Bianka Rodríguez, activista LGBTI: “No hay mayor satisfacción que ver a una persona feliz y libre”

Bianka Rodríguez fue la ganadora regional del Premio Nansen 2019 para los refugiados del ACNUR. Ella es activista por los derechos de las poblaciones LGBTI y dedicó el reconocimiento a todas las víctimas de la violencia e intolerancia del país.

Por Xenia González Oliva

Oct 01, 2019- 19:30

A sus 26 años, Bianka Rodríguez se convirtió en la primera salvadoreña en ser la ganadora regional del premio Nansen para refugiados, otorgado por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). El premio reconoce la labor humanitaria realizada por los derechos de las personas refugiadas o desplazadas internas.

Bianka es la directora de la asociación Comunicando y Capacitando Mujeres Trans (Comcavis Trans). Durante los últimos cinco años ha dedicado su labor a la defensa de los derechos de las poblaciones LGBTI en El Salvador, sobre todo de las mujeres trans víctimas de la violencia y del desplazamiento forzado.

Su niñez y adolescencia fueron marcadas por el dolor provocado por los maltratos y rechazo de su madre, pero Bianka nunca ha perdido su amabilidad y deseos de ayudar a quienes no han tenido las mejores oportunidades durante su vida.

Empezó desde muy joven cuando se unió a un proyecto de alfabetización de la población adulta mayor que no había tenido acceso a la educación. Ella sintió la necesidad de aportar de alguna forma a la población de su municipio, Cuscatancingo. “Es el municipio que me vio crecer. Hay muchas personas que me conocen y han visto mi trayectoria desde esos años hasta ahora”, dice.

Parte de la necesidad que ha sentido de trabajar por la población adulta mayor nace del amor y admiración que tiene por su abuela.

A sus 15 años, los maltratos a los que era sometida por su madre llegaron a niveles insoportables y tuvo que huir de su casa. Los siguientes años fueron muy difíciles.

Pese a ser una adolescente, fue víctima de discriminación, de explotación laboral y de violencia. Sus condiciones de vida eran precarias, pero no podía regresar a su casa.

Pero cuando Bianka tenía 18 años, su abuela se dio cuenta de todo lo que le estaba pasando y lo que había sufrido a manos de su madre. Su abuela la acogió en su hogar.

“Pongo a esta mujer como ejemplo de lucha porque tiene nueve hijos y a sus nueve hijos los sacó adelante. Y no solo apoyó a sus hijos, sino también a sus nietos. A todos mis primos nos ha dejado muchas enseñanzas de qué es ser una persona luchadora en este país”.

A sus 80 años, su abuela le brindó todo el apoyo moral para que Bianka pudiera continuar con sus estudios. Aunque el apoyo no podía ser financiero, ya que sus recursos eran escasos, el amor y cariño que recibió fueron muy valiosos para Bianka.

“La única figura femenina que tenía era de mi madre que me golpeaba por ser una mujer trans. Mi abuela me terminó de forjar mis valores. Me enseñó a que un trabajo hay que cuidarlo, que hay que perseverar en la vida y que primordialmente hay que ser humilde para poder llegar a donde queremos”, cuenta Bianka.

Bianka junto a su abuela, quien le brindó apoyo y cariño para salir adelante, además de ser su ejemplo a seguir. Foto EDH/ACNUR

El rechazo familiar es una situación que enfrentan con regularidad las personas de la población LGBTI en El Salvador. Al mismo tiempo, la discriminación en los centros de estudio y de trabajo es una constante.

En el año 2014, Bianka cursaba el segundo año de la carrera de Ingeniería Agroindustrial en la Universidad de El Salvador (UES), pero se vio obligada a retirarse debido a la discriminación recibida de parte de uno de sus catedráticos. “Yo decido mejor abandonar mis estudios por esa marginación que sufría de parte de él, por ese acoso constante”.

Sin embargo, luego se enfrentó a la barrera del desempleo. Durante seis meses se dedicó a entregar su curriculum a distintas empresas e instituciones del Estado, sin recibir respuesta. En este proceso consiguió el apoyo de una activista del movimiento trans.

Tras ver las dificultades para conseguir un empleo digno, Bianka se unió a la asociación Comcavis Trans, que para ese entonces aún era un mundo nuevo para ella.

En ese momento aún no se identificaba como Bianka, entrar a la asociación le permitió descubrir su identidad. “Cuando entro a Comcavis comienzo a conocer todo sobre el aparataje de derechos de la población LGBTI y cómo mi trayectoria de vida se ve reflejada en lo que padece esta población”. Reconoció cómo ella había sido víctima de las distintas formas de discriminación que siguen afectando a la población LGBTI.

Comcavis Trans fue fundado por Karla Avelar en 2008. Ella también había sido una de las fundadoras de la primera asociación de personas trans en el país, ASPIDH, en 1996. El 20 de octubre de 2017, sus compañeras recibieron la noticia de que Avelar había sido forzada a huir del país y que recibió asilo en Europa.

