Fútbol

VIDEO | Lisandro Pohl confirma avances en el regreso de Fito Zelaya: “Hablamos con él”

¿A quién sueña con fichar Pohl? ¿Cuál ha sido el mejor y mejor momento para Lisandro con el equipo? En una entrevista a fondo, Lisandro también habló de Pablo Centrone, Rubén Alonso y del entrenador Roberto “Toto” Gamarra, de quien dijo “está loco”

Lisandro Pohl habla en esta primera entrega de una serie de temas relacionados al presente y pasado del Alianza

Por César Najarro | Twitter: @cjnajarro | May 25, 2020- 05:32

Esta es la primera de cuatro entregas sobre una entrevista a profundidad con Lisandro Pohl, director ejecutivo de Alianza, quien fue presidente del equipo desde 2008 hasta 2018, cuando asumió con su nuevo cargo, en el que se ha mantenido y continuará por tiempo indefinido. Su sueño es retirarse una vez deje al cuadro capitalino con la mayor cantidad de copas de Primera División.

Cuando tomó al cuadro, tras sus experiencias como directivo en Águila y Chalatenango, lejos de conseguir éxito y pese a una fuerte inversión económica, lo que encontró fue problemas, un camerino que se le partió en pleno torneo, y con el que tuvo que enfrentar incluso un repechaje para mantenerse en la máxima división.

Los aficionados esperaron desde el Clausura 2004 para volver a ser campeones hasta el Clausura 2011. En ese lapso, más de una vez lanzaron duras críticas contra el pope al que ahora agradecen, aunque alguna campaña en contra del presidente fue financiada, según Pohl, por exdirectivos del mismo equipo.

Bajo la gestión de Lisandro (12 años ya), el cuadro albo ha cosechado cinco títulos, disputó 11 finales y ha dejado grata imagen en representaciones internacionales. El equipo es otro, y marca un antes y un después en su hoja de vida.

Esta es parte de su historia, contada desde la óptica del hombre fuerte detrás del escritorio, un señor afable que ahora bromea con medio mundo por Twitter, pero que en una época era reacio a dar declaraciones a los medios. Un ordenado empedernido que no puede ver un cuadro pando, administrador de empresas y amante del fútbol desde que su padre, en su natal San Miguel, armaba partidos en una hacienda o lo llevaba al estadio a ver al Dragón, y luego al Águila, al gran Juan Francisco Barraza.

De todo esto se hablará desde este día hasta el próximo jueves, en cuatro entregas especiales que estarán completas solamente en este sitio web de Cancha. Habrá una versión resumida en el impreso de Cancha de El Diario de Hoy.

¿A quién quisiera fichar basado en la realidad, no a alguien imposible?

En este momento creo que tengo los que quiero tener, no hay alguien que yo diga lo cambiaría por uno que tengo ahorita. Es mentira, estoy bien contento con el plantel y tengo el convencimiento que, si las cosas se dan, vamos a volver a ser campeones.

Hablemos de nuevo del caso Fito. Usted ya dijo que si se queda sin equipo en México, viene a Alianza; sino, no. ¿Cómo está esa situación, han tenido nuevas pláticas con él? Ya hay un acuerdo? incluso usted ha dicho públicamente que le gustaría que Fito se retire en Alianza. ¿Han hablado de eso?

Primero, el equipo ya lo tenemos al 100%, sólo queda por confirmar lo de Felipe Ponce, que es casi un hecho.
Lo de Fito surge después de que nosotros negociáramos con Ponce para su renovación. Con Fito tenemos platicadas las condiciones y todo, pero como lo de él sale cuando México cancela la Liga de Ascenso, ahorita está en un proceso en el que todavía no lo finiquitan.

Fito Zelaya está a las puertas de volver al Alianza. Foto EDH / Archivo

Entonces, no sabemos cuál va a ser ese proceso. Si Fito al final queda libre, sí ha habido un acercamiento y básicamente un acuerdo, lo que nos llevaría a nosotros a tomar otras decisiones con el plantel actual que tenemos, porque al tener el equipo ya completo, y obviamente traer a Fito, entonces tendríamos que hacer algunos movimientos de jugadores, porque tengo 25, y por tema de planilla.

