Ari, un genio salvadoreño de 12 años en un país sin opciones para estos jóvenes

A su corta edad, el estudiante con altas capacidades cognitivas es un devorador de conocimientos enfocado en temas como la genética, astrofísica y física cuántica, entre otros.

El estudiante de sexto grado explica su tesis sobre la tabla periódica a su maestra Claudia Canales. Foto EDH / David Martínez

Por Rosemarié Mixco

Oct 01, 2019- 06:35

Ari Benjamín todavía es un niño como cualquier otro. Sus días transcurren entre responsabilidades académicas y juegos infantiles, pero sin descuidar sus proyectos personales.

“En este momento trabaja en la posible destrucción del universo, el tema de la extinción de los animales y profundiza en los elementos de la tabla periódica: su costo, numeración matemática y lugar de origen”, detalló Héctor Estrada, director de teatro y fundador de la Compañía de Ariel Zuria y padre del preadolescente.

A sus 12 años, el estudiante con altas capacidades cognitivas es un devorador de conocimientos enfocado en temas de genética, astrofísica y física cuántica, entre otros.

Para él y su esposa es habitual dedicar tiempo a escuchar las hipótesis científicas de su hijo mayor, quien además gusta de la química, la astronomía y los universos paralelos.

Hay que hacer notar que en la familia de este jovencito también destacan por sus capacidades intelectuales varios parientes residentes en el extranjero: Patricia Estrada Evans es encargada de los desechos nucleares en Canadá, César Valladares Estrada es ingeniero mecánico aeroespacial, en proceso de doctorado y trabaja en Innio Company en Ontario Canadá, Rodolfo Valladres Estrada es ingeniero químico y gerente de producción en Plygem Company en Kansas, Misuri, y Jaime Hernández Estrada es miembro del Consejo Consultivo de Educación del estado de California, doctor en Educación graduado con honores de la Universidad del Sur de California, fisiólogo, psicólogo y tiene doble maestría en Educación.

Los esposos Estrada están conscientes de que su primogénito nació con altas capacidades cognitivas, y han tratado de potencializar su intelecto en un ambiente que también contribuya a su desarrollo emocional.

Las señales de su brillantez surgieron en el momento de negarle la leche materna. “Le explicamos que mami ya no iba a darle más lechita y él lo tomó con tranquilidad”, recuerda el también exalumno del desaparecido director Filander Funes.

El preadolescente en el pequeño espacio de su casa donde trabaja a diario sus proyectos científicos. Foto EDH / David Martínez

Ari habló hasta los 3 años y medio. Debido a la presión social, sus progenitores terminaron consultando su caso a especialistas del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo Integral de la Niñez y la Adolescencia. “Nos echaron de allí, alegando que el niño no tenía nada y que en cualquier momento comenzaría a hablar”, recordó Estrada.

Y así fue. Durante la visita a una barbería, el niño dijo, no su primera palabra, más bien su primera frase: “Cuidado con eso”, dirigiéndose al barbero que le recortaba el cabello.

Luego se obsesionó con los cables de electricidad y las torres de transmisión. Llegó a solicitarle a sus padres que le concedieran una visita a la geotérmica.

Lejos de preocuparse, la capacidad intelectual de su hijo motivó a Héctor y su esposa Rosa Alba a buscar un centro educativo en el que Ari pudiese desarrollar con libertad sus aptitudes. “Y llegamos al colegio Malinalli Montessori, en Mejicanos”, indicó.

Allí, sus maestros y compañeros conocen de su talento y han sabido convivir con él. “Es un niño normal, bien enfocado y amante de los retos. Es un alumno que cuestiona de forma constante y muy participativo”, expresó su maestra Claudia Canales.

El genio de 12 años muestra algunos de sus dibujos de transmisión de energía eléctrica que realizó cuando eran solo un párvulo. Foto EDH / David Martínez

Este año, el genio de 12 años está por finalizar sus años de primaria, lo que obligará a sus papás a retomar la búsqueda de una institución que además de estimular el coeficiente de Ari, le permita continuar con su proceso de madurez emocional. Para ellos, es importante que el menor disfrute sus años de infancia y juventud con normalidad. “Estamos en una encrucijada, porque no hay opciones para él”, lamentó el artista, en el marco del Día de la Niñez.

La idea de inscribirlo en el Programa Jóvenes Talento ha cruzado por sus mentes en más de una ocasión, pero ellos están convencidos que la situación de su primogénito es más compleja.

La presidenta de la Fundación Altas Capacidades El Salvador, Evelyn Campos, respalda la posición de los padres de Ari y afirma que dicho programa no es una opción idónea para los niños con un coeficiente intelectual como el de él.