Desde entonces, Bianka ha estado al frente de la asociación. Para ella ha implicado continuar los sueños de las personas LGBTI, en especial las mujeres trans que la fundaron.

“Para mí retomar Comcavis Trans fue seguir el sueño de esas 11 mujeres trans que han muerto o han tenido que dejar el país a causa de esa violencia y persecución basada en su identidad de género. No es solo un sueño mío sino de todas las personas con las que trabajamos y les proporcionamos esa asistencia primordial que el Estado no le facilita”, explica.

Pese a todas las dificultades, Bianka Rodríguez, activista trans y directora de Comcavis Trans, dice que su mayor satisfacción es ayudar a las personas.

Comcavis Trans se ha caracterizado por enfocar parte de su trabajo en la atención de las víctimas de desplazamiento forzado y ayudar a quienes no ven otra opción más que tener que huir del país en busca de refugio.

Bianka explica que el fenómeno del desplazamiento forzado y de las personas que deben migrar forzadamente empieza alrededor de los años 2012 a 2013. A partir de entonces se da un auge de las personas LGBTI que tienen que migrar por los altos índices de crímenes de odio.

El año 2015 se cerró con 60 homicidios de personas LGBTI, la mayoría mujeres trans. En ese entonces, el procurador de los Derechos Humanos, David Morales, se pronunció sobre la situación y dio su respaldo a las organizaciones de la sociedad civil.

La situación no ha mejorado actualmente. Como organización en lo que va del año han atendido a más de 70 personas desplazadas. En todo el 2018 habían recibido 54 casos.

Bianka lamenta que en el caso de las víctimas de desplazamiento forzado, no solo de la población LGBTI sino en general, las personas encuentran dificultades para reinsertarse social y económicamente en el nuevo lugar donde se han reasentado. Esto conlleva a que muchas veces, además de la violencia que las persiguen, deban salir del país sin haber recibido apoyo alguno del Estado.

En julio tres policías fueron arrestados y acusados de asesinar a una mujer trans de 29 años. El crimen fue catalogado como de odio.

Bianka ya ha sido víctima también. En 2016 fue privada de libertad cuando salía de comprar en un centro comercial. El rapto ocurrió en el parqueo, donde un hombre la obligó a subirse a su carro a punta de pistola. Él le dijo que la tenía vigilada, que sabía todo sobre su rutina. Durante casi una hora recorrió distintas calles de San Salvador en su vehículo.

Bianka recuerda que no se puso a llorar, solo seguía las indicaciones, pensaba en que se iba a convertir en una estadística más de los homicidios del país. Pero, por alguna razón, la dejó libre a la altura de un parque en el centro de San Salvador.

“Cuando me dejó en libertad solo pude pensar que estoy haciendo algo bien en mi trabajo y que me tengo que enfrentar a estos retos y a estas situaciones de inseguridad. El Estado jamás investigó este delito, según las fuentes de la Policía el centro comercial se negó a entregar las cámaras de seguridad”, cuenta.

Para Bianka su caso es un reflejo de la impunidad y falta de acceso a la justicia que enfrenta la población LGBTI en el país.

Bianka dice que recibir el premio Nansen, apareciendo en distintos medios de comunicación, la pone en una situación de inseguridad por su labor, sobre todo por ser mujer trans. Pero no dejará de trabajar.

“Para mí este premio significa una lucha, no solo mía sino de todas las personas LGBTI que vivimos día con día esa marginación, esa exclusión, esa violencia, esa falta de acceso a nuestros derechos. Por todas aquellas que han tenido que fallecer por causa de la intolerancia, a causa del odio”.

Durante la ceremonia en la que ACNUR anunció su premiación, Bianka vistió un vestido rojo.

“El color tiene un significado para mí, la sangre que ha sido derramada de todas mis compañeras trans que han sido asesinadas, de mis compañeros hombres trans”, dice Bianka.

Recuerda a un joven trans que fue asesinado el año pasado, él era una persona desplazada interna, que estaba en una situación de riesgo, pero el Estado no le brindó la protección.

El caso sigue impune.

Entre sus mayores anhelos está la creación de una ley de Identidad de Género, para que ella y todas las personas trans de El Salvador puedan ser reconocidas legalmente.

También señala la necesidad de una ley de no discriminación por motivos de orientación sexual o identidad de género.

“No estamos pidiendo derechos especiales, son derechos que todos los ciudadanos tienen y que a ellos sí les son garantizados. Mi sueño es que yo como mujer trans quiero caminar en la calle segura, que dos hombres gay puedan caminar en una calle seguros, que dos mujeres lesbianas puedan caminar por una calle sin ser discriminados, sin sufrir violencia verbal, sin sufrir violencia física”.

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