Hermanas en busca de señal en medio del cerro de Ahuachapán

Matilde y Marlene han improvisado un salón de clases en medio de la montaña , en el cantón El Tigre de Ahuachapán, para tener internet y acceder a sus clases virtuales.

Debido al distanciamiento físico para evitar el contagio por COVID-19, Matilde y Marlene Pimentel han improvisado un salón de clases en medio de la montaña , en el cantón El Tigre de Ahuachapán, para poder tener internet y acceder a sus clases virtuales. Foto EDH/ Menly Cortez

Por María Navidad

Ago 22, 2020- 23:30

El deseo de superarse y las ganas seguir estudiando hicieron que Matilde Amelida Pimentel Álvarez, de 22 años, y su hermana Marlene Esmeralda, de 19, salen a rebuscarse a los cerros del cantón El tigre de Ahuachapán, para encontrar señal de internet y así poder recibir sus clases virtuales.

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Desde marzo, cuando el Ministerio de Educación cerró las aulas debido a la cuarentena por COVID-19, las hermanas Pimentel Álvarez tuvieron que ingeniárselas para no atrasarse en sus clases, ya que en su vivienda “no pega” la señal de internet. Ni siquiera para hacer llamadas.

Melita, como es conocida Matilde Amelida, estudia el segundo año de profesorado en Matemáticas y su hermana Marlene recién inició la licenciatura en Estadística en la Universidad de El Salvador con sede en Santa Ana.

Matilde Pimentel, estudiante de profesorado en Matemática, y su hermana Marlene, quien lleva primer año de Licenciatura en Estadística, residentes del cantón El Tigre, en Ahuachapán, deben escalar hasta un cerro para recibir sus clases virtuales debido a la escasa señal de internet en su localidad

“(La carrera) no ha sido fácil porque vivimos lejos de la universidad. Cuando me toca presencial y tengo clases a las 6:45 de la mañana me levanto a las 3:30 de la madrugada para salir a tiempo. Caminó más de 40 minutos al caserío Los Horcones, de donde sale el carro que me lleva al arco (Durán). A las 5:10 de la mañana agarró los primeros microbuses que van a Santa Ana”, contó Matilde.

Aunque el sacrificio para estar a tiempo en el salón es bastante, asegura que el aprendizaje era mejor. “Me he ahorrado estar viajando, pero aquí lo complicado es que no hay señal; por lo menos las clases en vivo es raro que pueda escuchar una parte completa como la dice el licenciado, de ahí se escucha entrecortado y no se entiende”, añadió.

Para conectarse, Melita paga un plan de $25 dólares, pero este no alcanza para que se conecte Marlene, por lo que ella debe tener al menos $2.10 de saldo, para recargar y recibir la clase.

Según recuerdan las universitarias, en un principio, su celular solo tenía cobertura si se subían a un árbol de aceituno que está en medio del cerro; pero buscando aún más encontraron un lugar, cerca de la quebrada conocida como Los Porrones, donde la señal es un poco más estable.

La historia de Matilde se conoció a través de Twitter, luego que el jefe del puesto policial de Las Chinamas, José Castro, encontrará a la joven sentada en una silla con sus cuadernos en una pequeña mesa, en medio del cerro, durante uno de sus patrullajes de rutina.

Bajo la sombra de dos sombrillas, se sientan Melita y su hermana para recibir las clases. El pequeño espacio, en medio del monte, se ha convertido en su nueva aula.

“Es poca la señal que nos llega hasta aquí, pero aunque sea con ese poquito y el deseo que tenemos de terminar la carrera, para poder ayudar a nuestros papás, nos hace quedarnos aquí”, expresó Matilde.

Su padre Porfirio Pimentel, quien se dedica a sembrar milpa, se encargó de cortar la maleza y colocar tres varas para que pudieran colgar sus teléfonos y las sombrillas. Por su parte, Dora Alicia, su madre, se encarga de cuidarlas y llevarles repelente para que los zancudos no las piquen.

“Yo vengo con ellas a ayudarles, con las mesitas, porque traen cuadernos y su cuchumbita de agua. También me da miedo que estén solas por cualquier animal, porque aquí es montaña y por cualquier persona malintencionada”, comentó Dora.

Para Marlene, la número 8 de 10 hermanos, su primer año de universidad fue más difícil de lo que imaginó. El no tener buena cobertura de internet le impide recibir las clases a la hora indicada. Por lo que debe esperar a que queden grabadas en la plataforma de la universidad para escucharlas.

Sin embargo, esto no fue impedimento para que este ciclo ambas llevaran las cinco materias que indica su pensum. “Todavía lo pensaba el último día de inscripción , pero le dije inscribamos aunque sea poca señal porque yo no me quiero atrasar. Si no inscribo debo esperar un año para que vuelva este ciclo y no es ese mi objetivo, sino salir lo más pronto que se pueda para encontrar un trabajo y poder ayudar a mi familia”, aseguró Matilde.

Uno de sus sueños es poder sacar adelante a su familia y ser las primeras en tener una carrera universitaria de la familia Pimentel Álvarez. “Mi sueño es terminar la carrera en el tiempo que se ha establecido, encontrar un trabajo pronto y compartir lo que yo he aprendido con otros jóvenes y luego estudiar la licenciatura en Matemáticas”, agregó.

Matilde tiene un mensaje para los jóvenes que, como ella, deben luchar por hacerse de una carrera: “Yo les diría que no se den por vencidos porque en la vida siempre hay obstáculos, pero nuestros objetivos y sueños siempre deben estar fijos. Los dueños de nuestros sueños somos nosotros”.

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