Cinco días de cruentos combates en suelo hondureño

Un día como hoy, hace 50 años, iniciaron las operaciones bélicas, mayormente en territorio hondureño, pero con esporádicos ataques aéreos de Honduras a puntos estratégicos de El Salvador.

Los cruentos combates en territorio hondureño duraron alrededor de 5 días. Iniciaron el 14 de julio y concluyeron el 18 de ese mes. Foto EDH / Archivo

Por José Zometa

Jul 14, 2019- 06:00

A eso de las 18:30 todo San Salvador quedó totalmente a oscuras, pues minutos antes, a las 18 horas con 10 minutos, el alto mando del Ejército salvadoreño tomó la decisión de declarar la guerra e invadir con aviones territorio hondureño. Varias aeronaves bombardearon el aeropuerto Toncontín, sede de la Fuerza Aérea hondureña.

Con ese operativo relámpago se inició la llamada Guerra de las 100 Horas o de Legítima Defensa (como le denominó El Salvador) que duró cinco días y dejó como saldo cuantiosos muertos y heridos, además de daños económicos y sociales a ambos pueblos hermanos.

El presidente de El Salvador, Fidel Sánchez Hernández, y el alto mando militar ya habían decidido hacer caso omiso a las recomendaciones de la Organización de Estados Americanos (OEA) de evitar el enfrentamiento bélico, pues pese a las negociaciones entre ambas naciones, centenares de familias salvadoreñas seguían siendo vesjados, despojados de sus bienes y expulsados de Honduras.

El general José Alberto “el chele” Medrano fue uno de los jefes militares que incursionó en territorio hondureño junto a soldados de la Guardia Nacional, de la cual era el director. Foto EDH / Archivo

El alto mando salvadoreño decidió iniciar el ataque con el bombardeo del Aeropuerto de Toncontín en Tegucigalpa, sede del Cuartel General de la Fuerza Aérea Hondureña (FAH), y del aeropuerto de La Mesa en San Pedro Sula, sede de su Comando Norte. Cinco aviones Goodyear FG-1 D Corsarios atacaron La Mesa y cuatro aviones Mustang F-51 que escoltaaban a un avión de transporte C-47, convertido en improvisado bombardero, ejecutaron el ataque a Toncontín, plasma el historiador Carlos Pérez Pineda en su libro: “El conflicto Honduras-El Salvador, Julio 1969”.

Varias tropas ingresaron vía terrestre a Honduras, tras encontrar escasa resistencia, y se tomaron algunas ciudades y poblados cercanos a las frontera de El Poy en Chalatenango y de El Amatillo en La Unión. Al final de la guerra fueron alrededor de una docena de poblados que fueron conquistados por las tropas salvadoreñas.

Sin embargo, de acuerdo a los reportes periodísticos de El Diario de Hoy y de otros medios locales, los daños al aeropuerto de Toncontín no fueron considerables y causaron más pánico que otra cosa a la población y al mismo Ejército de Honduras por lo sorpresivo del ataque.

Eso permitió que varios aviones, tras sacudirse la incursión relámpago de las naves salvadoreñas, se levantaran a tempranas horas del 15 de julio para incursionar a cielo salvadoreño y bombardear el aeropuerto de Ilopango, también base central de la Fuerza Aérea Salvadoreña (FAS).

Luego, algunas de esa naves hondureñas se desplazaron hacia los puertos de Cutuco en La Unión y de Acajutla en Sonsonate con la misión de destruir los tanques de combustible almacenados en ellos, los cuales ardieron de inmediato y se levantaron largas columnas de humo y fuego, según se observa en las fotografías de los periódicos locales.

Puerto de Cutuco en llamas luego de explotar bombas lanzadas por las Fuerza Aérea de Honduras.

No obstante, el gobierno salvadoreño, previendo un ataque de ese tipo, había evacuado el combustible con camiones cisterna y lo tenía resguardado en otros depósitos y lugares, por lo que los daños en esos objetivos y en Ilopango fueron menores.

Mientras tanto, los medios de prensa locales informaban de la toma de varios poblados hondureños como Nuevo Ocotepeque, San Marcos, Guarita, La Virtud y Valladolid, por parte de las tropas salvadoreñas que ingresaron por la zona norte de Chalatenango (ver mapa).

Por la zona del oriente del país, batallones del ejército salvadoreño lograron la conquista de Goascorán, Aramecina, Caridad y Alianza, todos poblados hondureños.

“El punto es que nos tocó la misión constitucional de defender la soberanía, el honor y la dignidad de los connacionales; una misión bien difícil, porque esa defensa no la hicimos aquí sino que la tuvimos que hacer en territorio hondureño”, manifestó el general Juan Orlando Zepeda, quien en ese tiempo era subteniente y le tocó combatir por la zona de La Unión, según relató a El Diario de Hoy.

Otro veterano de la guerra de las 100 Horas es el coronel retirado Carlos Rolando Herrarte, quien de Sonsonate fue movilizado para la zona norte de Chalatenango, con el grado de subteniente.

“Yo era parte del primer batallón que entró a Nueva Ocotepeque y llevábamos los fusiles G-3 que tiraban en ráfaga” y recién habían sido adquiridos por la Fuerza Armada salvadoreña.

Añadió que los soldados hondureños al escuchar las ráfagas salían huyendo, porque ellos habían ido a la guerra con viejos fusiles.

 

Ciudades y poblados hondureños en poder de la tropa salvadoreña. Foto EDH / Cortesía

Una figura de leyenda
Un personaje que no escapa a la memoria de los salvadoreños y de los mismos veteranos de guerra sobrevivientes es el general José Alberto Medrano, director de la extinta Guardia Nacional.

Según cuentan los mismos oficiales, fue el único militar con grado de general que se metió de lleno en esa guerra y fue uno de los que más penetró a territorio enemigo junto a sus guardias nacionales.

Inclusive, sobre su figura se tejió el mito de que se había disfrazado de cura y que llegó hasta la propia casa presidencial del mandatario hondureño Oswaldo López Arellano, y que hasta lo había confesado.

A medida que avanzaban los combates en territorio hondureño se tornaban cada vez más cruentos, hasta que el 18 de julio cesó oficialmente el fuego, tras la orden de la OEA, aunque siguieron algunos combates esporádicos hasta el mediodía del 20 de ese mes.

Pero fue hasta el 3 de agosto cuando la tropa salvadoreña entregó los territorios ocupados a delegados de la OEA y estos luego a las autoridades hondureñas. Así se puso fin a la guerra de las 100 Horas o de Legítima Defensa.

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