Álvaro Artiga, catedrático de la UCA: “En estos 100 días, parece que la oposición no existe en el país”

Evaluar un gobierno resulta limitado si no se estudia a su contraparte, la oposición. Por eso, Álvaro Artiga, catedrático de la UCA, adelantó que la oposición se está comportando de manera tímida ante la nueva administración.

Por Ricardo Avelar

Sep 16, 2019- 05:10

El gobierno actual lleva un poco más de cien días y diversos medios y analistas se han dado a la tarea de evaluar su joven gestión.

Sin embargo, pocos se han detenido a pensar en el otro lado de la moneda: la oposición. Y es que un gobierno solo puede llegar tan lejos como sus opositores se lo permitan. Si estos son férreos, le mantendrán controlado y ceñido a la ley. Si son caprichosos, entorpecerán su trabajo. Pero si son serviles, lentos o tímidos, le dan carta abierta para gobernar como desee.

Para discutir dónde se ubica la oposición salvadoreña, El Diario de Hoy abordó al politólogo Álvaro Artiga, catedrático de Sociología y Ciencia Política de la UCA, quien compartió su visión sobre los límites que partidos y otros actores están poniendo al presidente Nayib Bukele. Esto es lo que el experto compartió con nosotros:

En 100 días se ha hablado poco de la oposición. ¿Qué impresiones le da?

Primero hay que definir cuál es la oposición a evaluar. La oposición tiene lugar en la Asamblea Legislativa, pues ahí están los partidos que compitieron en la elección y perdieron: ARENA, FMLN, PCN, PDC y podríamos incluir al CD y al diputado no partidario. Lo que hay que examinar es qué ha pasado con estos partidos desde que se supo el resultado electoral.

Por ejemplo, entre el FMLN y ARENA suman 60 diputados, una fuerza nada despreciable si se considera numéricamente. Entonces hay que ver para qué sirve esa fuerza parlamentaria y juzgar el papel de la oposición. Podemos resaltar que la principal función de la oposición es el control del gobierno para que no abuse de la autoridad delegada. No es oponerse por oponerse, sino ejercer control sobre los actos y desempeño de funciones del gobierno para que se den a cabo dentro de la legislación. Por eso, la oposición debería tener un rol bastante activo.

¿Lo ha tenido?

Quizá por el resultado del 3 de febrero y el temor a uno peor en 2021, en estos 100 días parece que la oposición no existe en el país.

Como que esos 60 diputados están más preocupados por lo que pasa dentro de sus partidos, pues además les ha tocado hacer elecciones internas y eso les ha puesto la atención hacia dentro y no hacia la relación con el Ejecutivo, una relación que han sido hasta cierto punto de subordinación. Ni siquiera ha sido conflictivo pese a la retórica del presidente. Los diputados y la Asamblea se han doblegado y subordinado a los deseos que vienen del Ejecutivo.

Por ejemplo, hay cosas que podrían ser interesantes como cuando el presidente pidió permiso para ir a Guatemala a la reunión del SICA y no fue a esta. Fue a Guatemala, se reunió con el presidente Jimmy Morales, pero no fue a lo que pidió permiso. La Asamblea tendría que haberle llamado a explicar por qué no fue, en pleno ejercicio de funciones de oposición, pero no lo hizo. Por eso el presidente ha sacado ventaja a pesar de no tener un grupo parlamentario importante.

Ambos partidos (FMLN y ARENA) enfrentaron procesos internos. ¿Cómo quedan tras estos?

Ambos procesos son muy diferentes. Estaba más competitivo y reñido el proceso del FMLN que el de ARENA. Ha cambiado la orientación de quién dirige el partido pero la Comisión Política está repartida en dos grupos. En ARENA parece que los contendientes no han sido figuras de peso en el partido, si bien uno fue precandidato presidencial. No tienen una gran trayectoria en otro puesto.

Pareciera más bien que en ARENA los que han tenido el control sobre el partido están abandonándolo o no perdiendo mucho tiempo en lo interno, en la medida en que el poder está en otro lado y quizá están pendientes de su relación con el Ejecutivo y los ministros, no de lo que pasa en ARENA.

