El popular negocio de las réplicas “made in China”

La insistencia y forma de regateo de los chinos apenas deja espacio y tiempo para que un comprador “saque cuentas” de si es una verdadera oferta.

Las imitaciones pueden dividirse por categorías. En algunos casos, estas réplicas están tan bien hechas que solo un ávido conocedor lo notará; en algunas otras, no.

Por Vanessa Linares

May 10, 2019- 19:00

“¿Shopping, shopping? ¿bags, t-shirts, jackets? ¡Cheaper, cheaper!” decía el hombre mientras mostraba una tarjeta con fotos de carteras, camisetas, chaquetas, maletas, relojes y más. Se les acercó, como a otros turistas, en una de las calles comerciales de la ciudad de Shanghai, en la República Popular China.

Ya sea en chino, inglés y hasta español, vendedores como este abordan a cualquier cliente potencial y hacen el papel de guía de compras. Ofrecen e invitan, insistentemente, a que les sigan por callejones hasta tiendas sin nombre, donde hay productos que los salvadoreños podrían catalogar como “buenos, bonitos y baratos”.

Aquella expresión popular de “el chino le paga al turco” se vuelve vívida al notar por qué ambos pueden considerarse los mejores comerciantes del mundo. Su insistencia y forma de regateo apenas deja espacio y tiempo para que un comprador “saque cuentas” de si lo que venden es una verdadera oferta.

El hombre que se acercó a este grupo de turistas tendría unos treinta años de edad. Era bajito y usaba ropa ajustada. Caminaba entre la gente y de cuando en cuando volteaba sonriente para asegurarse de que el grupo le seguía. No paraba de repetir con su mejor inglés “follow me, ¡cheaper!” (síganme, ¡barato!).

De la ancha calle peatonal Nanjing Road, la principal calle de tiendas de Shanghai y una de las más transitadas del mundo, pasaron a otro pasaje más estrecho. El tipo de piso ya no era el mismo, habían varias motos y bicicletas estacionadas a ambos costados del callejón y arriba, entre las paredes de uno y otro edificio, comenzaban a verse ganchos con ropa que parecía que habían lavado y tendido hacía poco.

 

 

“Bags, bags”, dijo el chino señalando una fachada llena de carteras y maletas. Era uno de los primeros negocios del callejón y su vendedor, tras un intercambio de miradas y palabras con el guía, invitó al grupo a pasar al establecimiento de no más de cinco metros cuadrados.

Las cuatro paredes del interior estaban topadas de carteras de todo tipo, de mano, billeteras, mochilas, maletas de mano, maletas grandes, bandoleras, etc. Predominaban los colores sobrios, oscuros, negros, café y gris, aunque también habían algunas infantiles con detalles llamativos. Eran réplicas de marcas suizas, estadounidenses, alemanas y otras chinas originales, con precios desde los 100 yuanes las más pequeñas, el equivalente a unos 15 dólares.

No se detuvieron mucho tiempo puesto que el chino guía notó el poco interés. “Jackets, t-shirts, yes, cheaper”, insistía.

Tras unos cinco minutos de caminata, varios cruces y miradas curiosas de los lugareños, llegaron a una tienda. Aunque la ropa y zapatos estaban a simple vista, la dueña les hizo pasar a la trastienda, un pequeño cuarto incluso atrás de la bodega.

Ahí, para gran sorpresa de los turistas, habían otros tres compradores de piel morena que hablaban inglés con acento francés. Se medían un par de tenis Nike, unas sandalias Addidas y el último ya tenía dos camisas Ralph Lauren en el antebrazo.

Iluminadas con dos lámparas fluorescentes grandes, cientos de camisas de hombre y mujer, de todas las marcas reconocidas estaban colgadas en percheros; chaquetas, abrigos y chumpas también.

Un joven del grupo preguntó cuánto costaba una chumpa gris con un The North Face en el pecho. La dueña mostró una calculadora y digitó 1,600. “¿And this?”, preguntó otra turista, sosteniendo un sobretodo color beige. “Two thousands yuan”, respondió y mostró de nuevo la calculadora con un 2,000.

