“Que un presidente goce de popularidad no le da un cheque en blanco”, dice abogado ecuatoriano

El abogado Mauricio Alarcón, experto en derechos humanos, analiza cómo los gobiernos de la región están atacando la libertad de expresión y prensa

Por Enrique Miranda

Dic 15, 2019- 21:45

Desde la experiencia de los ecuatorianos con el ex presidente Rafael Correa, que encontró en los medios independientes y los ciudadanos críticos de su gestión uno de sus principales blancos, Mauricio Alarcón, Director Ejecutivo de la Fundación Ciudadanía y Desarrollo, recuerda al resto de latinoamericanos que la libertad de expresión y el derecho a la crítica de los ciudadanos es un derecho fundamental y uno de los principales pilares de la democracia. Explica cómo la censura y la estigmatización a quien opina diferente se ha vuelto común entre gobernantes del continente, independientemente de su ideología-si son de derecha o izquierda. Del estado de la democracia y sus valores fundamentales en la región, El Diario de Hoy habló con este abogado experto en derechos humanos.

“Es frecuente que un mandatario viva de encuestas, quiera ver números, quiera sentirse amado. Altos grados de popularidad el día de hoy pueden ser grandes crisis de impopularidad mañana si es que no se sabe interpretar el sentimiento de la gente”

Abogado ecuatoriano Mauricio Alarcón,

¿Cuál es el balance democrático de la región?

Si analizamos lo que ocurre en América Latina es indiscutible que ha bajado la calidad de la democracia. Yo creo que no basta con hablar de democracia de manera general si no que hay que analizar ciertos elementos que son los pilares fundamentales de esa democracia y es indiscutible que en varios países de la región ha habido serios problemas con la independencia judicial, la cual es uno de los pilares. Que ha habido serios problemas en cuanto a procesos electorales: su transparencia y el concepto mismo de lo que significan elecciones libres y también lo que corresponde a libertad de expresión y libertad de prensa, que es, quizás, el pilar democrático que más severamente se ataca por parte de todos los gobiernos de la región.

¿Dónde ha visto más ataques a la libertad de expresión?

Uno ve que ya no es un asunto, como equivocadamente se creía, de ideologías. La libertad de expresión recibe golpes tanto de los grupos que se califican de izquierda como los de derecha. Basta ver lo que está sucediendo en Brasil, por ejemplo, donde hay una alta intolerancia a la crítica. Donde igual se ataca a los medios de comunicación y periodistas. Es indiscutible que hay problemas de libertad de expresión en un país que su gobierno se autodenomina como progresista o de izquierda como el caso de Nicaragua, donde se llega incluso al extremo de restringir incluso el acceso al papel para que los periódicos no puedan imprimir sus ejemplares. No digamos lo que hasta hace pocos días ocurrió en Bolivia, no digamos lo que continúa ocurriendo en Venezuela. No digamos el problema que existe en países como Honduras o México, en los que incluso se llega a asesinar periodistas por el trabajo que realizan. Y creo que incluso hay que ver el tema de libertad de expresión incluso más allá de lo que significan medios de comunicación y periodistas y ver que hay un patrón general en todos los países de la región a propósito del internet y la penetración de las redes sociales en la vida diaria del ciudadano, en que se ataca, se agrede, se estigmatiza, se persigue a través del internet y las redes sociales a ciudadanos por el único hecho de pensar distinto o el ser críticos con un régimen. Lamentablemente estamos viviendo patrones de conducta en todos y cada uno de los países de la región. Al momento, no puedo yo decir que hay un país en Latinoamérica que respete y garantice de manera plena la libertad de expresión de sus ciudadanos.

Entonces, es un problema grave…

Por supuesto. Además se agrava cuando entramos en ese difícil terreno de la corrección política. Cuando entramos en ese difícil terreno de lo que significa el discurso de odio. Cuando la gente tiene una extrema sensibilidad con lo que el sistema interamericano ha definido como discurso chocante. No todo lo que dice la gente, no toda expresión chocante de un ciudadano común debe considerarse como una afectación a la honra, a la reputación, a los derechos del otro. Y eso, generalmente, lo que provoca es autocensura que es quizás una de las situaciones más críticas y graves de la libertad de expresión en nuestros países.