Pero a nivel internacional, no le vendría mal tener a Fito…

No, pero lo que pasa es que vaya, ya el equipo lo teníamos listo, y de verdad te digo, yo siento que nuestro equipo titular está en lo que tenemos. Acordémonos que Fito tendría que venir a un proceso de adaptación, hay que ser honestos. Pero obviamente nadie duda de su calidad, y por eso precisamente hablamos con él. Pero al contar con 25 jugadores, tengo que hacerle cupo no solamente al presupuesto, sino en el número (inscripción), no puedo tener 26. Pero no puedo hacer esos movimientos hasta no tener confirmado realmente lo de Fito. Entonces, estamos en un limbo, y lo mejor es esperar porque tenemos tiempo, nadie está corriendo porque hay que inscribir mañana.

Pero sí hay un acuerdo en función de dos cosas, la calidad, que sé que va a venir y que nos va a enriquecer más todavía el equipo. Y lo otro es la parte emocional, la empatía de él con todo el entorno del Alianza. Acordémonos que en el país sólo ha jugado en Alianza desde que yo me lo traje de Chalatenango. Las únicas salidas de él fueron al exterior. Entonces, está eso ahí que obviamente la ilusión de todos los aficionados aliancistas es que regrese a su equipo y que, en un momento dado, cuando se retire, lo haga por la puerta grande de Alianza.

Hablando de Fito, ¿ha sido el mejor jugador que ha estado en su administración?

Ha sido uno de los mejores. No quisiera comparar, cada jugador tiene una función. Siento que ahora Marvin Monterroza y Narciso Orellana son fundamentales para el funcionamiento del equipo. En su momento, Christian Castillo, y en el poco tiempo que lo tuve, Osael Romero. Ha sido (Fito) uno de los jugadores más impactantes que Alianza ha tenido, creo que está entre los primeros cinco, sin ninguna duda, como lo son ahorita, en mi administración hablamos, tanto Marvin como Narciso, que ahí no me equivoqué en traerlos, jajaja.

¿Algún jugador que no pudo llevar a Alianza y que le quedara esa espinita?

No, cuando me propuse traer a algún jugador, siempre lo conseguí. Hubo dos que dije me los traigo porque me los traigo, Osael Romero, primero, y Marvin Monterroza. A Osael se le terminó contrato en Águila y aposté fuerte por él porque para mí era un jugadorazo, y lástima, pues, al final todo lo que pasó, que más que culpa de él fue de la Federación, que en ese momento no supieron corregir a tiempo lo que estaba pasando y que todo el mundo hablaba (amaños).

Marvin Monterroza en su etapa con Isidro Metapán. Foto EDH / Archivo

Y ahora Marvin. Cuando lo vi jugar en Metapán, yo decía ‘qué desperdicio’, con todo respeto para Metapán, por la cantidad de la afición. ‘Este jugador aquí en Alianza, con estadio lleno’, así me lo imaginaba yo, y al final así se dio. Son los únicos dos que aposté fuerte, porque obviamente Fito ya lo tenía, a Christian Castillo lo traje también de mi experiencia en Chalatenango.

A bueno, otro jugador que quizás se me quedó y que aposté fuerte en su momento y también me lo traje fue Óscar Cerén, tenía un su contratista que a la puchica mano (sic), dolor de cabeza, y al final lo logramos, y ahora ya cuatro años. Al final, la clave fue la negociación económica, en eso termina todo. Ahora ya no es tanto lo económico, se siente bien en el equipo, ese temorcito que pudo haber tenido al principio por el peso del equipo, la exigencia, la afición, que a veces a cierto jugador les da un poco de temor, ahora con Óscar ya no existe, y es uno de los pilares fundamentales del funcionamiento de nuestro equipo actual.

Mucho se ha especulado de las posibles salidas de Narciso y Marvin, ¿pero ha habido algo en concreto en realidad?