 

 

La primera regla de casi cualquier mercado es saber que los precios iniciales siempre son altos para tener margen de negociar. En China, en particular, a los comerciantes les encanta regatear y es probable que la primera cantidad dada al comprador sea por lo menos 5 o 10 veces mayor que el precio real del producto.

Además, como buenos vendedores, los chinos hablan mucho y rápido y en cinco segundos pueden montar una excelente escena sobre por qué cuesta tanto. No hace falta saber mandarín para entender qué dicen, que si el precio es alto es por la calidad del producto, la marca que tiene, la variedad de estilos; que consiguen la talla o el color que uno necesite; y aún, con todo eso, que ya están aplicando un descuento extra.

Muchas palabras, risillas y dígitos en la calculadora después, los vendedores pueden ofrecer un precio un 20 % menos que el inicial; y aunque para los occidentales pueda parecer una buena oferta, es probable que este valor aún esté muy por encima del real.

El asombro de los turistas por la chumpa y el sobretodo fue tal que inmediatamente salieron del cuarto. La mujer y el chino bajito los siguieron hasta el frente de la tienda.

-You look good. Handsome (te ves bien, guapo).

-Sí, está bonita pero muy cara, le contestó el joven a la dueña de local, que ya había bajado la chumpa del perchero y hasta lo había hecho probársela con insistencia.

 

 

En los países occidentales, principalmente en los latinoamericanos, cuando un producto no es original, suele decirse que es chino dada la fama que esta economía se ha hecho al producir en masa, a un precio más bajo y usualmente con productos muy parecidos a los de marcas reconocidas.

En los últimos años, el comercio de productos falsificados y pirateados ha experimentado un aumento constante. El último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), basándose en los datos de las incautaciones aduaneras de 2016, situó el valor de los productos falsos importados en todo el mundo en 509,000 millones de dólares.

Estados Unidos, Italia y Francia están entre los primeros cinco países de donde provienen las marcas cuyos derechos de propiedad intelectual son más violentados; y China y la ciudad de Hong Kong lideraron la lista de los lugares de donde más proceden las imitaciones.

El informe de la OCDE, denominado “Tendencias en el comercio de bienes falsificados y pirateados”, destaca que lo que más imitan son productos de calzado, ropa, cuero, maquinaria eléctrica y relojes.

 

 

Sin embargo, si bien la mayoría de los productos en los mercados informales de China son imitaciones de marcas reconocidas; en algunos casos estas réplicas están tan bien hechas que prácticamente solo un ávido conocedor lo notará.

Así, por ejemplo, un trípode para celular o un reloj inteligente puede costar el equivalente a $20 mientras que en la tienda de la marca vale hasta $80.

Por las calles más comerciales es común encontrar ofertas de relojes Rolex y audífonos inalámbricos Beats; también hay lámparas, binoculares, celulares y carcasas, reproductores de música, memorias SD y microSD; sin mencionar las carteras, zapatos, ropa, juguetes y casi cualquier cosa de plástico, cerámica o madera.

Al fingir que salían de la tienda, para sorpresa de los turistas, la china soltó un “¿cuánto das?” en perfecto español.

-200 yuanes, dijo él y en ese momento, todos los chinos que estaban en la tienda, vendedores y el guía, no tuvieron reparo en reír.

-¡No! Not too cheaper! (no tan barato) volvió a decir la joven mujer.

-Not much money, replicó él, tocándose el bolsillo del pantalón.

Durante algunos segundos, el guía, la mujer y otros chinos intercambiaron palabras. Los turistas no supieron exactamente qué dijeron los chinos pero es probable suponer que les vieron cara de no poderles sacar mucho más dinero que el ofrecido.

Aunque les dejaron salir de la tienda con facilidad, el guía aún les siguió por unas tres cuadras más, insistiendo en llevarles a ver otros locales. “¿T-shirts, shoes, watches?Man, amigo, i’ll give you the jacket in three hundred” (Amigo, te dejo la chaqueta en 300) fue lo último que dijo antes de recibir el último gracias y perderse entre la multitud.

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