29 de enero de 2006


EL DÓLAR VRS. EL COLÓN

Permitido especular el colón está de regreso

¿Cuántos colones me darán por cada dólar? ¿Será más cara la gasolina?¿Podré pagar el préstamo para la casa? Son las primeras preguntas que acecharían al salvadoreño de a pie si la Asamblea aprobara la puesta en circulación de la extinta moneda nacional. Para aliviar las dudas del hipotético escenario, EDH extrajo a tres técnicos de la órbita de las ciencias económicas y los términos gruesos, y los sentó en una misma mesa. La tarea: escribir el final de cada episodio en el día a día de María Pérez, ciudadana media. El resultado: un ejercicio de construcción de castillos con muchos “depende” y desenlaces unánime

Leyre Ventas
vertice@elsalvador.com


Los expertos invitados al foro:Carlos Acevedo (PNUd) Álvaro Trigueros (fusades) Waldo Jiménez (Anep)

Como la moneda nacional está de nuevo en circulación, María Pérez acude al banco a cambiar sus dólares por colones. ¿Se los dan a 8.75?

Waldo Jiménez, de la Anep: “La respuesta de un buen economista debe ser depende. Eso estará asociado a la decisión de a qué tipo de cambio vamos a regresar, y si este va a ser fijo o libre”.

Según el economista del PNUD, Carlos Acevedo, a María pueden darle 10, 12 o hasta 15 colones por cada dólar.

“Dependerá de las condiciones en las que esté la economía en esos momentos. Pero el cálculo es hacia arriba”.

El ingreso de dólares al país mantiene el tipo de cambio: las remesas y las inversiones.
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Respecto a eso, Waldo Jiménez insiste en la relevancia del escenario político: “si no hay acuerdo, si el Ejecutivo está obligado a cumplir una decisión de la Asamblea, entonces hay ruido político.

Con ese ambiente de inestabilidad política los hermanos lejanos mantendrán una reserva sobre continuar con los envíos. Y los inversionistas retrasarán decisiones y sacarán sus capitales en dólares fuera del país, esperando ver qué acontece en El Salvador.

Esa escasez de dólares provocará un alza en el tipo de cambio”. María recibirá más colones que en el 2001 por sus monedas estadounidenses.

Y Carlos Acevedo recuerda a otros beneficiados de ese fenómeno: “hay exportadores que se alegrarían con un cambio de 15.

Cuanto mayor sea la devaluación mejor, porque les darán más colones por los mismos dólares que ganan por el producto que exportan”.

El esposo de María, Juan López, es productor y exporta a Centroamérica. ¿Son ahora más competitivos sus productos?

Waldo Jiménez: “Eso es temporal, a lo sumo dura un año”. Al primer momento de la colonización Juan López mantendrá los precios para los nicaragüenses, guatemaltecos.

Ganará la misma cantidad de dólares que en tiempos de dolarización, pero al cobrarlos y cambiarlos obtendrá más colones. “Pero también tendrá más costos en colones”, prosigue Jiménez.

Pronto Juan se dará cuenta que tiene que pagar más colones por la gasolina (aunque su precio en dólares se mantenga), uno de los insumos en el proceso de producción. Tendrá que encarecer su producto. Perderá competitividad.

 

María y Juan adquirieron en el 2000 un préstamo hipotecario para poder comprar el único vehículo de la familia. ¿Con el colón tendrán una tasa de interés más alta y se les ampliará el plazo de pago?
“Es una pregunta crucial”, comienza Carlos Acevedo, “porque si al colonizar los créditos contratados se ajustan a la nueva tasa de interés que tendría que haber, sería un caos”. Y prosigue: “pero eso depende de la capacidad de los bancos de mantener las tasas a las que han sido contratados en dólares los préstamos. Ahí se genera un problema de administración de cartera, de descalce”. Se trata de lo siguiente:
Para poder respaldar esos créditos domésticos (como el de María y Juan) los bancos adquirieron una fuerte deuda externa en dólares. Por ello, aunque ahora sus deudores (María y Juan, por ejemplo) pagarán cada mes su cuota en colones, la banca tendrá que seguir pagando en dólares. Frente a eso y con la depreciación (que cada dólar cuesta más colones), existen dos desenlaces posibles.
Álvaro Trigueros, de Fusades, propone el primero: “una crisis financiera, quebrarán un montón de bancos”. Por no poder pagar su deuda externa.
El segundo escenario lo ilustra Carlos Acevedo: “quien pagaba 500 dólares por su hipoteca tendrá que pagar 1,500”.

Como ya no pueden pagar la cuota al banco, la familia López se queda sin carro. A Juan no le queda más que abordar cada mañana un microbús para ir a trabajar, y otro al regresar a casa. ¿Cuántos colones le cobrarán por el pasaje que antes costaba 23 centavos de dólar?
Carlos Acevedo no se atreve a acuñar una cifra, pero si a afirmar que “con los ajustes del redondeo sería un salto discreto en los precios, como cuando se dolarizó. Pero no tendría porqué traducirse en un crecimiento sostenido de los precios, en una mayor inflación”.
Sobre ese ligero aumento de precios, Waldo Jiménez dice: “con la dolarización en efecto hubo un redondeo inicial, de la misma manera que ocurrirá si regresa el colón. Y ese aumento de precios no se refleja en el indicador nuestro de inflación”. Una parte de la población siente que con el cambio de moneda que se dio en tiempos de Flores los productos que consume (o los servicios que contrata, en el caso del transporte deJuan) le cuestan mucho más. “El indicador de inflación no refleja esa percepción de las personas, pero éstas siguen culpando a la dolarización”.

