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CRÓNICA
El milagro de los $20.00 dólares
A tres meses de iniciada la entrega de fondos provenientes de la Red Solidaria, el ritmo de vida en San José Cureñas ha cambiado. Siguen siendo pobres, pero los niños asisten a la escuela y el menú en las chozas se ha extendido más allá de las tortillas con sal y el tomate
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| Carencias. Santiago y Concepción Chicas regresan de las escuela. El niño asiste descalzo. |
Faltan 10 minutos para que comiencen las clases en en centro escolar San José Cureñas, en el caserío del mismo nombre en el cantón Tijeretas, Torola, Morazán, pero los alumnos ya llegaron y han acomodado los útiles en los pupitres.
Esta imagen es nueva ante los ojos de Alexander Guevara, director de la escuelita rural. “Antes venían cuando ya había pasado una hora de clases, pero los recibíamos y a veces faltaban semanas seguidas”, testifica con un acento propio de los del oriente del país.
Los lugareños no han dejado de ser pobres, pero en la mesa se come más variado y las embarazadas y los niños menores de cinco años toman vitaminas.
El profesor intuye que la puntualidad no es sólo por aprender, sino que, además, las familias están cumpliendo con mandar a la escuela a sus hijos, uno de los compromisos que adquirieron las 35 grupos del caserío al marcar su huella dactilar en la carta que les dio el Estado, al momento de recibir el bono bimensual de Red Solidaria.
Nutrición
Como la mayoría de padres no sabe leer, las educadoras se apoyan de ilustraciones, bocetos para que comprendan cuáles son las comidas saludables y los beneficios que les aportan. Dentro de las carencias y la dificultad que hay para condensar nutrientes en un sólo plato, Pastora se esfuerza.
“Nos ponen dibujos y nos preguntan qué significan. Cada quien dice lo que entendió y así es como nos enseñan”, relata. Hoy el cambio en la dieta es grande si se toma en cuenta que antes la opción era tortillas con sal.
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| Incluidos. Rosario de la Paz Argueta, con siete meses de embarazo y un niño de tres años, va a control hasta Torola. Pastora, la matriarca de la familia, administra los $40 que reciben al mes. |
A veces incluían el tomate, pero sólo cuando habían conseguido hacer un jorna que se reduce a $1.50 ó $2 por faenas de 12 horas.
En Torola, el pueblo más desarrollado en la zona, la tienda surte huevos frescos, plátanos sazones y verdes - de esos que maduran lento-, leche entera en bolsa, arroz, frijoles, zanahorias, naranjas, cebollas y todo lo básico que en San José Cureñas era más bien un lujo. En el desayuno, Pastora le hizo atol a sus hijos, comieron fruta de la que dan los árboles del patio y todavía quedaban frijoles en la olla, pero prefirió dejarlos para el almuerzo.
| En el aula hasta los ocho años |
No es raro que tenga ocho años y no sepa leer, pero este año la situación de Rosa Merlin Hernández parece que dará otro giro. Desde que su abuela María Afra Martínez recibió el bono de Red Solidaria, ya gestionaban su matrícula en la escuela de San José, la más cercana.
Estudiar era un lujo porque debía ayudar en las labores domésticas. Viajar a la quebrada por agua, alimentar a las gallinas, cuidar a los cerdos, a la yegüa y al caballo, cocer maíz y cuidar la casa, mientras su abuela iba al pueblo eran algunas de sus responsabilidades.
Hoy con un año de sobreedad está matriculada en primer grado. “Con ella vamos a tener un tratamiento diferente. Se le pone más atención y hay que esmerarnos más porque la niña nunca ha ido a estudiar a ninguna parte”, indica el director de la escuela de San José, Alexander Guevara.
Samuel Hernández, el hermano de cinco años de Rosa, ya está matriculado y la abuela acepta el motivo.
“Hoy los he matriculado por el requisito del bono. Ya me dijeron que sólo puede faltar cuando no llegue el profesor o cuando esté enferma. Hoy con ese pisto pueden comer mejor los cipotes”, detalla con satisfacción porque ya no les faltan los frijoles ni la leche, aunque es una bebida nueva en el rancho. |
Para variar, al caldo le adicionó verduras y unas hojas de mora que recogió su hija en una vereda cerca de la casa. Una lata de leche entera también figura en una alacena provisional que ha colgado cerca de la hornilla. La bolsa de Incaparina ya casi se termina, pero tendrá que esperar a que llegue la cuota de febrero para adquirir otra bolsa.
“El dinero ya se me está terminando. Sólo me dura casi mes y medio, sabiéndolo dirigir y sin comprar ropa”, se queja Pastora, quien ignora que podría dar cátedra de administración, porque logra que le alcancen los $40 que nunca antes había acumulado, durante 45 días.
Y aunque sus nietos insistan en que les regale monedas para ir a la única tienda del caserío, no permite que coman golosinas. “Nos dijeron que las chucherías sólo empanzan y no son alimento”.
En la escuela no hubo refrigerio durante la primera semana de clases, pero para los próximos días la bodega estará llena de alimentos.
Edgar, de tres años, el menor de los nietos de Pastora, asiste al kínder y también lo llevan puntual a los controles en la clínica de Torola desde octubre. Desde entonces ha ganado una libra por mes.
Rosario de la Paz, la madre de Edgar, está en su séptimo mes de embarazo, pero su vientre no sobresale. “La doctora dice que está muy pequeño para el tiempo que tengo”, repite.
La doctora Mirna Reyes, directora de la unidad de salud de Torola, le recomendó una ultrasonografía , pero el pasaje hasta Gotera es más caro que la misma prueba.
Debe reunir seis dólares para llegar hasta ahí y pagar cuatro por el examen. “No me la he podido hacer, pero estoy comiendo mejor” dice.
El control lo inició en enero porque desconocía su estado.
Pese a que en las paredes no cuelga ningún calendario, a Pastora no se le va por alto el día en que debe reunirse para la charlas de nutrición. Tiene una señal que es para ella lo que las estrellas para los marineros.
“Nos reunimos ocho días antes de que entreguen en dinero, por eso no me confundo”, confiesa.
A ese paso, sus vidas han comenzado a cambiar, para bien...
Más consultas en la clínica
La directora de la unidad de salud de Torola confirma que la mayoría de pacientes que atiende están dentro del programa estatal.
Limitantes para recetar medicinas Pese a que el dispensario tiene desparasitantes, no pueden recetarlos porque no hay laboratorios clínicos cerca ni dinero para viajar a otro municipio.
Atención para cuatro cantones
En Torola hay 485 habitantes. Está compuesto por cuatro cantones: Tijeretas, El Progreso, Agua Zarca y San Diego que se dividen en tres caseríos.
Pueblo chico
San José Cureñas es un caserío pequeño, formado de 35 familias y 123 niños. El ingreso diario es de $1.50 a $2.00, provenientes de las labores agrícolas.
Cada dos meses, las mujeres salen del caserío, escoltadas por sus maridos, para retirar el dinero del bono
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| Empuje. Los padres incentivan a sus hijos para que lleguen puntuales a clases. Tres faltas en el mes ponen en riesgo la asistencia de Red Solidaria. |
Primeriza. Rosa Merlin Hernández fue matriculada en primer grado. Está en desventaja con sus compañeros porque nunca asistió al kinder. |
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