Carmen, la salvadoreña que pensó en el suicidio pero superó el COVID-19 en Italia

La paisana hasta pensó en "lanzarse del quinto piso" mientras luchaba contra la enfermedad. En esta nota resume la pesadilla que vivió la compatriota, quien superó el virus en uno de los países europeos más afectados por el COVID-19.

La salvadoreña Carmen Burgos en el lago de Bellano en la región de Lombardía. Superó la epidemia en esa región de Italia. Foto EDH - cortesía

Por Milton Rodríguez

Ago 29, 2020- 21:50

La pandemia ha causado un gran impacto a nivel mundial y miles de personas han resultado afectadas en lo emocional y económico, han perdido sus trabajos tras haber pasado un duro tiempo de confinamiento establecido por las autoridades. La mayoría de los comercios, fábricas y empresas tuvieron que cerrar y frenar su producción.

Ante ese duro panorama se han enfrentado muchos compatriotas que viven lejos de su tierra luego de que las autoridades de esos países decidieran salir del confinamiento, a lo cual se le suma el sentimiento de angustia que produce vivir lejos de la propia familia.

Es el caso de Carmen Burgos de Rivera, de 44 años, quien vive desde hace un año en Milán, al norte de Italia. Ella es originaria de Santa Tecla y tiene dos hijos; la hija mayor se quedó en El Salvador para terminar su carrera y el menor está con ella en Europa.

Carmen en el Santuario del Divino Niño, en Arenzano, provincia de Génova. Fotos EDH / CORTESIA

“Mi esposo me mandó a traer junto a mi hijo hace un año. Cuando inició la pandemia acá yo tenía como nueve meses de haber llegado, solo pudimos estudiar el idioma italiano dos meses, debido a que cerraron todo”, relató Carmen.

Como una verdadera pesadilla describióesta compatriota el largo tiempo de encierro que vivieron, ya que ella, su hijo y su esposo se contagiaron de la COVID-19 al mismo tiempo.

Debido a que Carmen y su hijo de 22 años recién llegaban al país europeo y no tenían permisos de residencia, ella no podía salir a trabajar durante la cuarentena y eso complicaba la situación. “Mi esposo seguía trabajando cuando cerraron todo, porque él era el único que tenía trabajo fijo, en cambio nosotros solo hacíamos horas. Para nosotros era difícil porque no teníamos papeles y era muy complicado, en el lugar de trabajo de mi esposo llegaban varias personas de Bérgamo, lugar donde hubo más contagios”, explicó.

El 2 de marzo, cuando el esposo de Carmen regresó del empleo, le contó que sentía dolor en el pecho y la axila, dicho dolor siguió al siguiente día, y “ya no se podía tocar porque le ardía como si tuviera chile”.

Ella se preocupó porque padece diabetes e hipertensión. “Sentí un poquito de pánico al ver las noticias y oíamos que a personas mayores de 60 años y con enfermedades crónicas la enfermedad le daba más fuerte”, dijo.

A los 10 días empezó el esposo con una tos y Carmen en medio del miedo se negaba a aceptar de que al salir y exponerse existían grandes posibilidades de contagiarse.

Salvadoreña en Italia narra su pesadilla por la pandemia

“Mi esposo se puso más grave y empezó a tener fiebre, a delirar, y ahí yo dije, le dio eso, (el virus) porque yo me informaba vía Facebook e internet y veía los síntomas y decía, sí él tiene todo esto”, detalló.

Después de cinco días que la salud del esposo empeoró, cayó enferma Carmen, y luego su hijo, quién comenzó sintiendo un fuerte dolor de cabeza. El miedo se apoderó de ella al ver las noticias, pero el impacto mayor fue cuando vio una caravana de vehículos de la Fuerza Armada que llevaban muertos.

“Ese día que vi la caravana yo me impacté mucho, me puse mal de los nervios, creo que se me alteró todo el cuerpo, porque al siguiente día en la mañana amanecí con la cara llena de barros y espinillas y me sentía mal, con fiebre, dolor de cabeza, dolor de las articulaciones. Yo decía, ‘a morir vine aquí’, y solo pensaba en mi hija que está en El Salvador”.

“Yo lo que hice fue remedios caseros, sumergíamos la cara en el vapor de agua con Vick y eso ayudaba a respirar y evitar que el virus llegara hasta los pulmones de mi hijo y míos. Además, compramos un termómetro para tomar la temperatura y al descubrir que la fiebre era de más de 39 grados confirmé que sí era el coronavirus”, relató.
Temía morir en hospital de otro país

Mientras la salud de Carmen y su familia estaba muy mal, trataban de tomar fuerzas y evitar preocupar a su hija que vive en El Salvador. A ella le decían “que solo era una gripe”.

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“Pobrecita mi hija, cuando nos comunicábamos le mandaba fotos antiguas, porque no quería que nos viera que estábamos demacrados y con grandes ojeras; si solo nos bañábamos para que nos bajara la fiebre y nos volvíamos a acostar, solo pasábamos acostados, y aún en la cama el cuerpo se sentía cansado”, explicó.

“Yo le mandaba caritas alegres a mi hija y a veces hasta audios, agarraba aire y le decía, ‘hola mi niña, qué tal, cómo estás beba’, pero por dentro yo estaba muy mal, cuando dejaba de mandarle el audio me sentía ahogando”, agregó.

“Teníamos miedo, no es lo mismo que te cuiden en tu casa tus seres queridos a que vayas a un hospital que esté más plagado de enfermedades y que no hay tanto doctor ni enfermeras y ver tanto muerto”, narró.
Carmen dijo que llegó a pensar en tirarse del quinto piso, pero al mismo tiempo sabía que debía ser fuerte por sus hijos.

La fe en Dios ante la enfermedad

En medio del sufrimiento por el virus, esta familia encontró refugio en la fe, ya que recibió ayuda espiritual por parte del sacerdote Alberto Vitali, de la Iglesia Santo Stefano Maggiore a la cual asiste la comunidad latina. “Lo único que nos m antenía con fe es que el padre Vitali estuvo pendiente de nosotros, nos llamaba todos los días preguntando cómo seguíamos, oraba por todos, transmitía misas y rosarios en Facebook y YouTube, con eso nosotros sentíamos que podíamos salir de esa pesadilla” relató la paisana.

Carmen explicó que le daba aliento a su esposo y su hijo de 22 años, quien se puso muy mal. “Yo llegué al punto de hincarme en la cocina y empecé a llorar y a pedirle a Dios, que lo sanara, que me llevara a mí, porque mi hijo tenía una vida por delante, ya que él no tenía enfermedades”, relató. Esta familia pasó 21 días enferma.

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En medio de la lucha contra el virus, sufrían también por la dura situación económica, ya que su esposo recibía pago solo cuando salía a trabajar y durante esos días que batallaron con el virus no hubo ingresos.

En la iglesia a la que asistían ellos existe un programa de ayuda humanitaria de Cáritas, y a través de ello se vieron beneficiados, así como por el apoyo del Padre Vitali, de la secretaria y el sacristán de la parroquia, quienes les enviaron víveres.

Hasta el viernes 28, el COVID-19 había provocado 832,336 muertos en el mundo desde que la oficina de la OMS en China dio cuenta de la aparición de la enfermedad en diciembre. En Italia ha ha bido 35,472, de los cuales 16,860 murieron en Lombardía. Carmen y su familia lograron no ser un número más.

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