómo lograr que la salud tenga un giro, porque nuestro sistema es curativo no preventivo?, ¿cómo hacer ese giro en un país donde la economía está en saldos rojos?

La economía puede ganar si se invierte en prevención, pero implica el reconocimiento de la prioridad. Implica capacitar a los enfermeros para que puedan intervenir, implica capacitar a los médicos pediatras sobre todo aquellos que se ocupan de salud mental de la niñez.

Cuando el niño cuenta su experiencia, su historia, hay muy poca gente preparada para saber escuchar lo que el niño no alcanza a decir, el miedo que lo limita y apoyar de la mejor forma en lo necesario para que ese niño pueda mirar hacia adelante con confianza y con fuerza.

Esos niños cada día se van a sentir más alejados de los demás, más excluidos, lo que lleva muchas veces, más fácilmente ser victimizado por situaciones de acoso por sus propios colegas y amigos y al mismo tiempo no sentir que nadie los entiende.

Imaginemos la niña adolescente que es víctima de abuso sexual, que no es fácil a quién contar, que tiene miedo a las consecuencias además graves en el país a nivel de legislación. ¿Quién está preparado para escuchar, para apoyar? Esa desconexión entre el niño y los profesionales y las instituciones tiene que cambiar, tenemos todos que reconocer lo que cada uno puede hacer en los distintos contexto.

Hace algunas semanas EDH publicó sobre embarazos en adolescentes. En uno de los casos que se encontró no hubo denuncia porque la testigo tuvo miedo. Situaciones como la violación de una menor por su padrastro son habladas con naturalidad en conversaciones entre pasajeros de buses. Ambas situaciones no son aisladas; pero la gente prefiere ver a otro lado. ¿Cómo se cambia eso?

Necesitamos una revolución cultural, de mentalidad , de conducta, de percepciones. La banalización de la violencia sexual, pero seguramente de un contexto más amplio, hay que ayudar a romperlo. A mi me impacta muchísimo el hecho de que en 2018, nueve de cada diez denuncias de casos violencia sexual era de adolescentes. Eso habla por sí mismo.

Estamos cerrando los ojos para lo dramático que es la vida para esa niñas, de vergüenza, de exclusión, de no aceptación, de abdicación de sus propios sueños, como si fuera la normalidad en la sociedad. Cuando la sociedad se basa para su desarrollo y ambiciones en situaciones como estas algo va a seguir muy herido. Necesitamos un plan nacional de la misma forma que se hizo una acción importante contra la violencia de la mujer adulta. Un plan integral de prevención e eliminación de todas las formas de violencia contra la niñez en el país, que sea resultado de un diálogo y participación de todos los actores, de instituciones del Estado, de la academia, líderes religiosos y de los propios niños. Yo creo que en El Salvador hay una niñez y adolescencia con una fuerza extraordinaria. Me siento inspirada por su caridad y comprensión de la realidad y al mismo tiempo de ser aliados en el proceso de cambio.

Cerca de 100 países tienen un plan de este tipo que ha ayudado a mover la sociedad, la nación y ha generado una prioridad indiscutible para este tema en la agenda del país, del Estado; no como agenda de un gobierno o administración que cambia, sino que algo que se mantiene, tenemos que crecer en la implementación, celebrando progresos, pero muy insatisfechos con lo que está pasando aún. Esa presión tiene que mantenerse.

El Salvador tiene las herramientas y la voluntad para hacer el cambio, pero tiene que pasar a la acción.

¿Ha avanzado El Salvador en detener la violencia contra la niñez y adolescencia?

La Alianza Global es una oportunidad de ser parte de un grupo de países que quiere manifestar que su responsabilidad por la niñez y adolescencia es su voluntad política; no es simplemente una declaración retórica.

En la Alianza Global los países se han comprometido a identificar metas específicas, no solo tener un plan sino saber dónde quieren estar dentro de dos , cinco o diez años. Para que la hoja de ruta sea clara, no sea simplemente una declaración. Yo creo que aún estamos construyendo esa parte de las metas que nos van a presionar para progresar y van a permitir a El Salvador caminar más de prisa. No quiero ignorar lo que se está haciendo, pero la magnitud del problema, la urgencia de la agenda no permite que caminemos con el ritmo que se ha promovido hasta ahora. La vida de los niños que se están perdiendo o comprometiendo no pueden esperar. Tenemos que ir de prisa y con calidad.

Este año, con el aniversario de la Convención de los Derechos del Niño, con la revisión de progresos de la agenda de desarrollo y además en El Salvador con una nueva administración, muy joven por un lado pero con una visión muy grande de apoyo a los jóvenes, creo que hay una convergencia de buenas estrellas que tenemos que utilizar para avanzar. De nuestro lado, Naciones Unidas está muy disponible para seguir apoyando, llamando la atención para las cosas que no están pasando ya. El nivel de homicidios de gente joven en el país es muy preocupante, siempre es un ejemplo muy negativo que se da del país. Tenemos que cambiarlo. Queremos ayudar al país a prevenir esa situación dramática; pero también creando plataformas donde las buenas prácticas se puedan compartir.

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