“Estos son tiempos de oro para los charlatanes en la política”: Moisés Naím, intelectual venezolano

El laureado intelectual venezolano conversó con El Diario de Hoy sobre los riesgos de gobernar desde Twitter. Entre ellos, la tentación de doblar la verdad y destruir reputaciones. Además, hablamos de la salud de la democracia en la región, la dictadura en Venezuela y otros temas.

Moisés Naím ha sido catalogado como uno de los intelectuales más influyentes del mundo. Además de su conocimiento de economía, sus exposiciones de política exterior y geoestrategia resultan magistrales. Foto Foto EDH / AFP

Por Ricardo Avelar

Feb 03, 2020- 05:45

En algunos rincones de América Latina, advierte Moisés Naím, el sistema democrático está bajo ataque. Como ejemplo más claro sitúa el de su país, Venezuela, que hace más de veinte años está bajo el control de una cúpula que contaminó el Estado con vínculos al narcotráfico y quebró un país otrora próspero.

Sin embargo, no todo en la región es negativo. En una breve conversación con El Diario de Hoy, Naím pintó un panorama de grises para explicar un continente en que, en sus palabras, “hay muchas cosas pasando en muchas direcciones a la vez” y donde “es difícil concluir si la democracia está acabada o floreciente”.

Por ello, la conversación se centró en aptitudes democráticas, demagogia y los riesgos del populismo. Este analista y escritor, quien ha sido catalogado como uno de los intelectuales más influyentes del mundo, llama a ver con lupa a cada país, pues no hay una sociedad inmune a las ideas autocráticas, especialmente en los tiempos de las redes sociales, alta polarización y la proliferación de charlatanes.

¿Qué opina de la democracia tuitera y los líderes que desde ahí gobiernan?

Es inevitable, es deseable en algunos aspectos, pero es muy peligrosa e indeseable en otros aspectos.
Las redes sociales son inevitables y están aquí para quedarse, no hay forma de evitarlo. Hay países que llegan a los extremos de bloquear el acceso a estas redes o el Internet. Eso lo hemos visto en Irán, en China, en Venezuela, pero al final es inevitable.
La parte deseable es que hay más canales y voz a la gente, ha permitido desintermediar a muchos partidos políticos y medios de comunicación tradicionales, ha abierto posibilidades a grupos silenciados históricamente a que tengan una voz. A esto hay que darle la bienvenida.
Pero después está la parte profundamente peligrosa e indeseable, que es la utilización de las redes sociales con fines malignos. Hemos visto cómo hay acciones deliberadas para confundir a sociedades con información falsa, es difícil saber a quién creerle o no. Hay una destrucción de reputaciones y al mismo tiempo la promoción de charlatanes. Todo eso pasa a la vez.

Presencia constante en redes no es siempre sinónimo de transparencia o comunicación real. Hay quienes confunden más de lo que informan, ¿no?
Hay varias cosas que fortalecer: partidos políticos que sean decentes, competitivos, inteligentes y no solo máquinas para la corrupción y la toma del poder. Hay que fortalecer a los medios de comunicación independientes de intereses políticos como de grupos económicos y hay que educar a la sociedad a que sepa leer la información para que no sea engañada por charlatanes.

A inicios de los noventas, parecía que el mundo alcanzaba un consenso sobre la democracia liberal como el único sistema deseable y que requería tolerancia y respeto de las minorías. ¿Se agota esa aspiración?
La democracia liberal y todo el esquema de libertades está bajo ataque, bajo presión y en algunas partes ha sido destruido, como el caso de Venezuela. Eso está pasando. Pero también están pasando otras cosas. Aparecen nuevas oportunidades de participación, nuevas formas de organización de la sociedad y sí creo que hay una necesidad humana muy importante de propensión hacia la libertad. Uno puede mantener reprimidos y callados y absolutamente sometidos a una población pero eso no es sostenible por mucho tiempo a menos que haya disposición de utilizar la violencia.

En tiempos de crisis hay terreno fértil para la demagogia. ¿Ve riesgo para la democracia en el hemisferio?
En algunos países sí y en otros no. Estamos viendo cómo hay procesos muy interesantes. En Guatemala tumbaron a un presidente corrupto y no lo hicieron los partidos o los militares o el sector privado, sino la sociedad civil organizada y respetando al régimen legal del país. En el pasado en Guatemala eso hubiese sido hecho con violencia y las balas.
Hemos visto cómo en Brasil sacaron a un partido y unos líderes llenos de corrupción, el partido de los Trabajadores por todo lo del Lava Jato. Eso llevó a elegir a un presidente también muy defectuoso, eso sí.
En Perú acaba de haber elecciones y fue muy interesante el resultado, pero al mismo tiempo hemos visto las convulsiones de Chile, vemos con preocupación qué sucede en México. En fin, América Latina es muy diversa y hay muchas cosas pasando en muchas direcciones a la vez. Es difícil concluir si la democracia está acabada o floreciente. En algunos florece y en otros se está demoliendo, como en Venezuela.

Sobre Guatemala y Brasil, se tumba a gobiernos corruptos, pero llegan fuerzas igual de oscuras. Si la alternativa era igual o peor, ¿no puede llevar esto a un agotamiento total de la confianza en el sistema?
Es cierta la fatiga, tienes toda la razón. Pero el gran peligro de América Latina lo estamos empezando a entender: no es el populismo o los presidentes malos o incompetentes, sino los continuistas, los que se quedan, los que no se quieren ir.
Un país puede sufrir mucho si hay un presidente malo que dura cuatro o cinco años, pero si después se va y no hay continuismo el país se puede recuperar rápido. Pero si un presidente populista, corrupto, malo, ladrón, opresor, irrespetuoso de la Constitución se queda por varias años, como Evo Morales, Hugo Chávez o Nicolás Maduro, eso es muy malo. El peligro no es el populismo o la corrupción, sino que se queden, que después de terminar su periodo no se puedan sacar.