Ofertas formales no ha habido. De Óscar Cerén hubo ciertas ofertas pero no se concretizaron, quizás porque nunca han sido cosas serias. Hay mucho contratista en el medio que está pendiente de cuando a un jugador se le vence contrato con su equipo y les dicen que los van a llevar y los dejan tirados. Al jugador lo confunden. Tenemos el caso del que acabamos de contratar, Bryan Tamacas, que se lo llevaron y fue a pasar un infierno a Paraguay.

Hay contratistas que se aprovechan del momento de los jugadores para hacerles creer castillos en el aire y después no pasa. Entonces, yo trato de hablar con los jugadores para que entiendan esa realidad. En este momentito, si hubiera algo formal, pues obviamente uno hace un balance entre lo que le conviene al jugador, al equipo, y uno toma decisiones, pero con especulaciones a mí no me gusta entrar, todo el tiempo están especulando.

¿Es Alianza el equipo de referencia del fútbol nacional en esta época?

Yo no quiero decir eso, no quiero desmeritar la labor de otros equipos. Cuando trabajo en Alianza lo hago para Alianza 100%, desde que me hice cargo del equipo no me interesa otra cosa. A veces trato de entrar en cuestiones de la Liga cuando estoy convencido que algo puede ser positivo. Me gusta mucho el orden del equipo y, en ese sentido, creo que somos una referencia, pero no la única, y no quiero entrar en eso, no lo hago porque quiero que seamos referencia, sino porque Alianza esté bien administrado. Si ya esa buena administración se toma como referencia, ya son otros lo que la toman. Yo trabajo para que mi equipo sea el mejor posible.

Pero en lo deportivo, y administrativo, sin duda Alianza ha marcado época, incluso con récords…

Pero eso es lo triste, tú me haces referencia a Alianza por eso (récords), pero Alianza lleva 12 años administrando bien al equipo, pagándole a los jugadores, cuando toda la historia de Alianza era al revés, no sé si oíste hablar de todos los retrasos en los pagos, y que la gente andaba con cumbos consiguiendo pisto para pagarle a los jugadores. Esa fue la historia de Alianza hasta que yo llegué, nadie habla de eso. Para llegar a lo que mencionas, hay que sentar una base de organización sólida, fuerte, y eso cuesta.

La portada cuando Alianza logró la permanencia. Foto EDH / Archivo

Cuando llegó, Alianza estaba en una situación difícil, incluso vivió un repechaje con El Roble, un camerino interesante pero dividido, y problemas económicos…

Económicos no, siempre cubrí la planilla, nunca tuve problema de esa índole, fue deportivo, y eso con un gran equipo, teníamos 11 seleccionados, 9 nacionales y Nico Muñoz, si no me equivoco, y otro más. Pero el fútbol es así. Quien no entiende eso es que no sabe de fútbol.

Pero cómo logró ese cambio…

En ese momento, todo pasó por el técnico que contratamos. Él venía de hacer un año que yo catalogué de bueno. Hablo de Pablo Centrone, me pareció que hizo un gran trabajo, estuvo en Alianza en un año que no le permitieron hacer contrataciones (por el caso John Marulanda), y entonces, tuvo que conformar el equipo con lo que tenía en ese momento, y sólo echar mano de muchachos de las juveniles que pudo subir. Yo admiré mucho el trabajo de él, no lo conocía.

Cuando terminó ese torneo, me ofrecen hacerme cargo del Alianza y lo tomo. Varios directivos me indicaron que no lo trajera (a Centrone), por su temperamento, pero yo dije ‘no me puedo ir por el temperamento, creo que tengo la suficiente madurez para poder trabajar con él y poder hacer exitoso el proyecto de Alianza’.

Entonces, lo contraté. Desde el primer día, bueno, me di cuenta, pero ya estaba ahí. Lo mandé a traer al aeropuerto con motorista y el gerente. Vino, nos sentamos a hablar de forma informal, luego pasamos a la oficina. Se levanta y me dice, “pero mire, no quiero que él vaya a la reunión”. Me señala a uno de los directivos.