En Ecuador, Correa tenía alta popularidad y advierte que eso puede derivar en excesos…

Por supuesto, el hecho de que un gobierno sea popular, que un presidente tenga y que goce de popularidad no le da un cheque en blanco para que haga lo que le dé la gana. No debe ser jamás interpretado como carta blanca para hacer cualquier cosa. El hecho de que se cuente con un respaldo popular, el hecho de que la gente diga que está de acuerdo con lo que un gobierno está haciendo debe ser visto como más compromiso hacia la garantía de los derechos y libertades de la ciudadanía. No una forma de avalar cualquier tipo de acción que pueda resultar más bien perjudicial para esos derechos y libertades. Y muchas veces además la voracidad que tienen los gobiernos totalitarios y autoritarios no conoce límites. Y lo que empieza a veces como un tuit estigmatizante o como una censura al impedir cobertura de un medio de comunicación o un periodista en un acto oficial puede terminar en Ecuador con un poco más de dos mil amenazas y ataques a la libertad de expresión y prensa. Persecución directa a las personas por el único hecho de pensar diferente.

¿A qué se refiere con la estigmatización?

Cuando una persona ostenta poder en cualquiera de sus formas, todo lo que diga o haga tiene un impacto mayor que el de un ciudadano común. Precisamente por su capacidad de llegar a más gente. No se diga cuando esa persona es el presidente de la república. Catalogar de una manera específica a una persona o a un periodista, descalificar o estigmatizar a través de un insulto a un periodista o a un ciudadano desde las más altas esferas de poder puede tener un impacto mucho mayor que un simple insulto de un ciudadano de la calle porque se amplifica la llegada de ese discurso estigmatizante. Por lo tanto, se aumenta la posibilidad de riesgos de vulnerabilidades a quien está siendo víctima de ese discurso. Cuando ya esas expresiones pasan a ser además política de gobierno y a mantenerse de manera sostenida, como el caso ecuatoriano, en el que el discurso recurrente y frecuente era el de prensa corrupta, sicarios de tinta y otras descalificaciones a los periodistas y comunicadores, ese discurso permea tanto en la sociedad que ya después cualquier ciudadano se cree con derecho de atacar o incluso de agredir a un periodista por lo que dice o hace.

¿Cómo enfrentó esto Ecuador?

Una difícil respuesta porque el daño de tantos años de tener una política de gobierno de censura, de estigmatización caló mucho en una generación completa que creció con una idea totalmente distorsionada de lo que es libertad de expresión. El daño, como digo, ha permeado mucho en la sociedad. Y si bien, por ejemplo, hoy no tenemos un gobierno nacional que persigue, que estigmatiza o que agrede a los periodistas, tenemos a ciudadanos que se creen con derecho de estigmatizar, de perseguir, o de agredir a los periodistas usando la misma terminología y las mismas acciones que en su momento usó el poder. Permeó e hizo mucho daño ese discurso estigmatizante. Recuperar la libertad de expresión plena, el respeto al trabajo periodístico es algo que va tomar mucho tiempo porque tendremos que reconstruir los valores democráticos en una generación completa de gente.

¿Qué recomienda al país?

Creo que lo principal es no normalizar comportamientos que incluyen amenazas. Hoy nos decían: Es apenas un tuit. O es apenas un impedimento de cobertura. No, es que no es una práctica común. Las amenazas a la libertad de expresión no funcionan por cantidad. No debemos esperar a que haya diez periodistas muertos para hablar de un problema de libertad de expresión. No debemos esperar a que haya 100 tuits estigmatizantes para hablar de problemas de libertad de expresión. Los riesgos, las amenazas están en los detalles más pequeños. Lo que nos corresponde como ciudadanos responsables aquí en El Salvador es denunciar y combatir estos intentos de censura, esos intentos de acallar a los medios de comunicación, de censurar a los ciudadanos por ser críticos, de impedir el trabajo de investigación periodística o de control social, el cual es legítimo para cuestionar al poder. El reto es enorme, pero todo inicia por dejar de normalizar comportamientos que no tienen absolutamente nada de normales.

¿Ve riesgo a la democracia de que en este momento de la región en que los pueblos piden cambios lleguen al poder líderes que dicen que cortan con el pasado, como Argentina o México?

