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TAEKWONDO: Maestro Choi, su legado queda

El padre del taekwondo y judo en El Salvador fue enterrado el sábado, pero sus enseñanzas viven en miles de alumnos en varios rincones del mundo

Rodeado de trofeos, medallas y recuerdos en su gimnasio en Miami. Foto: Cortesía de Choi's School

Por César Najarro - @cjnajarro | Nov 10, 2019- 20:50

MIAMI. El sábado 2 de noviembre, el maestro Byung Ho Choi se despidió del mundo terrenal. Fue en una ceremonia rodeado de su familia, pero también de múltiples personas que le guardan un profundo respeto a quien en vida fuera un ejemplo a seguir, un formador de mejores seres humanos.

En su paso por El Salvador, que duró 14 años, dejó un legado invaluable. Fue él quien introdujo el taekwondo y el judo al país, en una época de mediados de los años 60 en la que, cuando se hablaba de artes marciales y de las películas chinas que influenciaban a los jóvenes, era el karate lo que se conocía.

Su llegada no fue casualidad. Estuvo marcada por su historia personal, parte de la cual compartió, desde Miami, su hijo Il Young Choi para Cancha.

Nacido el 21 de diciembre de 1938 en Pionyang, Corea del Norte, cuando era un niño migró junto con su familia. “Muchos se fueron a Rusia, Chile, o a otras partes para huir de las garras del comunismo. Otros lo hicieron hacia el sur”, contó Il Young.

La familia se asentó en Corea del Sur sin nada material. Con el tiempo, la dedicación, disciplina y mucho esfuerzo, sobresalió en las artes marciales, se graduó del Korea Judo College, y más adelante se convirtió en campeón nacional.

La estampa del Gran Maestro Choi, siempre listo para el combate. Foto: Cortesía de Choi’s School

Foto: Cortesía de Choi’s School

“En esa época, no había categorías como ahora, era libre. Él fue campeón nacional, es decir, campeón ante todos”, cuenta su hijo. Pero hay algo fundamental que le permitió, más allá de destacar de gran forma en lo deportivo, como ser humano, sus características particulares para convertirse en un gran maestro.

Con una personalidad única, un carácter fuerte pero con un gran trato como padre, fue también un ejemplo para muchos de sus alumnos. No representó a Corea del Sur en Juegos Olímpicos simplemente porque en esa época su deporte no formaba parte de las competiciones oficiales de ese nivel.

Su llegada a El Salvador
En la época del gobierno de Fidel Sánchez Hernández, este votó a favor de Corea del Sur en las Naciones Unidas y se hizo amigo del presidente del país asiático, Chung-hee Park.

Eso permitió que las relaciones diplomáticas se robustecieran y llevaran a un intercambio cultural. De Corea, la idea fue enviar a las mejores personas en artes marciales.

Fue así como el maestro Choi llegó a El Salvador en 1965, para impartir, más que un deporte, una filosofía de vida. “A diferencia de otras artes marciales actuales, como las Artes Marciales Mixtas, lo que distingue la manera en que mi padre enseñó es la disciplina y tradición que él aprendió de sus maestros”, cuenta su hijo.

Esa filosofía estaba basada en la disciplina, en la confianza en uno mismo, en poder desarrollar el potencial máximo de cada persona, todo junto con valores de integridad, lealtad hacia la familia y amigos, respeto, confianza. “Todo eso ejemplifica la vida de mi padre. Cuando él huyó de Corea del Norte no tenía nada, era un país muy pobre. Y él, debido a su dedicación a las artes marciales, sobresalió. El nivel de excelencia como maestro y campeón lo llevó a ser reconocido en Corea, El Salvador y EE.UU.”, agrega.

Dio clases en la Unviersidad Nacional de judo y taekwondo. Fue el que organizó los primeros campeonatos a nivel nacional y centroamericano de taekwondo en el Gimnasio Nacional, entre los años 70 y 71. Muchos de sus alumnos fueron campeones nacionales, que luego se convirtieron en maestros. Algunos de ellos aún están hoy en las federaciones locales.

En el Gimnasio Central de Taekwondo, que estaba ubicado en la 25 Avenida Norte y era conducido por el Maestro Choi, también llegaron otros maestros coreanos para aportar en la época, como Jeong Mansoon, Kiel Jung Park y Wong Jim Park, recuerda Óscar Pineda, presidente actual de la federación de taekwondo. “Era una autoridad en el judo. Y a través de él se trajo el taekwondo al país, formó a muchos maestros, como Roberto Baratta, Mario Pacheco o los coroneles Ramón Suvillaga y Efraín Tejada. Antes de Choi, solo el karate se conocía aquí”, añade Pineda, quien precisamente inició las artes marciales en este último deporte.

Choi ejecuta su “golpe de cuchillo” con la mano para quebrar el cuello de una botella. Foto: Cortesía de Choi’s School

Llave aplicada a un rival durante entreno y sesión de fotos, en los 70s. Foto: Cortesía de Choi’s School

Choi fue el entrenador principal del equipo nacional de judo para los Juegos de C.A. y Caribe de 1974, y también para la participación del equipo nacional en el Segundo Campeonato Mundial de Taekwondo en Seúl, Corea, al año siguiente; del tercero, que se disputó en Chicago en 1977, y del cuarto, en Stuttgart, en 1979. Para ese último año, fue elegido vicepresidente de la Pan American Moo Duk Kwan Society.

Además, fue presidente del Martial Arts Comittee de la U.S.T.U., de la National Supreme Board of Examiners and Promotion for the U.S.T.U., de la Federación Coreana de Artes Marciales en EE.UU., del colegio coreano de judo Alumni Association, entre otras distinciones. Además, fue el entrenador principal del equipo nacional de taekwondo de Estados Unidos en varias ocasiones, y fue distinguido con el noveno Dan.

“Yo lo recuerdo tradicional, muy disciplinado, con autoridad. Y eso contribuyó a formar el carácter de los que practicaban con él, judocas aquí en el país destacados, como Mauricio Sandoval, uno de los más famosos. Tenía una influencia tremenda, era una autoridad en el deporte”, añade Pineda.

También dio clases en la Policía Nacional, y en la escuela militar Gerardo Barrios. En esta última durante 5 años.

Su aporte fue constante y recibió reconocimientos de los presidentes Sánchez Hernández, Arturo Armando Molina y Carlos Humberto Romero, así como de Corea del Sur por su contribución a las buenas relaciones con El Salvador a través del deporte.

En 1980, ya con los problemas sociales y el conflicto en el país, Choi migró hacia Miami, a donde compró una escuela que estaban por cerrar. Esa escuela, que aún existe, llegó a ser de las más importantes de todo Estados Unidos, con más de 600 estudiantes en una época. Incluso le valió un reconocimiento en 1992 de la federación local ya que de ahí surgieron 3 campeones nacionales de las categorías oficiales, algo que, a la fecha, recuerda Il Young, nunca había sucedido.

Dio clases hasta donde pudo. Hace 5 años, su salud desmejoró debido al Parkinson. Pero su carácter era inquebrantable, y siempre trataba de participar en las enseñanzas.
Este sábado pasado, cientos de sus alumnos viajaron desde distintas partes de EE.UU. y de varios países sudamericanos, además de Corea, para despedirse del Gran Maestro.

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