Opinión

El estilo de vida de un deportista

La pasión, la entrega, los sacrificios y, sobre todo, la disciplina constante, forman la vida de un deportista

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El tirador Roberto Hernández tira, durante su participación en los pasados Juegos Panamericanos de Lima, Perú. / Foto Por Archivo

Por Patricia Rivas | Oct 25, 2019- 06:42

Cuando hablamos de practicar un deporte sin importar cual sea su rama o modalidad, nos referimos a encontrarnos con niños, jóvenes o adultos que han forjado su andar bajo estándares de disciplina muy diferentes a la media de los seres humanos.

Ser deportista activo en etapa de iniciación o etapa media pero con miras al alto rendimiento, requiere de un estilo de vida diferente que demanda disciplina, tener objetivos claros, voluntad de sacrificar lo habitual, tiempo con la familia, cumpleaños, eventos sociales y, por qué no, incluso posponer aquellos momentos como el matrimonio o lo que la mayoría de las personas añoramos y vemos como un éxito de la vida, ser padres.

Muchos de los que hemos sido atletas de corazón y alma sabemos que levantarse en horarios de madrugada para ir a un entreno, desayunar o almorzar en el carro para lograr llegar a nuestras clases de colegio o universidad y al terminar salir corriendo para incorporarnos al segundo turno de entreno, es únicamente parte de nuestros días. O que muchos logren llegar a sus lugares de trabajo de media jornada y así poder costearse los gastos de ser atletas o estudiantes; acelerar el paso por las noches para llegar a casa y con mucha suerte lograr ver a nuestra familia aún despierta. Y, de no ser alcanzada esta recta final del día, aceptar que nos tocara cenar solos en una mesa de comedor.

Al finalizar estos pequeños momentos de tranquilidad es cuando sentimos el cansancio acumulado, pero aún nos falta una parte importante y donde ponemos a prueba nuestra voluntad férrea de deportistas para “realizar las tareas pendientes o incluso reportes al jefe para el día siguiente”. Y, sin pensarlo, arrancamos con el último esfuerzo de la jornada.

Por fin, en la intimidad de nuestra habitación, vemos llegar ese momento único donde evaluamos lo positivo, lo que pudimos hacer mejor. Y, antes de dar inicio a las 6 horas máximo de sueño para un deportista, lograr reagrupar nuestros pensamientos hacia el éxito, visualizarnos en lo más alto de una tabla del ranking mundial o, ¿por qué no?, siendo campeones olímpicos.

Este es el día que construye la vida de un deportista, que una vez es conocida, aceptada, sufrida, pero también disfrutada y jamás se abandona. Porque la disciplina y enfoque se vuelven nuestro estilo de vida, se vuelve nuestro pilar más fuerte que nos lleva a alcanzar el éxito de todas las metas que nos propongamos.

El camino no es fácil y encontrar el equilibrio entre, lo que yo llamo el triángulo perfecto, según mi experiencia debería ser el objetivo primordial de las entidades deportivas del país. Lograr tener entrenadores altamente capacitados, presupuestos acorde a las metas trazadas y, por supuesto, deportistas con la garra de entregar alma y corazón en cada justa, nos garantizaría estar en lo más alto del podio.

Los fracasos nunca están dentro de nuestros planes, pero estos son inevitables. Somos humanos, nuestros ciclos de preparación cuentan con altos y bajos, sufrimos con cada uno de ellos. Pero también sabemos que mantenernos firmes y enfocados en muestras metas, a pesar de los tropiezos, nos dará el triunfo tan anhelado.

Pasión en cada actividad que realizamos, entrega rotunda por alcanzar el éxito pero, sobre todo, disciplina constante es lo que yo reconozco como estilo de vida de un deportista.

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