Médicos

“Bibi” Meléndez: de la gimnasia a salvar vidas en el Hospital Rosales entre la pandemia

Con 27 años, esta destacada atleta vive su segundo año de residente de cirugía en el hospital, que lucha contra el COVID-19

Emilia Meléndez (Der.) junto a sus compañeras residentes de cirugía, en el Hospital Rosales, antes de la pandemia. Foto EDH / Cortesía

Por Carlos López Vides | Jul 22, 2020- 04:30

Cada vez que Emilia “Bibi” Meléndez hacía un giro nuevo, o aprendía otro movimiento en la viga, o se caía de las barras y lo volvía a intentar, ya estaba entrenando para ser cirujana. Solo que era una niña y no lo sabía. No todavía.

La práctica de este exigente deporte lleno de gracia y elasticidad, pero también de duras caídas y resistencia al dolor, era una clase de tenacidad y esfuerzo. En ese mundo de la gimnasia artística, la pequeña “Bibi” se abrió paso con su talento y fue una de las más destacadas atletas de este deporte entre 2001 y 2009, cuando representó al país en torneos regionales, Centroamericanos y del Caribe, Panamericanos.

La viga de equilibrio siempre fue el aparato favorito de Emilia. Archivo.
FOTOS DIGITALES HUBER ROSALES

 

 

La gimnasia le enseñó a ser resistente, y ahora ocupa esta herramienta en su día a día, un día a día doloroso y difícil, pero que es su vocación. Emilia se graduó de medicina general de la Universidad de El Salvador en 2019, y en este 2020 vive su segundo año como residente en la especialidad de cirugía en el Hospital Rosales, lugar que vive el refuego y la crisis que ha traído esta pandemia del COVID-19.

Meléndez reconoce que la gimnasia le enseñó a ser fuerte.

“Siento que me ha hecho bastante resistente, y me ha ayudado a adaptarme. De pequeña, cuando hacía gimnasia, iba a otro país y nunca fui con mis papás a ningún lado, porque no tenían los recursos para acompañarme; iba sola o con mi entrenador, y tenía que adaptarme a estar en otro país, concentrarme en lo que hacía y lograr el objetivo. Tenías que armarte de valor. Eso me ha ayudado a adaptarme aquí (en el Rosales). Aquí uno vive cosas terribles. Es algo que requiere mucha disciplina y responsabilidad, como médico, porque si uno comete una equivocación, no es uno el que paga, quien paga es el paciente”.

La pandemia

Los hospitales están saturados de pacientes sospechosos de COVID-19 o ya con el virus confirmado en sus organismos, lo cual ha cambiado totalmente la rutina de “Bibi”, así como su aprendizaje de cirujana.

Emilia hace una comparación con la gimnasia: en el deporte, aprendía haciendo nuevos movimientos, y con la práctica luego conocía cómo hacer otros, y poco a poco iba avanzando. En cirugía, el ritmo es similar, pero se debe aprender haciendo, entrando a sala, enfrentando distintas situaciones en el quirófano.

Pero el ritmo, por la pandemia, es distinto. En el Rosales y otros centros hospitalarios públicos, ha bajado el número de operaciones, y muchos de los recursos humanos y equipo están destinados a atender la crisis del COVID-19.

Bibi, (Izq.) junto a la enfermera Carolina Morales, con equipo de protección, en el Hospital Rosales.
Foto EDH / Cortesía

“Por la pandemia, se ha modificado todo. No sólo estamos en lo quirúrgico. El personal ha ido retirándose porque se enfermaron o incluso porque han fallecido, el número ha disminuido mucho. Nos hemos hecho cargo de cosas que inicialmente no nos tocaba. En ciertos momentos nos asignan a las áreas de los pacientes COVID, rotamos por un mes”, describe.

Meléndez cuenta que “antes había entre 30 y 50 cirugías electivas diarias”, las cuales permitían que ella y sus compañeros en el segundo año de residencia en cirugía (5 mujeres y tres hombres) ganaran mayor experiencia en los quirófanos, pero “ahora, a lo mucho, hay 10 al día. Sólo se está priorizando las cirugías que se necesita, sobre todo las oncológicas”, por cáncer.

Meléndez, a la derecha, junto a compañeros residentes de cirugía en el Rosales. Foto prepandemia.
Foto EDH / Cortesía

 

“Se recibía mucho trauma, pacientes referidos, uno pasaba en sala todo el turno operando, y salía de madrugada”, explica “Bibi”, quien en un primer momento pensaba estudiar medicina deportiva, pero al final se decidió por cirugía, justamente, cuando la vio de cerca en el internado en el Rosales.

“Me gustó ver cómo uno puede cambiar el problema del paciente con sus propias manos, y ver cómo mejora gracias a algo que uno cambió, que uno quitó, que uno tocó. No es lo mismo en las demás especialidades, esto es más tangible. Es una sensación inexplicable”, comenta, sobre por qué la cirugía es ahora su pasión.

Pero la pandemia ha venido a frenar ese crecimiento como cirujana, “porque al estar en esa área de COVID retrasan nuestro aprendizaje quirúrgico, porque no estamos operando. El volumen de pacientes quirúrgicos o de trauma, como la gente no anda tanto afuera y no han tanto conflicto y violencia, el número de pacientes ha disminuido, y eso interfiere en nuestro aprendizaje. La cirugía no es algo teórico, que puede recibir una clase en línea, como está haciendo todo el mundo. Lo práctico solo lo logra uno entrando a sala y ver cómo se hacen las cosas, aprenderlas a hacer. Es como la gimnasia, uno tiene que practicar y practicar, y poco a poco va haciendo cada vez más. Si uno deja de hacer, se pierde, igual que en gimnasia”.

Emilia en sala de operaciones, junto a su compañera Marcela Román (Izq.).
Foto EDH / Cortesía

La preocupación por el COVID-19 ha llevado a “Bibi” a pasar desde marzo pasado viviendo en el hospital, porque no ha querido volver a su casa, pues le preocupa exponer a sus padres.

Por eso, para cerrar esta nota, la exgimnasta hace un llamado a la población: “Esto no es un juego, no es algo que sólo se está viendo en la televisión o en otro país. Está sucediendo aquí. No ven ni la mitad, ni la quinta, ni la décima parte de lo que sucede, y cómo la gente sufre, no sólo la gente que se enferma y muere, sino sus seres queridos, el personal de Salud. Va a llegar un punto de que el personal va a ser tan poco, que no vamos a dar abasto”.

Desde el Rosales y en la línea de combate contra esta pandemia, la exatleta que nos maravilló con sus giros y piruetas hoy nos pide responsabilidad, no salir de casa y seguir las medidas sanitarias. Para que la vida sea la mejor medalla.

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