Opinión

OPINIÓN: “¡El éxito después de una derrota!”

Levantarse después de un fracaso no es fácil. Pero es lo que se aprende como deportista y es lo que quiero de mi país

Por Patricia Rivas - Tiradora olímpica | Ene 10, 2020- 04:00

Después de muchas horas de entreno, municiones disparadas, momentos donde pones a prueba tu psicología, aptitudes físicas, días completos sin ver a tu familia por los horarios difíciles de coordinar, pláticas interminables con tu entrenador quien desde su experiencia técnica te ayuda a encontrar el equilibrio perfecto entre estar relajado y estar alerta en un día de competencia, todos en equipo enfocados en lograr el triunfo de tu próxima meta.

Cuando ese día llega te despiertas temprano tratando de controlar los nervios, siguiendo patrones de conductas ya entrenadas, una ducha rápida para cuidar el tono muscular, un desayuno bajo en grasa que no necesite muchas horas de digestión, buena música, y respiraciones profundas que bajen tus palpitaciones, todo eso con la visión de ir a lo más alto del podio.

Una hora antes de la justa deportiva llega el momento de calentar mi cuerpo y mente. Me coloco parte de mi traje de competencia, me separo del grupo, hago estiramiento muscular, preparación mental, reviso el estado de mis armas. Y lo que pocos conocieron y yo resguardé con mucho recelo, procedo a ejecutar la táctica que pocas veces me fallo en mi carrera: “plática entre campeonas”, mi fusil y yo éramos imbatibles cuando trabajábamos con sinergia. La competencia esta programada a las 9:00 am y 20 minutos antes ingreso al polígono de tiro para prepararme, me ubico en la posición asignada, termino de colocar sobre la mesa guante, lentes, balas, me termino de poner chaqueta y pantalón quienes serán los responsables de inmovilizar mis músculos. Llegó la hora de poner en juego todo lo aprendido. El juez nos llama, da las indicaciones de arranque y esas horas de altos y bajos emocionales inician: 40 disparos, que para mi siempre fueron 40 competencias, porque cada uno de ellos sumaban para el triunfo.

La competencia inicia y todo va según lo planificado pero llega ese instante donde la concentración no es la suficiente y aparece un disparo con únicamente 8 puntos. No estaba dentro de los planes, en ese momento mi mente necesita reagruparse olvidar esos puntos perdidos y seguir adelante, un nuevo disparo y logro un 10, recupero la confianza pero algo no está bien, no me siento cómoda y al final de la competencia, los resultados no son los esperados, no logro entrar a la final de las mejores 8 tiradoras. El enojo, frustración, auto reclamo aparece, me retiro del polígono hacia la habitación de hotel tratando de entender ¿qué paso?, ¿qué hice mal?, ¿por qué efectué ese disparo que sabía no sería bueno, inevitablemente la pregunta después de un fracaso aparece, ¿valdrá la pena tanto sacrificio para tener estos resultados? Sin embargo, no tenía más que un par de horas para solventar todo ese sentimiento negativo en mi mente, al día siguiente y a la misma hora tendría una nueva competencia, una nueva oportunidad de superarme y hacer valer cada minuto de entreno.

Nuevamente se llega el día de la competencia me encuentro en el polígono más imponente y que para mí es la catedral del tiro olímpico, Munich Alemania, 116 tiradoras representantes de todo el mundo compitiendo simultáneamente en búsqueda del podio mundial, arranca la competencia para la que me preparé durante el año, enfocada en superar los obstáculos del día anterior, con la mente fría y convencida de mis habilidades. Arranco con los 40 disparos, en esta ocasión con mi compañera de batallas logramos ubicarnos en un 5° lugar a nivel mundial, únicamente nos superaron chicas de China, Checoslovaquia, Ucrania y Polonia.

Lo que el día anterior parecía lejos de cumplirse ahora se estaba tornando en una realidad, mi bandera de El Salvador estaba ubicado en lo más alto del ranking mundial. Una vez más quedaba demostrado que el coraje, determinación, valentía, pero sobre todo la disciplina de un deportista es férrea y difícil de doblegar.

Me sorprende hoy en día, que todas estas características de un deportista y muchas otras que no he mencionado, parezcan poco atractivas de desarrollar para las instituciones deportivas públicas y privadas del país. Evidentemente fomentar estos patrones de conducta en nuestros niños y jóvenes ayudaría a disminuir los índices de delincuencia que tanto añoramos y atenuar enfermedades que para el estado tienen un alto costo de atención, como las cardíacas, sobrepeso, estrés, depresión, cáncer y muchas otras.

Es el momento de poner atención sobre todas esas áreas de acción que nos permitan prevenir y anticiparnos al desgaste de una sociedad que hoy en día reclama menos noticias trágicas de asesinatos, asaltos, violaciones a los derechos de los niños y mujeres.

La astucia de invertir en la prevención versus gastar en corregir patrones destructivos para la sociedad, no solo haría eficientes los recursos del Estado sino que marcaría el éxito de nuestros jóvenes, futuros líderes de nación. Porque levantarse después de un fracaso no es fácil y aún más difícil hacerlo con éxito. Esto es lo que aprendí durante mi vida de deportista y es lo que espero de mi país.

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