Fútbol

HISTORIA: El salvadoreño que ganó la Copa del Rey

En febrero de 1929, el club catalán Espanyol conquistó el Campeonato de España o Copa del Rey. En su plantilla jugaba como defensa un salvadoreño

Otra fotografía del ingeniero y multideportista Ricardo Saprissa Aymá, con los colores del equipo perico o blanquiazul.

Por Carlos Cañas Dinarte | Colaboración | May 24, 2019- 08:04

En la mañana del domingo 3 de febrero de 1929, el joven estadio Mestalla, en la ciudad española de Valencia, estaba anegado por la lluvia. Para la tripleta arbitral, formada por los señores Serrano, Gum y Urzuaga, el estado del campo no representaba problema alguno, pero la lluvia persistía y, por momentos, aumentaba su caída meteórica.

Poco faltaba ya para que los relojes dieran las 14:50 horas, en la que estaba programado el pitido de la final del Campeonato de España, como se denominaba entonces a la actual Copa del Rey. La final de ese torneo se desarrollaba siempre en mayo, pero en 1929, por el surgimiento de la Liga de Fútbol Profesional de España, los equipos y federativos decidieron adelantar el encuentro final de esa competencia deportiva.

En la urbe valenciana, más de 10 mil aficionados del Real Madrid y unos 5 mil del Real Club Deportivo Español se guarecían de las gruesas gotas, mientras esperaban poder acceder al recinto deportivo, inaugurado seis años antes con una capacidad global de 17 mil espectadores sentados con comodidad. Habían llegado en ferrocarriles repletos desde las estaciones de Atocha, Chamartín y de Francia (Barcelona), así como en un buque fletado desde el puerto de
Barcelona y muchos autobuses y automóviles en las repletas carreteras.

Tarjeta de membresía como jugador, extendida para la temporada 1927-1928
por la Federación Catalana de Fútbol. Imagen obtenida en el portal web
pericosonline.com

Aspecto de la cancha del estadio Mestalla, en Valencia (España), en un partido
desarrollado dentro de los primeros años de funcionamiento de ese espacio
deportivo, inaugurado en mayo de 1923.

La efervescencia no era para menos. El Espanyol gozaba de una plantilla de primera, elogiada por toda la afición perica o blanquiazul, entusiasmada por las hazañas en la portería de su capitán, Ricardo “El divino” Zamora. La dirección técnica del equipo le correspondía al mediocampista y entrenador británico John Richard Greenwell (Crook, 1884- Bogotá, Colombia, 1942), más vinculado con la historia deportiva del F. C. Barcelona.

La selecta alineación del Espanyol incluía a un extranjero, a un salvadoreño. Nacido en la ciudad de San Salvador el 24 de junio de 1901, Ricardo Saprissa Aymá era hijo de emigrantes catalanes que se asentaron en territorio salvadoreño en busca de fortuna mediante el trabajo en ferreterías. Cadete de la Escuela Politécnica (San Salvador, 1900-1922), en ella obtuvo su título como ingeniero civil en 1919 y decidió marcharse hacia Barcelona para ejercer su profesión. Pronto se dio cuenta de que el destino no le sería propicio en el área ingenieril, porque su título no le fue convalidado en España. Por esos motivos, montó un negocio en el centro de la Ciudad Condal y se dedicó a la práctica de múltiples deportes. Así, sobresalió en tenis (fue el representante salvadoreño en los Juegos Olímpicos de París), cátcher en béisbol, atacante en hockey sobre hierba (disciplina en la que, como jugador del Real Polo ganó la Copa del Rey en 1924 y 1925) y defensa goleador en fútbol. Pese a sus molestias de rodilla, esa posición de zaguero fue la que Saprissa Aymá ocuparía en aquel partido en el Mestalla, junto con su compañero González.

El agua de lluvia y el lodo acumulado dificultaron las acciones defensivas y
ofensivas de los dos equipos en el estadio valenciano Mestalla.