El salario real de Juan se reduce porque los impuestos que el Estado impone para poder pagar la deuda externa son más altos. María es ama de casa, no tiene sueldo.
Álvaro Trigueros: “Hay dos vías. Si el gobierno no quiere tocar la inflación (subir precios), va a tener que subir los impuestos. Pero si no sube los impuestos va a tener que imprimir más dinero, y va a haber inflación”. O el dinero con el que cuente Juan a fin de mes será menos, porque se le gravaron más impuestos, o podrá comprar menos porque todo cuesta más en las tiendas.

El diario que Juan y María acostumbran comprar titulará en portada: “No habrá TLC”. ¿Será incompatible con el colón?
Para Carlos Acevedo no son dispares. Y argumenta al respecto: “la dolarización como régimen monetario es un instrumento. Entonces, así como cuando el gobierno desdolarizó fue un error decir que la tasa de crecimiento sería mayor y que se iba a exportar más, lo es creer que con el colón se va a resolver el problema de la competitividad”. Es simplemente una herramienta. Para Acevedo, lo que interesa para mantener las relaciones comerciales con EE.UU. es tener un aparato productivo fuerte.
Waldo Jiménez lo secunda: “un aparato productivo que se renueve permanentemente gana con facilidad nuevos mercados; pero si tiene debilidades sensibles, con cualquier régimen cambiario va a tener dificultades para crecer”.

El rostro de la campaña

Colón se instrumentaliza. Se pasea por platós televisivos matinales, funda debates en plenarias, se imprime en afiches.
“El pisto no alcanza”, dice un cartel de campaña. “Con el dólar todo está más caro”, es un convencimiento popular que alimenta la nostalgia.
A sabiendas de esto último, el Frente ha convertido la propuesta del regreso a la moneda nacional en una de sus bazas de campaña. El colón como mero gancho político.
Salvador Arias lo admite. Pero insiste en que se decidió darle tal perfil porque es el “el punto de arranque para una reforma estructural de la política económica”. La cadena es interminable: “el colón no garantiza la desaparición de la pobreza, ni el abaratamiento de la vida”.
Para ello propone más cambios en el camino: stop al TLC, renegociar la relación comercial con EE.UU. a modo que se convierta en cooperación para el desarrollo, etc.
La propuesta del FMLN implica, pues, algo más complicado de lograr que la revocación de una ley.

Conclusiones de un foro sin discordia

Á lvaro Trigueros fue el más alarmista, Waldo Jiménez optó por el optimismo. “Soy optimista, no porque el Ejecutivo y la Asamblea se vayan a poner de acuerdo para reinstaurar el colón, sino porque es bien difícil que lo hagan”, aclaró el causante de su actitud.
Solo el tono variaba entre los invitados.
Tanto el primero, economista de Fusades, como el segundo, de la Anep, y al igual que Carlos Acevedo, representante del PNUD en el foro, concluyeron lo siguiente: colonizar no traerá beneficios. “Por lo menos así, beneficios generales para la sociedad, no. Porque ganadores y perdedores siempre hay, y habría gente a la que le iría mejor”, explicaba Acevedo.
E ilustraba: “la colonización es un matrimonio en el que el novio está amenazado de muerte por los hermanos de la novia”. Un remedio peor que la propia enfermedad.
Al referirse a aquella población que reivindica la moneda nacional, el trío convergió en que lo hace por una percepción equivocada. “La gente no ha sentido un incremento sustancial en su bienestar en los últimos cinco años. y agarra de chivo expiatorio el dólar”, indicaba Trigueros. E insistía en que la situación de bajo crecimiento que atraviesa el país se debe a varios factores, con los que la dolarización nada tiene que ver.
“La política monetaria no es más que un instrumento, la economía es mucho más complejo que eso”, subrayaba y enumeraba dos terremotos, la crisis del café que se alargó cuatro años y generó desempleo, y la crisis del sector maquilero como efecto del acuerdo multifibras.
Según el economista, hay que dejar de discutir sobre divisas y centrarse en lo que su colega, Waldo Jiménez, llama la economía real; la que está directamente relacionada con el aparato productivo. “No hay que sobredimensionar la parte monetaria. Hay que centrarse en fortalecer las instituciones, el Estado de Derecho, en el desarrollo tecnológico, el combate a la delincuencia, y en reforzando el sistema financiero a través de regulación y supervisión”, marcaba pauta Trigueros.
Entonces, no es cuestión de dólar o colón. Al menos no sólo. Y esa es la base también, aunque con sus variantes, de la propuesta del Frente (ver tercera nota).

 

 

 

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