La risa: un acto de imaginación para desafiar a la realidad

“La pasión de la risa no es nada más que la gloria repentina que surge y florece de la percepción de algo en nosotros mismos, distinta a la enfermedad de otros, y opuesta a una enfermedad anterior nuestra”. Thomas Hobbes. Leviatán, o, el Asunto, Forma y Poder de una Mancomunidad Eclesial (1651)

Dos hombres sonrientes (autoretrato) del pintor alemán Hans vos Aachen (1552-1615). / Foto Por Museo de Arte de Olomouc, República Checa

Por Katherine Miller, Doctorado en Estudios Medievales y Renacentistas de UCLA.

Nov 15, 2020- 05:30

Se ha dicho que la risa surge de una pasión. Así Thomas Hobbes en 1651. Unos cuantos años más tarde, en 1725, un tal Frances Hutcheson publicó su obra, Pensamientos sobre la Risa, en la plantea que la risa es una respuesta a la percepción de una incongruidad —la incongruidad siendo una esquinita de espacio entre la realidad y la imaginación donde el fantasma alegre de la risa puede deslizarse libremente. O sea, cuando se detecta una incongruidad entre la percepción de la realidad y la realidad misma, esta detección abre un espacio para la risa. Querido lector, este es el trasfondo para el plato que les voy a servir hoy para su delectación: The Life and Opinions of Tristram Shandy, Gentleman, una autobiografía social disfrazada como novela, escrita por un pobre clérigo irlandés de la Inglaterra rural del siglo XVIII que les ofrezco como medicina para los males que nos acechan hoy. Es una novela irlandesa. Permítame explicar.

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Esta autobiografía contiene muchos rompecabezas que nos puede hacer reír y curarnos de las depresiones, ansiedades, elecciones, pandemias, desempleos y tristezas de toda clase. Se trata de un clérigo y su esposa que, cada domingo, como ritual, se asoman a la deuda matrimonial que nos encomienda San Pablo, quien nos aconseja, en la Biblia, que es mejor casarse que arder. El domingo es, también, la misma noche cada semana en que se tiene que dar cuerda al reloj grande de la sala para que funcione toda la semana que sigue. En el momento en que señor Shandy estaba al punto de hacer efectiva la deuda matrimonial con su esposa, la señora. Shandy le pregunta si le ha dado cuerda al reloj, pregunta que interrumpe la acción en curso y asusta los buenos espíritus que guían el “humunculus” a su punto de descanso. Humunculus es una palabra en latín que significa “hombrecito pequeño”. En este entonces, se creían que el espermatozoide era un pequeño hombre que nadaba al lugar necesario y se implantaba en forma humana al huevo que esperaba con paciencia. El hijo que nacerá de esta situación está escribiendo su autobiografía (el tiempo interno de la novela es el año 1718) con base en lo que le habían contado su padre y su tío sobre la noche de su concepción, explicándole porque ha salido como el hombre que ahora es. Así que, es alguien que comienza un acto y de repente se desvía durante varios capítulos sobre otros temas antes de regresar a su historia. La novela-cum-autobiografía se alarga en esta manera, por medio de constantes desviaciones, a llenar unos nueve tomos, en que el protagonista, Tristram, no nacerá hasta el cuarto tomo.

Busto de hombre sonriente del neerlandés Rembrandt van Rijn (1606-1669) del neerlandés Rembrandt van Rijn (1606-1669). Mauritshuis, La Haya, Holanda.

Cuando tiene unos tres años, Sterne nos presenta un retrato del jovencito Tristram—porque así se llama el niño que nació–orinando por la ventana porque no encuentra su bacinilla y, de repente, cae la ventana y queda el pequeño Tristram circunciso, agregado esta situación a la de su nariz aplastada. (Debemos informar al lector que la nariz es un sustituto, en el caliche del siglo XVIII, para el pene.) Lo cómico es que, con la nariz aplastada y el pene circunciso, va a la guerra y sufre una herida en la Batalla de Namur durante la Guerra de la Sucesión Española y la herida se ubica cerca del órgano necesario para la procreación y, aunque no lo dice directamente, queda impotente nariz, pene y otras partes necesarios para la procreación—también sinónimo literario para la creación interrumpida y desviada de escribir una novela tan parecida a su propia vida.