El futuro de ambos partidos no se ve que tenga una incidencia que recuperen popularidad. Pesa más bien lo que hace el grupo parlamentario de cada uno y eso hace sombra sobre todo el partido. Y como están nulos en la Asamblea parece que no recuperan la popularidad que tuvieron.

Dentro de la Asamblea, si bien hay un rol tímido, ¿quién parece tener la voz más fuerte?

A pesar que el grupo parlamentario de 60 (23 para el FMLN y 37 para ARENA), no hay un liderazgo claro dentro del grupo parlamentario a pesar de sus jefaturas. Están como ensimismados tratando de mantener lo que tienen sin arriesgar y en ese sentido no hay una beligerancia. Antes de las elecciones uno jugaba el rol de oposición y el otro de gobierno, con lo que su beligerancia era mayor y eso les traía mayor visibilidad.

Como ambos están en oposición, no terminan de asimilarlo, porque estando en la misma posición más requieren alianzas que disputas entre ellos. Eso ha hecho que baje el nivel de confrontación entre ellos y no confrontan al presidente, que les daría visibilidad, por temor a que en 2021 pierdan más. Van con mucha precaución a la hora de pronunciarse sobre algo que haga el presidente.

¿Hay vínculo de este miedo con la frase “los mismos de siempre” que popularizó el presidente?

Eso es lo que les amarra, pues al hacer una alianza legislativa para hacer oposición, le daría la razón al presidente cuando les dice que son lo mismo. No son lo mismo pero necesitan sumar votos para avanzar su función de control. Discursivamente el presidente lo aprovecha y las dirigencias no saben reaccionar.

Y por el miedo a un mal resultado en 2021, no confrontan directamente al presidente. Ahí cometen un error porque si bien pueden tener resultado adverso si lo confrontan, así como va evolucionando sin confrontación igual van a tener un resultado negativo. Sabiendo que el resultado puede ser el mismo, deberían arriesgar. Es mejor perder arriesgando que perder por no hacer nada. Yo creo que no saben manejar una situación que es inédita.

Foto EDH / Yessica Hompanera

¿Nunca se prepararon para no ser la contraparte el uno del otro?

Exacto. Aun en campaña quizá pensaban que cualquiera iba a gobernar y que iba a seguir el mismo juego desde 1994: uno en el gobierno y otro en oposición. Ahora que ambos están en oposición y tienen que actuar conjuntamente, hay un cambio del sistema de partidos que tiene implicaciones en cómo se hace la política y estamos en un proceso de aprendizaje desde una arena donde no pensaron estar.

Más allá del miedo a 2021, ¿esta aparente timidez puede responder también al alto capital político del presidente?

Lo fundamental es que no saben cómo comportarse porque cuando intentan algo, desde la política oposición puede estar correcto pero el presidente es más hábil y como tiene el apoyo popular, le temen a que sus partidos sigan profundizándose en el fracaso electoral en lugar de salir de la tragedia en que han caído.

Pesa el calendario electoral y la popularidad del presidente más que su misma personalidad, pues no es que haya un conflicto entre órganos. Veremos qué pasa ahora que se presente el presupuesto, si hay controles o una posible subordinación de la oposición.

¿Cómo se valora el uso de cadenas en medios de parte del presidente?

El presidente es institucionalmente débil, le faltan recursos institucionales para apoyar su gestión. Él solo cuenta con su gabinete, no tiene un partido político que le apoye en el campo legislativo, en los municipios y no tiene control de otras instituciones como lo tienen los otros partidos, que en la forma tradicional se repartían el control de las instituciones.

Su fuerza viene de la opinión pública y con ella trata de doblegar a los otros partidos que controlan las instituciones. Esta política comunicacional de apelar al público le hace ver más fuerte y los diputados se achican y van para atrás. Es un juego de imágenes.

¿Cómo se mantiene o quiebra esta ventaja?

No sabemos cuánto va a durar. Él dijo que el país era un niño enfermo que necesita medicina amarga, pero de eso no hemos tenido nada. Pero supongamos que antes de 2021 él tuviese que tomar medidas impopulares, ahí podría empezar un quiebre de su popularidad.