Los políticos son hábiles e inteligentes para capitalizar el sentir de la gente. Desde México hasta Argentina la gente ha visto el surgimiento de líderes políticos que son suficientemente hábiles y capaces de capitalizar el sentimiento de la gente, capitalizar incluso su animadversión hacia ciertos sectores para obtener réditos propios. Para nadie en la región completa es discutible que hay problemas con los medios de comunicación, que no todo el trabajo periodístico es responsable. Los periodistas al igual que cualquier otro profesional cometen errores. Las organizaciones de la sociedad civil pueden tener problemas el momento en el que alguien no se siente identificado con su trabajo. Pero lo que hay que hacer es aumentar de manera seria el respeto y la tolerancia por la disidencia, por la diferencia, por la crítica para evitar que esa antipatía sea capitalizada por los líderes políticos que además se nutren de populismo para llevar acciones que después constituyen violaciones de derechos fundamentales. Eso es aplicable no solo para la libertad de expresión sino para cualquier otro tipo de derecho.

¿Con esta ola de inestabilidad en el continente, ve riesgo para la democracia estas manifestaciones?

Sí, indiscutiblemente. Si hay un derecho que está consagrado en nuestras constituciones y en los tratados internacionales es el derecho a la protesta pacífica. Ese es el derecho que tiene que ser respetado y garantizado en democracia. Pero cuando la ciudadanía cruza la delgada línea del pacifismo y se dedica como ha ocurrido en muchos países a cometer actos vandálicos, a destruir propiedad privada, a agredir y afectar a otros por no plegarse su protesta no estamos frente al ejercicio de ningún derecho, estamos frente al cometimiento de delitos que tienen que ser perseguidos y sancionados por la justicia. Cuando esto no ocurre y la gente malinterpreta el ejercicio de un derecho por supuesto que se está poniendo en riesgo la democracia. Y del otro lado, cuando un gobierno no garantiza los derechos de sus ciudadanos y cuando un gobierno no escucha y canaliza las legítimas aspiraciones de la ciudadanía también está poniendo en riesgo la democracia y creo que es momento, a propósito de lo que ha ocurrido en Ecuador, Colombia, en Bolivia, en Haití, de sentarnos a pensar cómo es el modelo de gobierno para nuestros países. No discutir sobre si democracia o no democracia porque con todas sus falencias ya se ha demostrado que es el mejor sistema político que existe hasta el momento. Pero quizás sí preguntarnos sobre la forma en que funcionan nuestros gobiernos, sobre la forma que esos gobiernos canalizan el sentir de la gente, sobre la forma en que garantizan los derechos de sus ciudadanos. Y un detalle adicional a propósito de lo que está sucediendo en Chile. Un proceso constituyente, una nueva Constitución, las leyes no son varitas mágicas que resuelven de manera inmediata los problemas. Esas son salidas fáciles, demagógicas y populistas que quizás a corto plazo generen satisfacción pero a mediano y largo plazo generen problemas.

¿Qué mensaje dan estos pueblos?

La política tiene que cambiar más allá de los mensajes que reciba por parte de la ciudadanía. Mantener instituciones partidistas, caducas, bajo esquemas y modelos de hace varias décadas es impensable en una sociedad en la que por ejemplo la tecnología demanda cambios ágiles, rápidos. La ciudadanía quiere ver en sus representantes y políticos también esos cambios y esas respuestas a lo que está sucediendo el día de hoy. No hay país latinoamericano donde las condiciones sean las de hace 30, 40 años. Las sociedades evolucionan y lo que los individuos esperan es que sus estados y sus gobiernos evolucionen a la misma velocidad en que están evolucionando sus sociedades. Instituciones caducas no pueden responder a una realidad indiscutible en la que se van moviendo las cosas con agilidad impresionante.

¿Son los medios críticos los más proclives a los ataques?

Se empieza por los medios críticos, por los ciudadanos críticos pero termina afectando a todos. No es un asunto que de manera general y con el pasar del tiempo se mantenga encapsulado en un grupo específico de la población o de los medios. Tarde o temprano este tipo de ataques terminan afectando a todos los ciudadanos. Lo que hoy es con un grupo de medios, con un grupo de ciudadanos, lo que hoy es con un grupo de políticos opositores lamentablemente si se normaliza llega a ser ejercicio puro y duro del poder respecto de todos sus ciudadanos eso es precisamente lo que hay que combatir. Es lo que como ciudadanos tenemos que promover y defender. Garantía plena de esos derechos fundamentales para que nadie en el poder se crea con derecho de callar a otro por el simple hecho de pensar distinto.

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