Artistas circenses se las ingenian para sobrevivir con la venta de verduras, lácteos o mariscos

Bajaron la carpa y en su lugar colocaron un puesto de verduras, lácteos o tortas, con el fin de sortear la crisis como sea. Casi 300 artistas circenses se las ingenian para sobrevivir a la cancelación de la feria de agosto vendiendo desde hortalizas hasta alcohol gel. El espectáculo, por ahora, tendrá que esperar.

Malabaristas, payasos, trapecistas y acróbatas cambiaron el escenario por las ventas informales, en un esfuerzo por sobrevivir a la crisis económica que los golpea desde hace cuatro meses.

Por Tania Urías/ Marvin Romero

Ago 04, 2020- 21:20

Al menos nueve circos que aglutinan a unas 300 personas no pudieron montar sus carpas en la tradicional feria de agosto.

Malabaristas, payasos, trapecistas y acróbatas cambiaron el escenario por las ventas informales, en un esfuerzo por sobrevivir a la crisis económica que los golpea desde hace cuatro meses.

Uno de ellos es Alfonso Ruiz, de 45 años, quien nació en el circo Imperial Tom Tom, propiedad de su abuelo a principios de los años 70 y vivió la mitad de su vida en una carpa. Él aprendió el oficio de otros artistas más experimentados y, aunque es conocido como payaso Tom Tim, lo suyo es animar la pista, dice orgulloso.

En agosto, y ya sin circo propio, abandonó la carpa para estudiar y casarse, pero nunca el dejó oficio, aclara. A Alfonso le llueven llamadas porque es la semana en la que todos los dueños de circos le ofrecen trabajo ya sea como payaso o como animador.

Alfonso vive el resto del año yendo de un circo a otro, viajando a los pueblos y trabajando también en marketing y como secretario del Sindicato Gremial de Artistas Circenses de El Salvador (Sgaces).

Sin embargo, en agosto hace una pausa y siempre está disponible para trabajar en cualquiera de los nueve circos que se montan en las ferias agostinas: el Wonders Boys, el Galaxy, el Cañonazo, el Atlas de Cirilo Quilo, el Atlas de Ciriaco Flaco y el Red Bull son los más populares.

Foto EDH / Yessica Hompanera

Aunque no alcanza a estimar cuánto de bien les va en términos financieros, calcula que los ingresos de cada circo suben entre un 75% y un 100% en la vacación agostina.

“Los primeros días se dan 8, 9, 10 funciones por día en lo que se llama “tandas”; son funciones de una hora o una hora con veinte minutos, pero a partir del día cinco (de agosto) comenzamos a bajar y damos solo cinco funciones y llegamos a meter entre 600 a 800 personas en una carpa”, cuenta.

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Este 2020 las restricciones dictadas por el Gobierno ante la pandemia obligaron a que se cancelara la feria de agosto, que para los artistas circenses es la mejor semana de todo el año.

Esto significó un golpe para más de 300 personas que han vivido de los aplausos toda su vida; sin embargo, la mayoría se las ingenia con otras tareas para ganar dinero.

Alfonso Ruíz, primero de la izquierda, ha dejado el espectáculo para vender alcohol gel. Foto EDH / Cortesía

Alfonso ha improvisado en su casa, que comparte con sus dos hijos y su esposa, una venta de verduras, lácteos y hasta alcohol gel que incluso ofrece a domicilio.

Del Red Bull a los camarones del payasito
Como Alfonso, más de diez artistas circenses del circo Red Bull están varados y sin poder trabajar desde que inició la emergencia y han debido encontrar formas alternativas para subsistir .

Desde hace unas semanas se dedican a la venta de mariscos por las calles de San Salvador y municipios aledaños.

Vestidos como si fueran a dar una función, todas las mañanas dejan la carpa del circo Red Bull, se suben a un camión y van por la ciudad y los pueblos ofreciendo los camarones del payasito.

Un audio que reproducen a través de un viejo parlante anuncia su llegada.

El circo Red Bull se encuentra armado en un predio baldío de la colonia Altavista, en el municipio de Tonacatepeque. Está rodeado de comunidades que ondean banderas blancas y un océano de techos en donde el calor forma espejos vacilantes.