Mientras haya una percepción de voluntad de cambio y los partidos vean hacia dentro sin cumplir su función de control, el presidente puede tener la opinión pública de su lado. Hasta 2021 el presidente necesita ese apoyo. Si tras las elecciones logra controlar la Asamblea Legislativa y la mayoría de gobiernos municipales, lo que tendríamos es un gobierno que controla la institucionalidad y ahí ya no sabemos qué puede hacer un presidente con tanto poder.

¿Hay algún antecedente de este control en la historia democrática reciente?

No. Por lo menos desde las elecciones libres desde 1994. Desde los Acuerdos de Paz no se ha dado eso porque el sistema electoral está hecho para evitar ese escenario y que haya al menos tres partidos, dos grandes, que necesiten de un tercero para formar mayorías.

Por la crisis de ambos partidos, si todo continúa como ahora está, es probable que el presidente obtenga una mayoría más allá de 43 diputados y mayoría de gobiernos municipales. Con esa mayoría podría tener influencia al elegir magistrados, fiscal, procuradurías y otras instituciones. Ahí es donde las tentaciones de querer ir más allá de la ley pueden florecer.

Estratégicamente, ¿conviene más ser una oposición de alguien popular o seguirle la corriente con el riesgo de volverse irrelevante?

Depende del partido. Los chicos no aspiran a ganar elecciones y se conformarán con estar ahí como bancadas pequeñas.

¿Pero pueden tener relevancia cualitativa como opositores?

Pueden tener una presencia simbólica, ser la voz discordante, facilitar información de lo que pasa en la Asamblea; pueden tener un rol positivo pues están donde se decide y pueden decirle a la gente qué está pasando.

Para los otros partidos más grandes, con organización territorial, lo que interesa aspirar a ganar la presidencia o mayoría legislativa, pero si ya tienen el cálculo que no crecerán mucho, mantenerse es lo más cómodo.

GANA no esperaba ser partido de gobierno. Se le abrió una ventana de oportunidad y trata de sacar provecho y habla de coaliciones con Nuevas Ideas, pues teme que este sea el partido mayoritario en el Legislativo. Depende del tamaño del partido y su capacidad de negociación, intentará crecer, pero si son conscientes de tener aspiraciones más limitadas, quizá conviene cuidar las curules actuales. De eso dependerá qué oposición sean…

¿Qué hay de actores no partidarios que generalmente hacen oposición?

En la medida en que muchas organizaciones estaban vinculadas al FMLN y seguían su línea, ahora que el FMLN se llevó a una situación de casi irrelevancia, esto ha tenido consecuencias en las agrupaciones sociales vinculadas al partido.

El Frente se encargó de desmovilizar a la sociedad para que no le hicieran oposición pero ahora que enfrentamos una nueva situación, tampoco hay oposición en la calle. No vemos a los maestros, médicos, empleados públicos que ante tanto despido ya habrían reaccionado como en otros tiempos.

Parece que hay una ausencia de organización social lo cual no quiere decir que haya ciertos sectores que tengan el germen de organizarse, pero no quieren asociarse ni a organizaciones que apoyaron al Frente ni ARENA.

Con base en el rol de la oposición en estos cien días, ¿es optimista el panorama para el país?

Ahí depende de qué haga la oposición. Hay un escenario que es favorable para la democracia porque el presidente no controla las instituciones y estas le pueden controlar a él. Eso no estuvo presente en los periodos anteriores. Los presidentes influían las instituciones y por eso pudieron hacer mucho de lo ilegal que hicieron.

Este es el escenario ideal para que funcionen los controles institucionales pero parece que la oposición, que es la que puede echar a andar estos controles, no se ha dado cuenta de eso y se puede perder esa oportunidad en 2021.

2021 es clave para todos. El escenario más sano es que volvamos a tener una Asamblea que el presidente no domina, pero si por el desempeño de la oposición tenemos un resultado arrasador para el presidente, tendremos un resultado que facilita caer en situaciones complicadas. Con pocos controles, lo más probable es que un presidente lo aproveche.

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