El aerografista salvadoreño que da vida a los autos

Leo Peluka es uno de los artistas urbanos con más trayectoria en El Salvador, él recuerda sus inicios en la década de los 80 y lamenta que en la actualidad sus trabajo esté desplazado por las impresiones digitales.

Por Óscar Portillo

May 18, 2019- 21:20

Eran los años 80 y en El Salvador se comenzaban a ver esbozos de artistas urbanos. El conflicto armado no permitió que este estilo de arte se expresara al máximo. Entonces, Leo Pelucka encontró una forma de exhibir sus obras: plasmarlas en autobuses.

Durante esa década, Pelucka dio sus primeros pasos en un sector más profesional al comenzar a trabajar en una tienda de variedades, que se ubicaba en el Centro Histórico de San Salvador. Antes de eso, a mediados de la década de los 80, él visitaba talleres y puntos de autobuses en Apopa, San Marcos, Soyapango y otros municipios. Ahí ofrecía sus servicios.

 

Algunas personas lo conocen como “el padre de la aerografía”, un título que lleva hasta ahora. Desde hace 30 años ha personalizado vehículos utilizando únicamente aerosoles.

 

A pesar de que su trabajo en la tienda era mecánico y solo se limitaba a poner vinilos y a pegar stickers para la identificación de rutas de transporte colectivo, Leo era un artista innato. Durante sus ratos libres dejaba andar su imaginación y hacía retratos o caricaturas famosas de la época. Sus amigos comenzaron a comentar sobre él con otras personas, la voz se corrió y se dio a conocer.

En 1989 un amigo le pidió decorar su microbús. Él tomó su aerógrafo, instrumento que sería su insignia en el futuro, y vio un lienzo en blanco en la carrocería del vehículo. Comenzó a pintar sin parar y el clímax de su obra llegó cuando había terminado.

Ese día de 1989, el pionero de la decoración con aerógrafo en autobuses y microbuses nació.
Algunas personas lo conocen como “el padre de la aerografía”, un título que lleva hasta ahora. Leo, con humildad niega ese título, cuenta que hay otros contemporáneos que hacían trabajos similares y no se puede atribuir ese título que conlleva un gran peso en el mundo de la estética y la pintura.

Tras su hazaña con ese microbus decidió dedicarse de lleno a la pintura y según cuenta, un tiempo de bonanza comenzó. “Personas de Guatemala, Honduras y Nicaragua venían a que se les pintaran las unidades. En esos tiempos a nivel de Centroamérica solo aquí en El Salvador se decoraban buses”, asegura el artista.

Pelucka explica que antes las unidades de transporte colectivo eran más sobrias, ninguna estaba tan intervenida como las de la actualidad. Lo único que tenían era el número de la ruta, destinos y alguno que otro sticker distintivo que había sido puesto a petición del motorista.

“Podías ver un microbús normal, pero si ya veías uno decorado eso era más atrayente para la persona y la gente quería irse en el decorado porque era más plantoso que el otro”, opina Leo Pelucka.

Según recuerda, hace 30 años las únicas unidades de transporte colectivo decoradas eran las unidades interdepartamentales.

Leo no solamente interviene unidades del transporte colectivo, prueba de ello son los murales que adornan las paredes de su casa, y los cuales nos mostró con orgullo. Una de sus obras más simbólicas allí es un retrato de San Óscar Romero.

“En los buses ya no vas a ver este tipo de trabajos (refiriéndose al mural de San Romero). ¡Es paja! Es un trabajo más fino y detallado”, dice Pelucka, mientras señalaba el mural y sus característicos rizos se movían cada vez que mostraba los detalles minuciosos del retrato.

Él dice eso debido a que en los últimos años el trabajo con aerógrafo en los autobuses ha decaído, pues explica que las impresiones digitales han reemplazado el trabajo con aerografía, al ser estos más baratos y rápidos.

“Los dueños de los buses no quieren perder tiempo y quieren las cosas más rápido”, lamenta Leo.

El recorrido continúa por su casa, y en la última parada enseña un mural de Bob Marley, el cual luce un tanto despintado. Llama a su hijo y le dice que le dé unos retoques al mural, confiando en que su heredero hará un buen trabajo.

Pelucka hijo comienza a trabajar en los ojos del artista de reggae y su padre lo mira desde atrás con orgullo, sabiendo que su legado reposará tranquilo en los hombros de su descendiente.

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