Estacionado desde mediados de marzo, el circo Red Bull parece estar en coma. Los remolques en donde viven los artistas y los autobuses que mueven todo están parados y casi pareciera que tienen raíces en las llantas. No se han movido desde el 3 de marzo, cuando dejaron el municipio de Ilobasco, en donde dieron su última función.

Cerrar el circo implicó replantearse la nueva forma para sobrevivir y ayudar a las familias de los artistas. El primer mes y medio que estuvieron varados mucha gente llegó a dejarles víveres y eso les ayudó a mantenerse, luego decidieron dedicarse a vender verduras. Foto EDH/ Yessica Hompanera

Desde entonces, el aplauso y las risas del público son solo un sordo eco que rebota en sus recuerdos. Para no perder la práctica, todos los días se visten con sus mejores atuendos y muy temprano practican sus rutinas de malabares, en los trapecios, los chistes, las danzas, todo para ellos mismos y para los postes que sostienen la carpa.

Antony, de 24 años, el malabarista y acróbata del circo es uno de los más entusiastas. Afirma que el circo es su vida y su segunda familia. Hace cuatro años dejó su hogar en San Vicente para unirse al “Red Bull”. Con lo que gana en las funciones sostiene a su madre y a su pequeña hermana. Desde febrero no las ve. Desde Marzo no ha conseguido ayudarlas. Sin embargo, no pierde la esperanza ni la pasión por el escenario.

Cada mañana, con los primeros rayos del sol, se viste con su traje azul de acróbata. Toma sus implementos y se para al centro de la carpa. Comienza con una rutina de malabares y lo hace parecer sencillo. Sigue con equilibrio sobre una tabla de madera puesta sobre un rodillo. Se balancea de un lado a otro sin bajarse de la tabla, y ya no parece tan fácil.

Después del ensayo regresa su traje al sitio que corresponde, al menos por ahora, guardado en una caja. Se sube al camión y se dispone a salir, junto a sus compañeros, a vender por las calles de San Salvador. “Así es como la estamos pasando ahorita, pero tengo fe en que todo va a mejorar”, afirma y enciende la grabadora que reproduce el audio que anuncia los camarones del payasito.

El espectáculo en pausa
Nohemí Ramírez, mejor conocida como la Payasita Pechuguita, es otra de las artistas del circo que acompaña al grupo que vende sus productos por las calles de la ciudad. Ella afirma que en la situación en que se encuentran ellos también están decenas de familias circenses por todo el país.

Alfonso aclaró que la mayoría de los que están en el sindicato, unos 800 miembros entre artistas circenses de la calle o parques que trabajan en los buses y más, han recibido apoyo del Gobierno con víveres.

Emanuel Osorto, dueño del “Red Bull”, también contó que sostuvieron pláticas con autoridades del Ministerio de Cultura y que de esa ocasión les entregaron canastas con insumos básicos para las familias circenses, pero eso ocurrió hace tres meses.

Nohemy y Emanuel, apoyados por otros compañeros, realizaron hace unas semanas una recolección de víveres que entregaron a todas las familias que viven en circos en todo el país, y aunque aseguran que consiguieron suplir las necesidades básicas de muchos de sus colegas, también son conscientes que no alcanzaron para todos los artistas que pasan momentos difíciles ante la falta de trabajo.

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Alfonso también coincide con ellos y cree que aunque han pasado cinco meses paralizados, el virus todavía es peligroso y el espectáculo debe esperar; por eso los artistas se las ingenian para ganar dinero de otra forma.

El artista aseguró que el 90% de los empleados circenses que participan en la feria de agosto son gente “arrecha y trabajadora” que no se ha quedado de brazos cruzados.
La mayoría se ha transformado en comerciantes informales para vender casi cualquier cosa y sobrevivir.

El sindicato, dijo, ha trabajado ya en protocolos y saben que deberán reducir las audiencias y repartir alcohol gel a los asistentes, pero confían que pronto volverán a montar una función y a nutrirse de los aplausos que son la razón de cada uno de los que se dedican a este oficio.

GALERÍA

Ante la suspensión del espectáculo, payasos se dedican a vender verduras en las calles de Quezaltepeque

Artistas circenses llevan varios meses varados en un predio de Quezaltepeque sin poder trabajar debido a las suspensión de espectáculos para prevenir la pandemia del COVID-19. Ellos se han dedicado a vender verduras de una manera divertida.

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