Opinión

OPINIÓN: ¿Queremos ídolos como Kobe Bryant?

La muerte de Kobe Bryant, un tema que se volvió global pero que encubre una práctica machista común de nuestras sociedades.

El escolta de Los Ángeles Lakers, Kobe Bryant, camina por la corte durante un descanso contra los Brooklyn Nets en el Barclays Center de Brooklyn, Nueva York, Estados Unidos. 5 de febrero de 2013. EFE/EPA/ANDREW GOMBERT

Por César Najarro / Twitter: @cjnajarro | Ene 29, 2020- 18:23

El eco de la trágica muerte de Kobe Bryant, y en menor medida de su hija (no menciono a los otros siete tripulantes porque de ellos poco se ha hablado) ha tomado dimensiones que antes eran impensadas: globalización, redes sociales, etc.

Me llama la atención cómo una figura deportiva puede construir tanto a su alrededor a tal grado que lloren por él personas que no lo conocieron más que por televisión.

He de confesar que nunca fui su admirador. Cuando veía a esos Lakers, quería que perdieran. Pero tampoco me nubla la vista mis preferencias para reconocer el hecho innegable que ha sido uno de los mejores del baloncesto a escala mundial. Medios de referencia internacional lo han colocado entre las posiciones 11 y 12 en la historia de la NBA (ESPN, Bleacher Report). Fue el líder en todos los rubros de los Lakers (salvo en asistencias, segundo). Ganó cinco anillos de su liga, dos oros olímpicos y gran respeto por su mentalidad ganadora. Sin duda, forjó un antes y un después en el deporte.

También es cierto que estuvo implicado en un caso muy sonado en EE. UU., aunque con poco eco en nuestra latitudes latinoamericanas. Fue acusado de violación por un hecho que ocurrió en 2003.

“Primero, quiero disculparme directamente con la joven involucrada en este incidente. Quiero disculparme con ella por mi comportamiento esa noche y por las consecuencias que ha sufrido en el último año. Aunque este año ha sido increíblemente difícil para mí personalmente, solo puedo imaginar el dolor que ha tenido que soportar. También quiero disculparme con sus padres y familiares, y con mi familia, amigos y simpatizantes, y con los ciudadanos de Eagle, Colorado. También quiero dejar claro que no cuestiono los motivos de esta joven. No se ha pagado dinero a esta mujer. Ella ha acordado que esta declaración no será utilizada en mi contra en el caso civil. Aunque realmente creo que este encuentro entre nosotros fue consensuado, ahora reconozco que ella no vio y no ve este incidente de la misma manera que yo…”, esa fue parte de la disculpa que leyó su abogado en 2004, luego de que se llegara a un acuerdo extrajudicial con la víctima.

Nunca se reveló en qué consistió ese acuerdo, ni si supuso una suma importante de dinero, aunque hay que recordar, como señala Marlow Stern, periodista del Daily Beast (https://www.thedailybeast.com/kobe-bryants-disturbing-rape-case-the-dna-evidence-the-accusers-story-and-the-half-confession?ref=scroll ), que la demandante provenía de una familia acomodada.

Mi intención no es minimizar lo que Bryant fue en la cancha, sino recordar que los ídolos que construimos en esta sociedad no siempre son lo que parecen ser y que en el mundo, comercialmente o por necesidades antropológicas, se buscan héroes. Bryant, de una u otra manera, confesó el hecho (en su declaración arriba), aunque insistió en su inocencia y adujo que solo cometió adulterio.
En los testimonios, la enfermera que atendió en un hospital a la demandante declaró que “había varias laceraciones en el área vaginal de la víctima. Tenía dos de aproximadamente un centímetro, y muchas más de 2 milímetros. Las lesiones eran por un trauma genital penetrante que no es consistente en sexo consensuado” (también tomado del reporte del Daily Beast). Además, los reportes policiales identificaron que sufrió estrangulamiento.

Cuando veo las lágrimas de todos esos jugadores de la NBA, de aficionados, de Shaquille O’Neal, de tanta gente que dice que le marcó, me conmuevo, así como cuando pienso en sus hijas, en su esposa, quien perdonó su infidelidad… también pienso en esa mujer que sufrió, que fue juzgada por muchos medios locales y la colocaron en la palestra de mala, de que quería sacarle dinero al Black Mamba.
Cuando veo cómo murió un tipo famoso apenas a los 41 años y que tenía una fortuna estimada en 700 millones de dólares, también pienso en la fragilidad de la vida, pero no puedo voltear mi cara al lado e ignorar que nuestras sociedades callan estas cosas, violaciones, maltratos, por un machismo imperante, o porque queremos ídolos perfectos, que todo lo pueden en la cancha, y les perdonamos que violen a nuestras hijas o esposas si figuran en la cancha.

Yo no sé qué ocurrió aquella noche de 2003 en Colorado entre la víctima y Kobe. Pero las palabras del exjugador dejan en claro que pasó algo sin el consentimiento de una chica de 19 años. Tampoco soy quién para juzgarlo, ni puedo medir si su disculpa fue sincera o no. Solo escribo estas líneas para recordar que en esta vida, que se puede ir en un instante, en nuestras sociedades es mucho más fácil salir bien librado y hasta convertirse en ídolo para alguien que tiene fama, dinero y es un modelo deportivo a seguir. Basta recordar que hace unos días a Felicia Sonmez, periodista del Washington Post que recordó este caso (porque es un hecho, no una opinión) de violación, la suspendieron y recibió múltiples reproches en redes sociales a tal grado que, desde el mismo medio, le recomendaron no dormir en su casa para prevenir un posible ataque de algún fanático ofendido (para referencias, https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-51282486 ).

¿Queremos este tipo de ídolos? Cada quien tiene derecho a tener los ídolos que quiera, pero si deseamos una sociedad más justa, no podemos obviar y meter debajo de la alfombra lo que hicieron mal solo porque murieron de manera trágica. ¿Por qué recordar solo lo bueno?

El ser humano puede cometer muchos errores y también cambiar y hacer mucho por la sociedad, quizás exculparse, redimirse. No sé si es el caso de Bryant. Pero ¿qué hacemos nosotros los periodistas al obviar estos hechos y solamente recordar lo bueno de los ídolos deportivos? Reproducimos comportamientos, acciones que no están bien. Si tuviera un hijo, yo no quisiera que fuera como Kobe, preferiría que fuera un basquetbolista mediocre, pero que respete a las mujeres.

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