“Pablo, disculpá”, – le digo yo -, “si es directivo, cómo vamos a…”, no, no, en ese momentito me quedé en blanco. Tenía una persona que quiero mucho, que es quien a mí me apadrinó en el fútbol, Marito Rey, como es argentino, se lo llevó aparte para convencerlo. Imaginate eso, no tenía ni 15 minutos de haberlo conocido y así fue su llegada conmigo. Después, hicimos la pretemporada. Cuando íbamos a inscribir al equipo, él no quería firmar el contrato porque quería que quedara establecido ahí la dirección del apartamento donde estaba, que él ahí quería vivir.

¿Y cómo hizo?

Yo le expliqué que no podía hacer eso. El apartamento me costaba $1,200 dólares. Y le dije que no podía hacer eso porque qué pasa si la dueña del apartamento mañana me le sube a $3,000, y como está en el contrato que ahí va a vivir no lo iba a poder sacar de ahí.

Pablo Centrone en su etapa como técnico de Alianza FC. Foto EDH / Archivo

‘A pues no lo firmo’, – me dijo. Mirá, me agarró una, pegué en la mesa, y le dije, si no lo firma, no lo inscribo. De todas formas el contrato no tiene validez mientras no esté inscrito en la federación y ni firmado estaba. Cuando me vio así, que ya dije yo, hasta aquí llegamos, antes de comenzar el campeonato, lo firmó.

Imaginate como entramos en ese torneo, él crispado con los jugadores que yo traje, no quería a Fito, no quería Christian Castillo, a Luis Anaya, a la Muñeca Martínez, no los quería, sólo quería a los que había tenido en Alianza, pero obviamente eran mejores jugadores estos.

En ese tiempo te permitían hasta 5 jugadores más, eran como 30, yo tenía el cupo completo, imaginate esa planilla, sólo para satisfacerlo a él. Entonces, fue una de problemas, y claro, al tener 30 jugadores y todos de buen nivel, ahí se hizo el problema de camerino porque estaba (el bando) de los que él quería y los que yo había traído.

Fue un año realmente desastroso, por querer hacer bien las cosas, por querer dar el 100% de lo que pedía, terminamos como terminamos, y fue lastimosamente un año perdido porque teníamos el mejor plantel del país, no equipo, porque nunca lo hizo funcionar como equipo, pero por nombres, era el mejor. Y terminamos peleando repechaje con El Roble.Pero administrativamente, vuelvo y repito, siempre se les pagó, terminamos al día.

Entonces, esa confianza que el jugador va teniendo contigo porque le cumplís no solamente queda en el plantel, eso llega a otros jugadores. De repente todos quieren venir a Alianza, porque dicen están bien, los tratan bien, les pagan al día, y entonces ahí comienza un proceso de ir formando un equipo hasta que llegamos al primer campeonato que ganamos, que me tocó con otro técnico temperamental, el Toto Gamarra. (Nota del periodista: Esta nota se realizó con anterioridad a la participación de Gamarra en Los Provocadores, por tanto, no es una respuesta a sus declaraciones).

¿Cómo fue la llegada de él?

Lo traigo porque Milos Miljanic, quien era el que había armado al equipo, se tuvo que ir porque su papá cayó grave. Viene el Toto (Roberto), y nos hace campeones, el equipo que ya estaba armado, faltaban nueve juegos. Pero la verdad es que, hasta ese momento, no había problemas. Todo mundo me criticó cuando se fue el Toto porque él salió diciendo que yo me metía en su trabajo, locuras. Después me dieron la razón.

¿Cuál es la historia del Toto Gamarra? Si donde él ha estado, después ha fracasado. Él es campeón y después fracasa porque se pelea con todo el mundo, hasta con su sombra se peleaba.

Cuando salíamos a la Concacaf, una vez fuimos a jugar con Dallas, yo preguntando ‘¿y el profe dónde está?’. Él me veía y se metía en una tienda. O sea, no quería socializar con nadie, era raro, rarísimo. Entonces, terminó peleado con sus jugadores, con sus auxiliares.

