VIDEO: Roberto Machón, el salvadoreño que ayudó al desembarco en Normandía

Roberto Machón fue paracaidista de la Armada estadounidense y una de sus misiones fue destruir artillería alemana para dar paso a la invasión aliada en la II Guerra Mundial.

Roberto Machón fue paracaidista de la Armada estadounidense y una de sus misiones fue destruir artillería alemana para dar paso a la invasión aliada en la II Guerra Mundial.

Por David Marroquín

Jun 23, 2019- 21:47

El 6 de junio pasado, Europa conmemoró los 75 años del llamado Día D y rindió homenaje a los veteranos de los países aliados que participaron en el desembarco de sus tropas en Normandía y que a la postre llevó a poner fin a la Segunda Guerra Mundial, un conflicto que muchos consideran como la gran lucha contra el fascismo (1944).

Y aunque pareciera mentira, hubo sangre salvadoreña combatiendo en ese conflicto de carácter mundial, hubo un salvadoreño entre los veteranos que ayudó a destruir los cañones y tanques alemanes con lo que evitaron que la artillería nazi impidiera la invasión de las fuerzas aliadas a Normandía, al noroeste de Francia.

Se trata de don Roberto Machón, quien a sus 96 años de edad recuerda de manera lúcida las misiones que le encomendaron, y que al final contribuyeron a desarmar la Segunda Guerra Mundial.

Machón perteneció al 508 Regimiento de Paracaidistas de Infantería de la Armada de Estados Unidos.

Haber participado en ese conflicto mundial le valió muchas condecoraciones, entre las que se destacan el Corazón Púrpura y la Estrella de Bronce que le otorgaron por sus destacados servicios en la Segunda Guerra Mundial.

Foto EDH / Mauro Arias

Aunque él dice que las condecoraciones son importantes, lo que más le enorgullece es haber contribuido a que se terminara esa guerra.

“Según me cuentan a mí, que allí, destruyendo esos tanques diesel, se rindió Alemania, porque no podían pasar”, dijo Machón. Agregó que los poderosos tanques alemanes pretendían entrar en Bastogne, entre Bélgica y Holanda, con el propósito de bloquear el paso de las fuerzas aliadas.

“Si los alemanes cierran eso, hubiéramos tenido que sacar a todos ellos como otro Dunkerque, hubiera sido el desastre, terrible, hubiéramos perdido la guerra”, resume Machón al recordar aquel hecho de 1944.

La batalla de Dunkerque fue una operación militar ocurrida en Dunkerque, Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, que enfrentó a los aliados y a la Alemania nazi.

El choque, el cual fue parte de la batalla de Francia en el frente occidental, consistió en la defensa de la población y la evacuación de las fuerzas británicas y aliadas de Europa continental entre el 26 de mayo y el 4 de junio de 1940, según historiadores.

De su participación en el famoso Día D, Machón recordó que sus dos principales misiones asignadas como paracaidista era destruir los cañones de los alemanes para facilitarles a los barcos a entrar a la costa de Normandía y que las tropas aliadas pudieran desembarcar.

Aclaró que él y sus otros compañeros no participaron directamente de la batalla de Normandía, sino más bien saltaron a una montaña que era conocida geográficamente como 2-23, donde estaban instalados los poderosos cañones alemanes.

“Nuestra misión era destruir esos cañones; había un indio, que lo busqué (luego) en Arizona, y él nos decía que no necesitábamos ni rifles ni nada, sino quitémosle el respaldo a los cañones, hay que botarles el retroceso, entonces cuando disparaban salía el cañón para atrás y el cañón ya no servía”, relata.

Machón dice que para poder levantar esos cañones tenían que usar grúas y eso no se podía en la guerra.
Otra de las difíciles misiones que le asignaron fue la destrucción de vías de comunicación alemanas. “Lo que queríamos era destruir los trenes, que no llegara munición a los alemanes, esa era la misión de nosotros, no ir a pelear porque nos hubieran derrotado”.

Pero además les encomendaron impedir que los potentes tanques alemanes entraran a bombardear a las tropas aliadas, cuando estas ya estaban instaladas en Normandía.
“La misión era ver cómo destruíamos los tanques de combustible, porque nos dijeron que no íbamos a pelear, porque los alemanes eran superiores”, expresa Machón.

En esa ocasión, dice el veterano, él y otros dos oficiales estadounidenses “nos metimos, escondidos, arrastrándonos, yo llevaba 25 libras de DNC (parecido al C-4) que es una masa, pero que se tiene que tener detonadores”.

Agregó que la misión era colocar este tipo de explosivos en una especie de patas que sostenían a los tanques porque estos no podían estar en el suelo por la humedad.

Entonces cuando activaban el explosivo “el tanque caía, se dañaba y ya no tenían diésel y entonces los alemanes se rindieron”.

Cuenta que él realizó 32 incursiones aéreas a zonas dominadas por los alemanas. Cinco de esos saltos de paracaidismo eran de alto riesgo por los objetivos que llevaban, que era la destrucción de los cañones, de los tanques del ejército alemán y causar daños a los trenes que transportaban munición para dichas tropas instaladas en la zona.