La profesional en Educación con conocimientos de neuropsicología explica que los menores con altas capacidades deben ser estimulados de forma adecuada desde sus primeros años, en un ambiente que les permita un desarrollo de su inteligencia emocional sin que sean vulnerados. “Son muy inteligentes, pero no dejan de ser niños. La universidad no es un ambiente adecuado para ellos”.

Ari almorzando con sus hermanos Matías de 9 años y Suri de 7, junto a su padre Héctor Estrada. Foto EDH / David Martínez

Aunque en el país existen leyes que garantizan una educación inclusiva, la realidad es muy diferente. Campos afirma que a los esfuerzos en pro de niños con discapacidades, se suman los esfuerzos en pro de niños con altas capacidades, pues no existen instituciones ni docentes formados para atender a este sector de la sociedad salvadoreña.

Un proyecto educativo en marcha

La necesidad, al igual que la paciencia, es madre de la ciencia. Evelyn Campos lo sabe muy bien.
Ella lidera la Fundación Altas Capacidades como resultado de sus constantes frustraciones, ante un sistema incapaz de respaldar la formación integral de su hijo Marcos Sebastián, otra de las mentes superdotadas que posee El Salvador.

La fundación surgió en 2012 y este año recibió todas las certificaciones que la acreditan como tal. Desde allí, junto a un grupo de profesionales y padres de familia que comulgan con su cruzada, trabajan para apoyar a a quienes se les acercan en busca de respuestas.

Por el momento, han logrado obtener la asesoría y el respaldo de instituciones como Fundación Avanza España, Mensa México, Mensa Perú, Altas Capacidades México, Centro Cadiz España y John Hopkins Center EE. UU.
Ante la falta de un censo de personas con este potencial cognitivo en el país, esta entidad sin fines de lucro se ha dado a la tarea de registrar cada caso que llega a sus manos.

El alumno de primaria también es aprendiz de piano en el Centro Nacional de Artes, donde labora su mamá. Foto EDH / David Martínez

Parte de su esfuerzo está dirigido a su portal web altascapacidadessv.org, a través del cual informan sobre el tema, cómo saber si un niño posee estas características, a quién acudir y las leyes que los respaldan.

En su esfuerzo por cambiar la realidad de estos niños y jóvenes en el país, han trabajado en un proyecto para crear una institución educativa adecuada para ellos, que incluye la formación de maestros.

En la actualidad, aún esperan que la ministra de Educación, Karla Hananía de Varela, responda a una solicitud de audiencia para presentarle su propuesta.

Mientras tanto, se han enfocado en gestionar becas para los niños y jóvenes que se han acercado a la fundación.

El día que descartó una tesis universitaria

El ingeniero Óscar Mancía, R & D Manager de Industrias Plásticas S. A. de C. V. Latinoamérica, conoce a Ari desde que era un bebé y afirma que el preadolescente no termina de sorprenderlo.

Ari explica a sus compañeros de sexto la línea del tiempo de las Eras Geológicas que elaboró como un regalo para el colegio. En esta, incluyó lo que él visualiza en el futuro de la humanidad. Foto EDH / David Martínez.

Cuenta que hace unas semanas, de visita en casa de los Estrada, compartió con él una teoría sobre cómo superar la velocidad de la luz —algo que en física teórica no es posible— que creó durante sus años universitarios. “Este consistía en un cilindro de cobre de longitud X mayor a una Unidad Astronómica, bajo el supuesto que este sería golpeado por una fuerza F, y se desplazaría de forma inmediata en su otro extremo. Esto supone que la intercomunicación entre moléculas de cobre sería mayor a la velocidad de la luz y que, por lo tanto, sería posible refutar a la Física Moderna”, explicó el profesional.

En minutos, tras escucharlo con atención, Ari le dijo que eso no era posible, “ya que el esfuerzo aplicado por la fuerza F deformaría estructuralmente a la barra de cobre, y que esta comunicación entre moléculas tendría un desplazamiento de onda, por lo que la velocidad sería muy inferior a la de la luz… Ok, hasta ahí llego en pie mi flamante teoría de universidad”, subrayó.

Mancía lamenta que mentes privilegiadas como las de Ari se pierdan en El Salvador, pues el país no cuenta con las instancias idóneas para potenciar el coeficiente intelectual de estos chicos. Sin embargo, no pierde las esperanzas de ver el día en que Ari realice un descubrimiento importante. “Dios quiera que en su desarrollo encuentre esas oportunidades, que sin duda sabrá aprovechar. Y quien sabe, en pocos años lo veamos en la revista de la Academia Mexicana de Ciencias o en Science Magazine“, concluyó.

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