La autobiografía es cercanamente un paralelo a su vida sexual—contada de una manera muy casta, por supuesto, y nada vulgar ni fuera de la civilidad. La impotencia literaria se manifiesta de la misma manera que la impotencia sexual y, así, nunca puede “terminar” con un pensamiento. Sterne admira abiertamente a Miguel de Cervantes a quien cita con su propio nombre en sus páginas, y comienza a escribir de la condición del caballo en que viene el médico, Dr. Slop, para atender a la señora Shandy cuando está a punto de dar luz.

Este caballo trae a la mente de Tristram (escribiendo su autobiografía) al caballo de don Quijote, Rocinante, y la narrativa se desvía durante varios capítulos sobre las buenas y distintas cualidades de los caballos españoles. Se recuerda, a la misma vez, del sacerdote Rabelais, contemporáneo con Sterne, cuando está administrando la extremaunción a un feligrés que está muriendo. Están sus amigos alrededor de su cama esperando que salga su alma por la boca en forma de una paloma blanca, como era costumbre, imaginar la muerte de la persona. Esperan y esperan y nunca sale, pero el hombre queda muerto. Rabelais—nos comenta Sterne—opina que, probablemente, el alma/paloma ha salido por el otro lado. Sterne, imitando Cervantes y Rabelais con mucho entusiasmo y llamándolos por sus nombres, presenta el lector con una larga disquisición sobre “Las Bondades, el tamaño y bellezas de la nariz”. Así el sabor de las desviaciones intrincadas de la novela que, en realidad, es muy parecida al narrativo de James Joyce, otro irlandés, pero del siglo XX, en su novela experimental, Ulíses, novela-cum-autobiografía de Leopold Bloom. Así la metodología del flujo de conciencia que ocupa Sterne en su novela, Tristram Shandy.

Retrato de Lawrence Sterne por Joshua Reynolds de 1670. National Portait Gallery, Londres, Gran Bretaña.

Si se pregunta el objetivo de toda esta comedia en desviaciones, se lo puede encontrar en el Prefacio a la novela cuando Sterne dedica su obra al entonces Primer Ministro de Inglaterra, “The Right Honourable Sir William Pitt, the Elder”, en las siguientes palabras:
“Nunca una pobre criatura que dedica una novela ha tenido menos esperanzas de su dedicatoria de la que yo he tenido de esta mía; porque es escrita en un esquina del reino en un pobre shanty donde vivo yo en un esfuerzo constante de sobrevivir las enfermedades de la salud y otros males de la vida—lo que hago por medio de la risa. Eso porque estoy firmemente persuadido que cada vez que un hombre sonríe—pero mucho más cuando se ríe—agrega algo a este Fragmento de la Vida. Ruégole, Señor, que usted honrará este libro por recibirlo, no para su protección (porque tiene que protegerse a sí mismo) pero si en alguna ocasión me informan que este libro ha hecho que usted sonría, o si lo ha salvado de un momento de dolor o pena, yo pensaría que soy tan feliz como un ministro del estado—tal vez mucho más feliz que cualquier de que he leído. Yo soy, Gran Señor, y más bien , Buen Señor, su súbdito y alguien que le desea bien, EL AUTOR.

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He aquí la filosofía de la sonrisa de Lawrence Sterne, parecida a la filosofía de su contemporáneos Hobbes, Rabelais, Cervantes, Voltaire y muchos más del mundo clásico y contemporáneo, quienes recetan la risa como remedio para la ansiedad y la depresión de sus tiempos. Su propósito es el de crear sociabilidad en medio de modalidades de disfunción que es “la flaqueza y debilidad (léase, impotencia) la más mortificante y la más común, que produce la comedia”.

En su estética medicinal sobre la risa, Sterne nos presenta la familia Shandy. Un momento. “Shandy” en caliche irlandés del siglo XVIII significa una bebida nacional (porque es, definitivamente, una novela irlandesa), mitad limonada y cerveza—o sea, ni una cosa ni la otra. Tristram, el nombre que dan a su hijo disfuncional con nariz aplastada y circunciso, es una mezcla confusa entre Trismegistis (nombre significando “tres veces grande y mágico”) y Tristán, el pobre joven que tiene que traer a la mujer que ama a través de mares y tierras para que se case con su tío y no con él en el mito, poema y ópera de Tristan et Isolde. En el momento de dictar el nombre del niño al sacerdote durante el bautismo, la señora. Shandy se confunde y mezcla Trismegistis y Tristán. Sale que el hijo queda con el nombre de Tristram—ni un nombre, ni el otro.

