29 de enero de 2006


INTERNACIONALES
En el salvaje Oeste, un burdel para mujeres

En un tiempo en el que ellas se interesan más por los temas relacionados con el sexo, Heidi Fleiss, una ex madam de Hollywood, planea abrir un club en el desierto de Nevada

The New York Times
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Listo. Este hombre formará parte de la Granja de Sementales de Heidi.

Pensemos en un oasis placentero en el desierto de Nevada, una colección de lujosos chalets con recámaras con chimeneas, donde las fantasías y deseos sexuales son atendidos. Desde 250 dólares por una hora.

Pero, en esta casa, la Granja de Sementales de Heidi, quienes se prostituyan serán hombres musculosos y los clientes serán mujeres.

Heidi Fleiss planea el burdel sólo con hombres sobre 24 hectáreas de Nevada, donde la prostitución suele ser legal, y hay más de dos docenas de burdeles del tipo convencional.

Los abogados de Fleiss, la ex madam de Hollywood que estuvo en prisión a fines de los 90 por cargos federales relacionados con un negocio de prostitutas de lujo, planea solicitar una licencia este mes. Fleiss dijo que espera que su casa de mala reputación esté en operaciones a fines del año.

“Los tiempos han cambiado tanto, y ahora las mujeres tienen el control”, dijo Fleiss, de 40 años, en entrevista telefónica desde Nevada. “Las mujeres ganan más dinero. Son más influyentes. Y es un mundo solitario. Las personas están cansadas de las citas por Internet. Es más fácil ir a un lugar donde sabes que tendrás al hombre de tus sueños”.

¿Es posible eso? ¿Realmente están las mujeres estadounidenses preparadas para lo que será uno de los primeros burdeles de su tipo? ¿Pagarán por tener sexo como una transacción sin problemas?
Investigadores y grupos que estudian o trabajan con prostitutas afirman que las mujeres estadounidenses pagan ya bajo ciertas circunstancias. Las mujeres, igual que los hombres, pueden ser “turistas sexuales”, por ejemplo.

Durante vacaciones en lugares como Jamaica o la República Dominicana, las mujeres pagan por sexo y la compañía de hombres, generalmente hombres más jóvenes.

Las mujeres se han convertido en importantes consumidoras de películas pornográficas y páginas de Internet en años recientes, en gran medida debido a la privacidad permitida por la Red. Pero las mujeres también muestran abiertamente interés en todas las cosas sexuales.

“Nos preguntan todo el tiempo, ‘¿cuánto por este hombre?”’, comentó Dan Remington, un propietario de “Hollywood Men”, un espectáculo de hombres desnudistas en Hollywood. “No hacemos eso”.

Un reciente sábado en la noche, más de 100 mujeres gritaban, aullaban y admiraban la función de “Hollywood Men”, mientras musculosos individuos se despojaban de sus tangas. La multitud incluía a mujeres jóvenes y viejas. ¿Conducirían o volarían hasta la Granja de Sementales de Heidi para dar rienda suelta a su lado salvaje en un burdel?

“Lo haría solamente por la experiencia”, afirmó Mayra Barreras, de 20 años, una representante de servicios al cliente de una compañía de hipotecas, quien llegó al club con tres amigas.

Gina Pinon, una estudiante que celebraba su cumpleaños en el club, dijo que no cree que pagaría por tener sexo “porque podría salir y tenerlo gratuitamente”. Luego, agregó: “Pero algunas mujeres pagarían por ello, mujeres que están en situaciones infelices o que les gustan las fantasías. Yo diría: ‘Háganlo. Diviértanse’. Si los hombres pueden hacerlo, las mujeres también”.

Algunos expertos en cuestiones sexuales y psicólogos aseguran que un burdel para mujeres era de esperarse desde hace mucho. Muchas más mujeres contratarían a un profesional si fuera legal, aseguran algunos expertos, por razones no distintas a las de los hombres que frecuentan a
prostitutas.

Un negocio reglamentado que realiza una revisión criminal y médica de sus empleados encontraría un mercado entre las mujeres, afirmó Patti Britton, presidenta electa de la Asociación de Educadoras Sexuales, Asesores y terapeutas de Estados Unidos. Las clientas serían mujeres con aversión a contratar acompañantes o buscar hombres en bares, debido al riesgo de la violencia y las enfermedades.

“La expectativa cultural”, afirmó Briton, “es que cualquier mujer puede tener sexo cuando lo desee. Todo lo que tiene que hacer es mostrarse en un lugar público. Pero muchas mujeres son tímidas socialmente. Y cuando se trata de sexo, las mujeres se sienten más vulnerables y en riesgo que los hombres”.

Fleiss, quien firmó un acuerdo con HBO para un documental sobre su empresa, promete que su burdel no será como ningún otro en opulencia y en su trato a los empleados y las clientas. Planea iniciar con 20 hombres y ofrecer a sus clientas servicios como un salón de belleza.

Aunque los interesados no ha decidido los términos de su contrato con Fleiss, quien les dice que podrán conservar todas las propinas, pero deberán dividir la tarifa de 250 dólares por hora con la casa. De esta manera, la mujer señala que espera ganar mucho dinero.

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