En 1931, varias federaciones deportivas y la prensa especializada española le
rindieron un significativo homenaje de dos días a Ricardo Saprissa Aymá. La
culminación fue un nuevo encuentro entre el Espanyol y el Real Madrid, en el
que ya militaba su antiguo compañero y excapitán Ricardo Zamora.

Pasaporte salvadoreño para Ricardo Saprissa Aymá, extendido en el consulado
general de El Salvador en Barcelona, el 23 de mayo de 1928. Imagen obtenida
en el portal web pericosonline.com

Aquel equipo blanquiazul -ganador del Campeonato de Cataluña- lo completaban Trabal, Solé y Kaiser en el medio campo y los delanteros y volantes Vantolrá, Broto, Tena II, Padrón y Bosch. Desde el inicio del torneo el 8 de diciembre de 1928, el Espanyol se había enfrentado al Sporting de Gijón (con triunfos 4-3 y 5-2), Arenas de Guecho (6-4 y 3-1), Atlético de Madrid (3-1 y 5-1) y Barcelona (1-1 y 2-0). En la final de esa 27ª. edición del torneo, a los periquitos les tocaba enfrentar al Real Madrid, ganador en cinco ocasiones de ese palmarés deportivo español. En ese equipo de estrellas integrantes de la Selección española militaban el capitán Félix Quesada, el arquero Cabo, Urquizu, Prats, Peña, Lazcano, Triana, Rubio, Gaspar, Morera y López. Pese a la protesta del capitán blanquiazul, el encuentro inició bajo la lluvia a la hora programada. Las miles de personas en las gradas se guarecían bajo sus abrigos, sobretodos, paraguas y sombrillas, mientras los jugadores tenían problemas para desplazarse en aquel campo anegado y repleto de lodo.

El zaguero perico González era el sustituto de último momento del lesionado Portas, el compañero ideal de Saprissa en la parte baja del campo. A los tres minutos de iniciado el partido, el joven relevo tuvo ocasión de marcar el primer gol, cuando le correspondió disparar un penalti tras una falta de Quesada contra Broto, pero erró el disparo tras tener problemas para localizar el punto exacto para ejecutar el tiro y dejar el balón directo en manos del guardameta blanco Cabo. Durante el primer tiempo, las malas condiciones del terreno hicieron casi imposible la coordinación defensiva entre Saprissa y González, por lo que los continuos ataques del equipo
madridista tuvieron que ser superados gracias a las oportunas intervenciones del Divino Zamora, que resistió los embates constantes de los atacantes Triana y Lazcano.

Tras la contratación de Ricardo Zamora por el Real Madrid, el cargo de capitán
del Espanyol recayó en el salvadoreño Ricardo Saprissa Aymá, quien lo
desempeñó por dos temporadas. En la foto, él aparece al centro de la misma.

Jugadores del Espanyol en el estadio de Mestalla, el domingo 3 de febrero de
1929, para disputar la final de la Copa del Rey contra el Real Madrid. Nótese el
estado lodoso del terreno de juego y los paraguas en manos del público.
Saprissa Aymá aparece en la cuarta posición, de derecha a izquierda en la foto.

El Mestalla repleto y la cancha anegada. Así se jugó la llamada Final del agua
entre el Espanyol y el Real Madrid, con resultado de 2 goles a 1 a favor del
equipo catalán.

Mediosimpresos de Madrid y Barcelona, como ABC, El mundo deportivo o El imparcial, destacarían en sus crónicas del partido las virtudes mostradas por entre el agua y el lodo por el guardameta blanquiazul. En el minuto 55, el perico Tena II abrió el marcador a favor del Espanyol, al cruzar con un balonazo los tres palos defendidos por Cabo. Después, el mal estado del campo provocarían constantes roces entre los contendientes, por lo que pronto quedarían expulsados el goleador
inicial y su compañero Broto -retirado de la cancha por elementos policiales, dada su agresividad-, así como el merengue Rubio. Veintisiete minutos después, una carrera súbita y un doble remate de Bosch rompieron de nuevo la red blanca. Parecía que ya todo estaba definido. Para entonces, la meta perica estaba casi
blindada, porque el salvadoreño Saprissa había dejado de lado a González y se había concentrado en hacer mancuerna con Solé para la defensa frente a los incesantes ataques del cuadro blanco.

