Opinión

OPINIÓN: Cabeza de ratón y cola de león

Necesitamos líderes para levantar nuestro golpeado fútbol nacional

Guillermo Rivera ya viste los colores de FAS, los cuales también defendió como jugador. / Foto Por Cortesía

Por Maotsé Hernández, conductor de el destrabe deportivo, radio qué buena | Mar 06, 2020- 09:05

Lamentablemente, en el balompié salvadoreño algunos elementos prefieren tirar hacia abajo que ayudar a sus compañeros a levantar la cabeza. Los técnicos suelen irse por la puerta de atrás. “Memo” Rivera puede dar fe de eso: se marchó asegurando que hubo ninguneo de algunos de sus pupilos, que quizás no habían nacido cuando él era figura en el Deportivo FAS y en la Selección Nacional, y, a lo mejor, por eso no le guardaron el respeto al que alguien llamó en alguna epifanía “el heredero del Mágico”.

Díganme que vendo humo (para eso ya están Los Provocadores comiéndose el dial con una facilidad que sonroja al coronavirus), pero la llegada de “Memo” al banquillo asociado es el equivalente -salvando las crueles distancias- de Zidane sentándose en el banquillo del Bernabéu. Así de claro. Sin embargo, esa práctica -tan vieja y humana como la rueda- de “hacer la camita” lo expulsó del paraíso, según afirma. A lo mejor fue manera tosca de motivar al jugador, pero en la tierrosa Cancha 3 de la Zacamil, y en la Liga Universitaria, los discursos de los entrenadores son calcados a los de Memo, y hacen arder el fuego en el pecho de los que, como en tiempos de César, van a entrar a dar la vida a la arena… o a la grama.

Me decía alguien que tiene más experiencia en esto de vivir: “es mejor ser cabeza de ratón que cola de león”. Y ese viejo refrán español debería calar en aquellos que se conforman con llevar en su palmarés que ganaron esto o aquello con sudor y sangre en sus anteriores equipos (o viajando de polizontes) en lugar de tomar los estandartes y convertirse en la nueva generación de un histórico que no encuentra dónde saciar su sed de títulos, como sí lo hizo aquella generación de principios de siglo que tomó el relevo generacional y ganó 5 títulos de la mano de Agustín Alberto Castillo. Lamentablemente, los jugadores indisciplinados pudren el canasto.

Puedo citar, por ejemplo, a Misael Alfaro dando declaraciones hace unas semanas de que había jugadores que le querían, precisamente, hacer la camita. Puedo citar a aquellos refuerzos que convocó Milován Djoric a la Selección, a finales de los 90, y que se escaparon de la concentración a la primera noche, bajo el argumento de que “ese señor es muy exagerado”. Nuestros futbolistas quieren ir a un mundial y jugar en Europa, y eso es bueno, pero sin disciplina, ¡lo siento! Vemos cómo muchos se van a clubes del extranjero cobijados por reportajes y mucha parafernalia mediática, pero dura más su viaje que los minutos que acumulan en la cancha y, a los meses, ya están aquí como la Cenicienta después de las 12:00. Es cierto que en nuestra liga se come tortillita con crema, que diría “Sevillón”; y hay casos más graves, como el del “Chele” Pérez, que cayó desmayado en un 11 Lobos-Firpo por falta de alimentación.

Pero ahí es donde debe nacer el coraje, las ganas de salir adelante y el hambre, en los sentidos más líricos y textuales posibles, y no el acomodamiento, que solamente sirve para normalizar las situaciones que irregulares. También es donde se deben activar las instituciones que velan por la seguridad económica del gremio: con las herramientas adecuadas se puede dar garantizar el resultado y los objetivos, y también se acaban las excusas y las comodidades. El futbolista es el protagonista. Debe tener la convicción de que solamente llegará lejos con un esfuerzo sincero, sin atajos, peleando hasta la última pelota. El fútbol en El Salvador es para valientes y urge el nacimiento de nuevos líderes. ¿Por qué no ser el primero en convertirse en cabeza de ratón en esta liga?

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