Roberto Gamarra fue campeón con Alianza FC. Foto EDH / Archivo

¿Por qué se va?. Porque yo le digo, Toto, haceme un favor, disculpate con los técnicos, porque los trataba mal. Nunca entendí qué quería. Y la prueba está que con FAS le pasó lo mismo. Con Firpo lo mismo. Y en Guatemala igual. Entonces, pasé por esas etapas, después de ser campeón, otra vez el equipo se me vino para abajo. Porque, obviamente, cuando hay conflictos así te generan un desbalance en lo deportivo.

Después, claro, tú querés remediarlo, traés un técnico, te funciona, no te funciona, te hace gastar aquí, allá. La verdad es que la regularidad en lo deportivo se da hasta que yo trajo al profe Alonso (Rubén) y somos campeones.

Que yo esa salida nunca la entendí…

Mirá, son decisiones que tenés que tomar porque uno siempre ve para adelante. Él fue como un buen parche, viene en un momento en el que dejamos ir a Ramiro Cepeda en la segunda vez. La primera, tuvo un año extraordinario, en la siguiente oportunidad no se dieron las cosas, había mucha presión. Ahí tomamos la decisión de destituirlo. Quien escogió al profe Alonso no fui yo, porque yo me había ido de viaje a Estados Unidos, ya tenía Tigana Meléndez trabajando conmigo. Él me da dos opciones, a Rubén Alonso y a Kiko Henríquez. Platicamos con él, lo que nos decidió por la Alonso fue por su historia con Alianza.

Ese torneo, nos quedamos fuera con FAS en un repechaje en los penaltis y al siguiente torneo, a Dios gracias, quedamos campeones. Pero a partir de ahí el equipo entró en una regularidad, porque con Rubén nunca tuvimos conflictos de ese tipo, o sea, lo que pretendíamos era otra proyección y siento que él estaba acostumbrado a un tipo de trabajo y no entendió, y fue una lástima, porque con él nunca tuvimos problemas, siempre las relaciones fueron bien caballerosas, le tenemos muchísimo cariño, es parte de la historia de Alianza, y se fue porque nosotros pensábamos en otras cosas. Y ahí es que, después de eso, hemos estado en casi todas las finales, no habremos estado en dos o tres. Ya el equipo se asentó. Llegar a ese punto era lo difícil, pero era a donde yo quería estar. Porque ahora se te vuelve un poco más fácil, no quiere decir que vas a estar siempre en todas las finales, pero vas a estar cerca.

¿Qué tan importante ha sido la incorporación a la institución del “Tigana” (Milton Meléndez, campeón dos veces como exjugador albo y director deportivo del club)?

Fundamental, porque somos compatibles en cómo vemos las cosas, pero él tiene su forma bien autónoma de ser, y es bien honesto en sus criterios, y cuando yo me voy por un lado en el que él realmente no está de acuerdo, me para.
La ventaja está, y en eso creo que me complemento mucho por Tigana, buscamos jugadores que sentimos que es para lo que nosotros queremos, no contratar a lo loco, y eso nos está garantizando esa continuidad en lo futbolístico.

Milton “Tigana” Meléndez junto a Jorge “Zarco” Rodríguez. Foto EDH / Archivo

Ahorita creo que tenemos un equipo para seguir peleando tres años seguro, pero tenemos la generación que viene debajo de ellos, también fuerte: el caso de Rudy Clavel, Mario Jacobo, César Flores, Diego Ascencio, Ezequiel Rivas, Enrique Contreras, Wilfredo Cienfuegos, Israel Landaverde, Bryan Tamacas, son jóvenes. Cuando tú ves ese potencial abajo de los que ahorita están, sabés que el equipo tiene ese futuro, y eso es lo difícil, y es lo que muchos equipos viven, que se quedan solamente con el cuadro titular, y no piensan en mañana, solamente en hoy. Creo que nosotros pensamos en hoy, pero también en mañana.

¿O sea, Tigana tiene decisión?

Sí, él tiene la confianza mía que cuando me dice ‘no metas las patas aquí, las va a meter’, a está bueno, las voy a levantar para no meterlas. Es una muy buena relación.

¿El momento más duro en su administración fue la época de Centrone y esa transición?

Sí, fue en ese momento, porque entré con una ilusión tremenda, de hacer las cosas bien, hicimos una inversión fuertísima, y terminamos peleando repechaje. Me dolió un montón, no entendí cómo me pude equivocar tanto. Y la otra, con el Toto.

