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FOTOS: Salvadoreño destaca como entrenador de la UFC en Taiwán

Eduardo Lindo vive en la isla desde hace varios años y entrena en la franquicia de AMM más grande del mundo

Foto EDH/ Yessica Hompanera

Por César Najarro - @cjnajarro | Dic 16, 2019- 06:00

Eduardo Lindo parece un típico salvadoreño, no muy alto, con una voz suave y muy calmado. Está en el Gimnasio 300 de Artes Marciales Mixtas, en la colonia Las Mercedes de nuestra capital, y pronto dará una clase sobre Muay Thai, un deporte de combate tradicional originario de Tailandia.  ¿Qué hace un salvadoreño enseñando lo básico sobre las peleas que a diario se viven en ese país asiático?

Pasan los minutos, y, tras una breve charla y calentamiento, en un par de segundos lanza cinco patadas con la derecha y otras cinco con la izquierda, a una velocidad asombrosa.  Lindo ha vuelto a sus orígenes. Está en el país para enseñar un poco de este deporte en uno de los gimnasios a donde se inició como deportista, y que, tras varias vueltas de la vida y con gran esfuerzo, le llevaron a ser entrenador de una franquicia de la UFC en Taiwán.

La UFC, o Ultimate Fighting Championship, es la mayor empresa de artes marciales mixtas del mundo, y allá, en esa isla asiática, entrena Eduardo, de 26 años.

Comenzó haciendo karate con el sensei Óscar Aguilar, en una época en la que la película Karate Kid era famosa, y por lo que a sus padres les gustó la idea para que agarrara un poco de confianza y disciplina.


Foto EDH/ Yessica Hompanera

Foto EDH/ Yessica Hompanera

Tenía 5 años y, además de karate, luego comenzó a aprender kickboxing y judo, ya que su tío también entrenaba con Aguilar este último deporte.

“Me atrapó porque me sentía un poco más vivo. Yo tuve problemas de salud con el azúcar, entre los 8 a los 12 años, un síndrome metabólico por el que se daba una reacción química en mi cuerpo; en lugar de darme energía, me daba sueño el azúcar. Pero con el karate, judo y otras disciplinas, me sentía mucho mejor, y eso me ayudó a estar más enfocado y en diferentes ámbitos de mi vida”, cuenta.

Aunque sí compitió a nivel nacional e internacional, fue más en representación de su gimnasio.  Más adelante, también practicó jiu jitsu (otra arte marcial de origen japonés), luchas, y le agarró más interés a la UFC.

Pero tenía algo claro desde joven: “quería irme a Asia y busqué becas académicas. Comencé a aprender mandarín y japonés, apliqué a becas en Taiwán y Japón y me salió la del primero”.

Así, con 20 años, se fue a estudiar administración de empresas, pero seguía entrenando cuando podía. Además, en vacaciones, se marchaba a Tailandia, a donde conoció un mundo diferente.

Foto EDH/ Yessica Hompanera


Foto EDH/ Yessica Hompanera

“Allá pelean los 7 días de la semana, a toda hora, es un oficio, y además hay muchas apuestas (es legal). Los peleadores entrenan 6 horas diarias. Yo iba más que todo a entrenar, y luego peleaba cuando podía”.

En medio de todo eso, en los gimnasios donde entrenaba, le dieron varias oportunidades de trabajo. “Empecé en el TMMA, Wuja, Falcon Muay Thai, Daan Grappling, NCCU Boxing Club. Veían cómo entrenaba y cómo me esforzaba y les interesaba”, narra.

Justo cuando se estaba graduando, en 2016, la UFC abrió una franquicia en Taiwán y fue a un seminario con Robert McCullough, famosísimo entrenador y peleador.

“Después nos quedamos hablando, le interesó cómo entrenaba, le enseñé unos videos y me dijo que si estaba interesado en trabajar ahí. Comencé a medio tiempo y luego de 2 meses, me contrataron como instructor, ayudante en administrar la franquicia y en marketing y así he continuado por 2 años”, cuenta.
A futuro, sueña con poder abrir un gimnasio en El Salvador, pero, por ahora, volverá pronto a Taiwán a seguir entrenando a los nuevos prospectos de la UFC.

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