Silvia dejó su venta de frescos y hoy es masajista bilingüe en El Tunco

La jornada de “la massage” inicia a las 4 de la tarde y termina a las 6, horas en las que camina en la playa ofreciendo sus servicios.

Caroline Boneti Seibel, de Brasil, disfruta el masaje relajante que Silvia le aplica en todo el cuerpo, en la arena de la playa El Tunco. Foto EDH / David Martínez

Por Jessica Guzmán

Feb 14, 2020- 21:00

Silvia Isabel Moz es originaria del municipio de La Libertad, tiene 47 años de edad, de los cuales buena parte los dedicó a vender fresco en el mercado.

El negocio lo aprendió de su madre y con lo poco que ganaba sacó adelante a sus dos hijos; sin embargo, nunca estuvo conforme con esa actividad.

A los 40 años decidió tomar un curso de masoterapia, ya que asegura que siempre quiso masajear los pies de las personas, para dar un alivio y además ganar más dinero.

“Me gusta dar masajes en los pies, esos pies cansados y mucha gente no busca aliviar sus dolores o su cansancio y el masaje es buenísimo para eso, pero además yo buscaba tener más ingresos. Yo sabía que venir aquí a ofrecer masajes me iba a dar más plata”, dice Silvia con entusiasmo en la playa El Tunco.

Así aprovechó la oportunidad de un curso de masoterapia que impartió el Instituto de Formación Profesional (Insaforp) y su vida cambió.

Silvia no puso una sala de masajes, ni alquiló un local para dar su servicio. Ella toma su crema de masajes y se va todos los días entre las 4 y las 6 de la tarde a la playa El Tunco y camina entre los turistas ofreciendo sus masajes.

“Masajes, quieren masajes, massages friends, massages”, así recorre la playa una y otra vez, ofreciendo sus servicios a los turistas con quienes además ha aprendido un poquito de inglés, portugués, francés y hebreo.

“A mí me encanta ahora mi trabajo y no me da pena andar en medio de los turistas ofreciendo lo que hago, ya que ellos incluso se alegran de verme porque sienten alivio cuando les doy su masaje”, dice.

Silvia camina por la playa El Tunco ofreciendo su servicio de masajes a los turistas nacionales y extranjeros. Foto EDH / David Martínez.

Mejoró sus ingresos

Silvia cobra $35 por cada masaje de una hora y $20 por la media hora; cuando su jornada está buena dice que hace entre tres y cuatro masajes en su jornada.

“Una vez una hermana me dijo: nunca te estanques en lo mismo, entonces vi que podía dar masajes y que eso me daría más dinero. Primero estuve en un hotel, pero después me decidí a ser independiente y me va bien”, relata la masajista.

En El Tunco, Silvia es conocida como “la massage” y ahora ya está aprendiendo quiropraxia porque busca especializarse en ello.

“Tengo muchos clientes de Brasil, ellos me buscan, ya me conocen, y también me llaman de hoteles cuando un cliente lo necesita, porque confían en mí, saben que soy honesta, que soy de respeto”, dice.

La historia de Silvia es similar a la de muchas personas que han decidió emprender en el país, ya que buscan mejorar sus ingresos y tener su propio negocio.

Emprender

En El Salvador, según la Encuesta Nacional de la Micro y Pequeña Empresa publicada en el 2017, más de 108,000 mujeres habían decidido emprender para tener mejores ganancias, por que se quedaron sin empleo o no encontraban trabajo.

Sin embargo, muchos de los emprendimientos no logran dar un salto de crecimiento debido a que no son sujetos de crédito o prefieren quedarse en negocio pequeño por miedo a la delincuencia, según la encuesta.

Para Silvia, la clave de su mejora de ingresos fue capacitarse y asegura que cada persona tiene que buscar y potenciar sus habilidades y no debe estancarse, sino buscar un nicho que le genere ganancias.

“Ahora incluso tengo tiempo para aprender otras cosas, porque estoy fuerte y quiero seguir aprendiendo, y claro ganar más dinero con mi trabajo”, dice la emprendedora mientras camina ofreciendo sus servicios por la playa.

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