“Nuestra misión era destruir esos cañones; había un indio, que lo busqué (luego) en Arizona, y él nos decía que no necesitábamos ni rifles ni nada, sino quitémosle el respaldo a los cañones, hay que botarles el retroceso, entonces cuando disparaban salía el cañón para atrás y el cañón ya no servía”, relata. Foto EDH/ Mauro Arias

El yatagán y sus otras nostalgias

La única arma que siempre le acompañaba, según recuerda, era un yatagán y los explosivos que tenían que ser colocados en los objetivos germanos. Ese yatagán, que fue su único compañero en las incursiones aéreas, aún lo conserva y recuerda con mucha nostalgia todo lo que vivió en sus misiones.

Al recordar lo que vivió en aquel conflicto, don Roberto no recuerda con exactitud si alguna vez tuvo que matar en plena guerra.

Lo que sí recuerda con dolor es que sufrió heridas de bala que lo marcaron de por vida. “Por siete años no pude mover el brazo”, dice.

Debido a aquella lesión, le dieron una pensión de $24 mensuales, una ayuda que aún la recibe.
Recuerda que le dijeron que él tenía que haberse reportado como herido en combate en la Segunda Guerra Mundial ante la Armada estadounidense para tener derecho a una mejor pensión, añade con algunas carcajadas.

En una de esas ocasiones en las que resultó herido, dice haber tenido la oportunidad de conocer al general George S. Patton, pues este al verlo mal herido ordenó que lo llevaran en su ambulancia al hospital Militar de París.

“Patton fue quien me salvó la vida. Cuando él llegó, yo estaba herido, estaba tirado y Patton le dijo a un encargado qué era lo que me pasaba, entonces el enfermero le dijo que me iba a morir porque no tenía ninguna herramienta con qué curarme. Esto esta en récord, no me lo he imaginado”, asegura.
Machón relata que tras la orden del famoso general Patton, lo llevaron a París, donde lo atendieron y sometieron a un tratamiento en el hospital Militar de esa ciudad.

Pero hay otra sorpresa que experimentó hace unos diez años y que nunca lo olvidará. Dice que él viajó junto a uno de sus nietos a París para enseñarle el hospital donde había sido atendido a raíz de las heridas que sufriera en la guerra. En el recorrido su nieto, corrió a avisarle que su nombre estaba en una placa clavada en una pared del hospital.

“En el hospital estaba mi nombre, Roberto Machón, donde me habían tratado en el hospital militar francés, cerca de la Catedral de Notre Dame, mi hijo tomó fotos”, relata emocionado.
Como constancia de su participación en la Segunda Guerra Mundial, don Roberto tiene colgado un diploma concedido por el 508 Regimiento de Paracaidistas de Infantería en el que destacan sus servicios, está en la sala de su apartamento.

El diploma dice: “Habiendo servido en la guerra, servido en paz como un miembro activo del 508 Regimiento de Paracaidistas de Infantería. El regimiento encontró la primera acción como punta de lanza en la invasión de Normandía que saltó en la vanguardia del asalto en Holanda, luchó a través de los Ardennes, y terminó su experiencia europea como guardaespaldas del general Eisenhower y con honor escoltó al presidente Harry S. Truman. Esta membresía es un testimonio del alto espíritu y la unidad”.

De la guerra dice que fue testigo de situaciones terribles como la vez que iban hacia Berlín, ya con la guerra finalizada, y vio campos de concentración de judíos.

“Llegué a este campo de concentración donde vi las cosas más horribles, gente que solo eran huesos en ese campamento, entonces yo quería liberarlos, pero el capitán al mando me dijo: ‘No, Machón, no, y le pregunté ¿pero qué pasa, mira se están muriendo? Y él me dijo: no, tenemos que cuidarlos, sino vamos a tener que ir a buscarlos; porque si abrían ellos iban a correr y se iban a perder. Tenemos que curarlos, bañarlos, vacunarlos”.

Machón dice que “lo mío era sentimiento de ver aquella tragedia, daban ganas de llorar”.
¿Cómo se involucró en aquel conflicto mundial? Él dice que había partido con diez dólares en sus bolsillos desde Santa Tecla a San Francisco, California, para conocer a su padre que lo dejó cuando él tenía cuatro años. Cuando partió tenía 17 años de edad.

Como no quería ser una carga para su padre, decidió alistarse en la Armada estadounidense en plena guerra y además porque “iba a tener comida gratis de por vida, entonces dije: esto es para mí”.

El que se haya alistado en la Armada no le cayó en gracia a su padre, quien le recriminó la decisión.
“Mi papá me dijo: ya viste lo que has hecho, te has enlistado en el ejército por la duración”, pero Machón dice que le respondió: “es que no puedo estar aquí viviendo de ti”. Y su padre, cuenta, no tuvo otra opción que desearle suerte.

Antes de ir a la guerra, don Roberto dice que decidió unirse al Regimiento de Paracaidistas de Infantería con el que participó en la Segunda Guerra Mundial. Al terminar esta, regresaron a Nueva York en barco, donde recibieron una grandiosa bienvenida, y él como escolta del general Eisenhower.

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Conoce al salvadoreño que fue parte de la Armada estadounidense que destruyó artillería alemana

A sus 96 años, Roberto Machón aún recuerda de manera lúcida las misiones que le encomendaron, y que al final contribuyeron a desarmar la Segunda Guerra Mundial. Machón perteneció al 508 Regimiento de Paracaidistas de Infantería de la Armada de Estados Unidos.

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