Al principio me gustaba su forma de ser, era bien directo, pero él no se sabía controlar, o sea, es como que te dejás ir en una línea, te estás dando cuenta que está el precipicio pero no te importa, te fuistes, y en el proceso te llevás a los que te están queriendo detener. Nosotros a él lo quisimos hacer entrar en razón, que bajara un poquito el ímpetu que tenía, y no pudimos, y nos llevó también de encuentro, quizás peor que Pablo, porque al final él se fue, pero este (Toto) habló mucho. Toto habló mucha suciedad, se expresó mal, dijo cosas que no eran, y me hizo daño a nivel personal porque mucha gente siempre está en contra del directivo.

Y hay mucho periodista que también, entonces, y ahí quizás sí fue el que más me afectó porque generó una serie de división contra la afición también. La afición comenzó a creer lo que los periodistas decían por las declaraciones de él.

El entrenador Roberto Gamarra tuvo su historia con los paquidermos. Foto EDH / Archivo

¿Con Toto fue que la afición se metió en unos entrenos a reclamar?

Después, en el primer torneo no, en el segundo, pero también se metió conmigo la afición porque, cuando quedó fuera del equipo, habló muchas cosas de mí, que yo me metía, que yo aquí, y los periodistas, claro, ávidos de la polémica, se fueron por esa línea y al final nunca nadie rectificó cuando se dieron cuenta que pasó lo mismo con Firpo, en Guatemala igual.

Después me pasaba llamando queriendo pedir disculpas a través de una persona, que él iba a hacer una aclaración, pero ya cómo lo iba yo a traer de nuevo después de eso. Ya nunca. Y me dio lástima porque, honestamente, el primer torneo, cuando se hizo cargo del equipo, me hizo click, me gustó su forma directa y todo eso, pero lo que te cuento es cierto, él se escondía cuando yo lo andaba buscando para tomarlo en cuenta. Tú sabés que vas al aeropuerto y te sentás en un restaurante a esperar el vuelo. ‘Venga profe’, le decía, nada, se me perdía. Cuando fuimos al hotel, allá igual, lo mandaba a buscar para que llegara a platicar con los directivos, nada.

Si él hubiera abierto ese su encierro que tiene en sí mismo, y hubiera participado más a lo mejor no hubiéramos llegado a ese punto, sus relaciones se hubieran relajado un poquito más, pero era muy tenso, muy aprehensivo con todo, como que él veía enemigos por todos lados, es bien difícil.

Bueno, te voy a contar anécdotas. Para la final, se fue caminando desde allá donde hacían jaripeos, por Lourdes, a pie hasta acá, venía disfrazado, caminando la cuesta de Los Chorros porque era cábala. Ya cuando caes a ese nivel, o sea, imaginate el prestigio para Alianza, que la gente lo vea disfrazado, o sea, ya llegas vos a decir, es difícil entender todo eso. Al final yo me reía porque me hizo campeón, pero ya después decís, es que no es normal.

¿Cuál es el título que más ha disfrutado y por qué?

Todos, ni uno más que otro.

¿Ni el primero, por ser precisamente el primero?

Mirá, sí, pero después el segundo igual que el primero, y hoy el quinto, igual, todos. Quizás el bicampeonato, pero porque primera vez que lo lograba con Alianza; pero no, todos.

La final que más me ha dolido sí tengo una clara, la que íbamos a lograr el tricampeonato con el “Zarco” (Jorge Rodríguez), esa sí me dejó un sabor amargo por cómo se dieron las cosas. Cuando te afecta el arbitraje en la forma como nos afectó en ese partido, no era normal, nunca se me va a quitar de la cabeza, eso fue, uff…

¿Y nunca lo habló en persona con Joel Aguilar Chicas (el árbitro de ese partido)?

No quise, él quiso, yo no, porque tú sabés cuando te quisieron hacer daño y que no te vengan a dar mentiras, ahí estaba clarísimo y ya no valía la pena, qué gano con eso, lo que hice fue pasar página, y volver a ser campeón contra FAS, y pensar hacia adelante.

