El sueño de Erick de llegar a Estados Unidos que terminó en el río Nogales

Las autoridades migratorias capturaron al joven agricultor en un descuido. Su amigo logró quedarse y hoy le cuenta su progreso en México.

Por Óscar Iraheta

Oct 12, 2019- 04:30

Erick Fernando Medrano Romero, recién cumplió 18 años de edad, su trabajo en el campo como agricultor desde pequeño, lo hizo fuerte, rudo y resistente a cualquier adversidad del clima y sobrevivencia humana. Por eso estaba casi seguro que aguantaría el complejo y árido camino para llegar a la frontera entre México y Estados Unidos. Así fue.

Pero un descuido de dos minutos terminó con el sueño de Erick. Las autoridades de migración lo capturaron cuando terminaba la tarde en las orillas del río Nogales.

 

Erick Fernando recuerda que ese día se encontraba a pocos metros del río con el amigo con quien planeó y viajó desde El Salvador en la caravana. Ambos estaban a varios metros de distancia junto a un puñado de personas de la caravana. Algunos se bañaban y otros solo mataban el tiempo.
En segundos, el lugar estaba nutrido de agentes de migración y policías federales, quienes detuvieron a más de 400 migrantes.

“Ese día recuerdo que a las 6:00 de la mañana nos pasamos el portón en la frontera de Tecún Humán entre Guatemala y México. Caminamos todo el día hasta llegar a un parque y luego nos bañamos en el río. Ya eran las 4:00 de la tarde aproximadamente”, narra el agricultor.

Algunos migrantes corrieron para cualquier lugar. Muchos se tiraron al agua y huyeron. Los agentes no se mojaron y permitieron que algunos escaparan. Erick se quedó y fue uno más de los 400 migrantes aproximadamente detenidos.

Mientras era sometido por los agentes, Erick veía con nostalgia como su amigo braceaba junto a otros jóvenes hacia el otro lado del río. El joven relata que estaba seguro que ahí había terminado todo el esfuerzo de llegar a Estados Unidos o el centro de México.

Erick se comunica todos los días con su amigo que logró quedarse en México trabajando.

Yo pude haber corrido y tirar al río para huir, pero no tenía mi mochila y documentos, los había dejado separados de mí. Era difícil decidir, no quería andar indocumentado en otros países”, expresa el salvadoreño.

Estudiar y seguir trabajando la tierra

Trabajar la tierra en un cantón en San Antonio Silva, San Miguel, desde las 5:00 a 8:00 de la mañana. En ese tiempo se tiene un salario de tres dólares. Hacerlo hasta las 11:00 son seis dólares. Es poco, dice Erick, pero deberá hacerlo para tener un poco de dinero y empezar la universidad. Erick quiere maestro.

El joven vive en un escondido cantón de San Miguel pegado al río Grande, un lugar donde el invierno destruye y aisla a sus habitantes. En esas tierra abunda la siembra de vegetales, como ejotes, chiles, tomate, pipianes, zanahorias y otros.

El día del viaje salió a las 3:00 de la mañana a bordo de un pick up junto a su amigo hasta la plaza de Salvador del Mundo. Erick era fácil de identificar en el puñado de migrantes. Viajó a bordo de una patineta. Dice que le sirvió mucho, pero se la robaron en el trayecto en Guatemala.

Para lograr estudiar Erick debe salir a las 4:00 de la mañana de su casa. Aborda un pick up para salir del cantón y luego un autobús. Erick tiene miedo en salir a la ciudad, para un joven como él es peligroso transitar en lugares donde las pandillas tienen control.

El joven y su familia en su modesta vivienda en San Antonio Silva

“Es difícil para mi trabajar y estudiar. Por el horario que se trabaja acá. Pero intentaré, no tengo otra salida. Debo ayudar a mi familia para salir adelante”, reflexiona el joven.

Erick habla casi todos los días con su amigo, quien le cuenta con detalles cómo vive lejos de El Salvador, muere de envidia, pero asegura que ya no viajará en otra caravana, el destino se lo impidió y debe conformarse con enfrentar la realidad desde acá.

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