Para ese momento, la estrategia blanquiazul se centraba en perder tiempo, lanzar pelotas fuera de la cancha y quemar los últimos minutos de partido, ya sólo a la espera del pitazo final. Sin embargo, en unos segundos, en la banda izquierda se desató una carrera enloquecida hacia la meta perica, conducida por López y Urquizu, quienes se enfrascaron con los defensas, al lado de los cuales se puso el guardameta Zamora, quien no pudo evitar el disparo de Lazcano que penetró en su red para marcar el primer gol merengue. Con la tensión en el ambiente, el Español decidió jugarse el todo por el todo en la zona más dañada por la lluvia y con el lodo hasta los tobillos, lo que provocó nuevos roces en aquellos cuerpos marcados por el enorme desgaste físico y que condujeron a las expulsiones inmediatas
de González y Triana. Cuando el árbitro hizo sonar su gorgorito, el marcador seguía sin moverse más en aquella Final del Agua como pasaría a ser recordada en la historia del fútbol español.

Con ese partido caótico como inolvidable fue como el R. C. D. Espanyol se alzó con su primera Copa del Rey, que el capitán Zamora recibió de manos del presidente de la Federación. Española de Fútbol, Pedro Díez de Rivera, marqués de Someruelos. Por las condiciones climáticas imperantes, el equipo catalán no pudo regresar a Barcelona en tren sino hasta el martes 5. Una multitud los esperaba en la estación de carrer de Aragó para conducirlos en hombros hasta la sede del Ajuntament en la plaza de Sant Jaume, donde los gritos de los aficionados obligaron a todo el equipo a salir varias veces al balcón principal del edificio para recibir las aclamaciones del respetable. A su lado, Genaro de la Riva, presidente del Espanyol, lloraba al ver a su equipo querido alcanzar, por primera vez, el máximo galardón existente
entonces en el balompié español. El salvadoreño Ricardo Saprissa Aymá continuó en la plantilla del Espanyol hasta 1932. Se convirtió en capitán del equipo perico tras la contratación de Zamora por el Real Madrid. Por sus méritos deportivos, las federaciones de tenis, fútbol, béisbol y hockey sobre hierba le rindieron dos días de homenaje conjunto, que el 8 de febrero de 1931 incluyeron un partido contra el Real Madrid y una elegante fiesta en el Hotel Oriente de Barcelona.

Después, Saprissa Aymá decidió volver a Centroamérica para desarrollar sus negocios. Se asentó en Costa Rica, donde se nacionalizó y se convirtió en una leyenda, cuyo apellido ostentan un importantísimo club de fútbol y su estadio. En la localidad tica de Alajuela entregó cuentas a la vida, el 16 de agosto de 1990. En su tierra natal, nada recuerda su vida ni su obra, su legado deportivo y sus glorias múltiples. Es una deuda pendiente que El Salvador mantiene con uno de sus hijos más internacionales, una verdadera expresión del deporte como forma de vida y de pasión por la salud, la concordia y la paz, los fundamentos mismos del olimpismo, de los que también fuera promotor el santaneco Pedro Jaime de Matheu, amigo estrecho del barón Pierre de Coubertin.

Lecturas recomendadas:

-BRAVO E ICARZA, José. Historial deportivo del R. C. D. Español, 1900 a 1953
(Barcelona, R. C. D. Español, 1953).
-MOLERO ROMERO, Iván e IGLESIAS MARTÍNEZ SORIA, Enrique. Gloria a los héroes.
98 historias del Espanyol (Barcelona, Ara Llibres, 2015).
– PASTOR PACHECO, José Antonio. Historia del Deportivo Saprissa (San José, Costa Rica,
Fotorama de Centroamérica, 1988).
-PASTOR PACHECO, José Antonio. Ricardo Saprissa, su vida y legado (San José, Costa
Rica, Jadine, 2010).

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