Gravado según la obra del francés Charles Le Brun (1619-1690) de sus estudios sobre la relación de la fisionomía humana con respecto a la de los animales.

La novela fue publicada en nueve tomos porque el hilo narrativo es constantemente interrumpido por medio de las largas disquisiciones—como la pregunta de la señora Shandy en la noche de concepción—con desviaciones que no deja que termine el pensamiento. Otra clase de impotencia es la que resulta de las heridas en las constantes guerras del continente durante el siglo XVIII. Corporal Trim, subalterno del tío del joven, Uncle Toby, cuenta como sufre del estrés post-traumático y continuamente está construyendo castillos y fortificaciones en su patio trasero que nunca termina porque vive y revive los traumas de su vida militar que se repiten y se mantienen vivos en su conciencia en la actualidad. Tan serios son estos temas que sufren muchas personas, que Sterne intenta suavizarlos y hacer que los problemas psicosociales de la nación no desemboquen ni en sarcasmo ni en burla, pero sí en comedia humana, entendibles y aceptados por medio del cariño y la risa. Así son los efectos medicinales de la comedia.

Sterne presenta, y menciona el nombre de cada autor de que presta como Cervantes, Bunyan, Rabelais, Montaigne, Horace, Locke, Shakespeare y sugiere al lector, hablando directamente con él y ella, que “si no le gusta este tema, deje de leer este capítulo y pase al próximo”. Deja páginas en blanco para que el lector pueda dibujar a los protagonistas. Presenta páginas en negro cuando un protagonista muere para que el lector pueda ponerse de luto. En fin, es una novela social que intenta abrigar a la sociedad con cariño para que pueda reírse de sí misma. Cada rato habla directamente al lector, diciendo “Lector, tu y yo somos desconocidos y pido su paciencia para que podamos entendernos y terminar en la amistad”.

Invoca a unas diosas para ayudarle en su proyecto al decir, “Diosa, si usted no está tan ocupada con Cunegund, por favor tome a este joven Tristram Shandy bajo su protección”. Cunegund es la protagonista de la famosa novela Candide escrito por Voltaire, contemporáneo con Sterne.

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Filosófico es, y muy humano en su preocupación por los que no pueden terminar con ser lo que desean ser, o sea, con los impotentes de toda índole. Les ofrece entendimiento y cariño en grande, como el pastor eclesial que es. No tiene pretención a la riqueza por competencia en el mercado. Dice, en un momento, al lector, “Todo no es ganancia lo que se pone en la cartera”.
En fin, Sterne está calificando a la realidad, limándola tan suavemente, para que no todo el poder quede con la imaginación ni con las asperezas de la razón. No hace levantar la consigna: “La Imaginación al poder”, sino que eleva una interacción dialéctica sin superimposición. La imaginación desafía a la razón y viceversa. El resultado es una sociabilidad con cariño que pide entendimiento por medio de la risa. Porque es comedia.

Tristram Shandy, como novela, nos lleva a la mente el “Cuento del Sacerdote de Monjes” en los Cuentos de Canterbury, escrito por Geoffrey Chaucer unos 300 años antes. Es el cuento gentil y genial de un noble gallo, Chaunticleer, y su esposa favorita, Pertelote, una gallina muy astuta y sabia. Ambos viven en la granja de una viuda pobre en el campo. Una mañana, Chaunticleer se queja de sus miedos porque ha sufrido una pesadilla sobre un animal con orejas rojas y dientes filudos (un zorro) y pide a Pertelote que lo contemple cariñosamente para bajar sus miedos. Pertelote responde, cariñosamente, pero muy astuta, “For Goddes halve, tak a laxytif!”. (¡Por Dios, toma un laxante!). La medicina para la ansiedad es risible. Da risa. Es la risa. Así Sterne.
FIN

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