Hablando un poco de lo que pasó con el Toto y los medios, quizás vimos a un Lisandro que se alejó de los periodistas por lo mismo, pero hoy lo vemos más cercano, hasta es bien activo en Twitter. ¡Hasta bromea con aficionados de Alianza y de otros equipos! ¿Ha habido una transformación en usted como directivo en ese sentido?

Quizás, no sé en qué momento, pero son cosas normales, porque cuando uno maneja un equipo como Alianza, la presión es tremenda. Yo estuve en Águila, y nada que ver. Ahí estuve un año y medio torneo. Pero ahí todo es más fácil, la gente es menos complicada, además las cosas se nos dieron bien, y rápido.

En cambio, Alianza es un equipo difícil en todo, es un equipo que a mucha gente le cae mal. Los que son aliancistas son 100% aliancistas, pero la grandeza del equipo a muchos les cae mal. Entonces, la presión es grande y a veces cuesta manejarlo. Siento que pasé por ese periodo donde tuve bien consciente que eras del rival, era Águila, fui presidente de Águila, fui campeón, y entonces, la gente te da el beneficio de la duda, porque me lo dieron, pero cuando las cosas no se dan, entonces se confabulan como para ir en contra tuya.

Yo tuve muchas traiciones de gente que creí que querían al equipo, pero realmente se querían más ellos que al equipo, entonces pasé por personas que tuve trabajando, participando, que la verdad les gustaba estar como directivos, pero sólo para decir que eran directivos y no aportaban, no ayudaban. Tuve que ir como depurando la directiva y esos que se iban se confabulaban como para crear un ambiente hostil hacia mí.

Hubo un tiempo hostil hacia el mandato de Lisandro Pohl en Alianza. Foto EDH / Archivo

De hecho, sé de personas, que no los voy a mencionar, que financiaron una campaña de sacar mantas y todo eso, y gente aliancistas, y lo sé con nombre y apellido, uno que hasta trabajó con nosotros, que estuvo en la directiva.

Es bien feo pasar ese momento, yo siempre tuve el 100% de querer hacer todo por Alianza, y te encontrás con esas cosas que te dificultan. Quizás, en ese momento, te volvés un poquito arisco, desconfiado, y entonces tomás pleito donde quizás no deberías de tomarlo.

Pero pasó un fenómeno que me cambió todo, y es cuando a mí me castiga la federación. Ese castigo para mí fue una bendición porque ya dejé de complicarme en problemas ajenos, me concentré en Alianza 100%. Y todo me cambió porque ahí, si te das cuenta, es cuando realmente el equipo dejó de tener problemas, me concentré en Alianza, contraté a Tigana, y las cosas cambiaron 100%, la afición está atrás de esta gestión al 100%, y ahora todo eso es al revés, ahora te da una gran confianza, fortaleza, seguridad que en un momentito no la tenías, y ese fue el punto de cambio porque antes siempre había problemas y yo iba a resolverlos.

¿Qué tipo de problemas?

Bueno, me nombran presidente de la Liga por todo el desorden que había en ese momento. Me meto en problemas por defender a otros equipos, no a Alianza, por defender a Águila, al licenciado José Vidal, que no querían dejarlo ser mi vicepresidente; con Limeño, que lo querían castigar por jugar partidos amistosos sin solicitar permiso, por tonteras así.

Entonces, por defender a los equipos, sí fue precipitado, yo a veces quizás soy un poquito así, o un montón, jaja, entonces me generé ese problema. Pero cuando viene el castigo, bueno, yo ni quería estar ahí, me olvido de eso, me concentré en el equipo, no tuve distractores.

Es más, me renunció Jorge Rajo, que era el presidente de la Federación en ese momento y vicepresidente mío, hasta esa separación hubo.

Entonces, el equipo empezó a subir y ahí estamos ahorita. Fue positivo para Alianza y para mí. Y ahora yo ya paso ajeno a eso… y me quedo en lo que a mí me gusta, que es la parte deportiva y administrar el equipo. Al final, ese fue el cambio radical para que las cosas mejoraran para Alianza…

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