Quienes pretenden este continuismo, buscan trazar un rompimiento entre ellos y el pasado. ¿Cómo se vacuna Latinoamérica contra este discurso de redentores?Con dificultad. Estamos pasando una era de oro para los charlatanes. Estamos viviendo una era en que el acceso a la información es mayor, más rápido y más barato que nunca. Con dos clicks a su computadora buscando el Internet puede enterarse de todo, en teoría vivimos en un mundo de información asequible. Eso permitiría pensar que es difícil engañar a la gente. Sin embargo vivimos la época de oro de los charlatanes, en muchos países llegan al poder estos charlatanes que prometen cosas que saben que no pueden cumplir o comprometen cosas que saben harán daño o prometen cosas que harán feliz a la base que los apoya pero ofenden al resto de la sociedad. Son charlatanes con éxito. Eso es lo que está pasando. Charlatanes siempre ha habido pero ahora son digitales y globales.

En este proceso, una táctica es polarizar y generar un “ustedes y nosotros”. ¿Qué tan difícil se vuelve el diálogo político en estos tiempos?
Depende mucho del país. Vamos a ver si ocurre por ejemplo en Reino Unido, si logran encontrar la capacidad de gobernar gente que se odia y se detesta, entre quienes quieren la salida de la Unión Europea y quienes quieren quedarse. Veremos si logran tener una coalición que les permita gobernar.
En España lo mismo, Pedro Sánchez logró una coalición de gente que se detesta y él mismo había repudiado. Pareciera que en el siglo XXI las democracias capaces de tener gobernabilidad son las que logran montar una coalición entre gente que se detesta.

Del lado contrario, ¿qué tan posible es para un líder gobernar solo con su base y despreciar a todos sus críticos?
Vamos a verlo. Estados Unidos es el laboratorio de esto, Donald Trump hace exactamente eso y veremos cómo le va y si es posible tener un gobierno a largo plazo basado en profundizar las divisiones sociales y hablarle a un porcentaje pequeño de la sociedad pero suficiente para ganar elecciones. Vamos a ver…

Ya que hablamos de Trump, parece que sus rivales no terminan de ponerse de acuerdo en el tipo de oposición que quieren hacer. ¿No los coloca en situación de debilidad?
¡Eso tiene un nombre, eso se llama democracia! Donde en un mismo partido hay diferentes maneras de interpretar la realidad, diferentes agendas, eso se discute y se debate y habrá elecciones primarias que lo decidirán. Las únicas organizaciones políticas con una visión monolítica y la línea de partido a la que todos se someten son las autocracias.

¿Qué pasa cuando al fuego populista se le quiere combatir con más fuego populista, pero del lado contrario?
Eso es normal, y es una enfermedad de la democracia. Ahí lo único que nos puede salvar es una población electoral que sepa quiénes le están mintiendo, quiénes le prometen cosas que no serán cumplidas, quiénes prometen ideas que han sido probadas y han fracasado.
Yo he acuñado un concepto: necrofilia política. La necrofilia es una perversión que sufren algunos, es una enfermedad que es un profundo amor por cadáveres. En su versión política, es el amor profundo a ideas políticas muertas, que han sido probadas como fracasos una y otra vez y se siguen intentando. Mucho de esto lo hay y lo estamos viendo donde hay presidentes que simplemente proponen iniciativas que han llevado a la miseria, desigualdad, estancamiento y corrupción.
La sociedad tiene que crear antídotos y anticuerpos para frenar y luchar contra los charlatanes, contra los que tienen necrofilia política, contra los mentirosos.

Siempre se consideró a los medios como un antídoto a esto, pero ahora están bajo fuego por este tipo de líderes populistas. ¿Qué tan dañino es esto?
Muy dañino. Todo lo que interfiera con el libre ejercicio de la voluntad de la persona, lo que conculque sus libertades individuales y derechos civiles hay que enfrentarlo.

¿Es esto un síntoma de líderes que se asumen como pueblo y desprecian todo intermediario o voz crítica?
Claro, ese es el truco. Están todos enmascarados. Vivimos un tiempo donde los millonarios dicen que representan y encarnan a los desempleados del sector industrial. Vemos cómo los grandes corruptos se presentan como los luchadores contra la corrupción. Cómo los grandes oligarcas se disfrazan de empresarios serios. Cómo los dictadores se disfrazan de demócratas. Todo eso está ocurriendo a la vez.
Sin pertenecer a ningún bando ideológico…
No. Y tampoco es de países pobres. Esto afecta a países ricos también. Con ideologías de izquierda y derecha. Ya esa división no nos ayuda mucho, por eso hay que pensar mejor quiénes están a favor de la libertad y la democracia y quiénes a favor de la autocracia, dictadura y conculcación de libertades.

NOMBRE:
Moisés Naím (1952)
TRAYECTORIA:
Uno de los columnistas más leídos en español, escribe en medios de Estados Unidos, Europa y América Latina. Ha publicado más de diez libros sobre geopolítica y el poder.

La revista británica Prospect lo incluyó en su lista de intelectuales más influyentes de todo el mundo. Dirigió la prestigiosa revista Foreign Policy por 14 años.
Fue ministro de Fomento en Venezuela y director ejecutivo del Banco Mundial.

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