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LA
OPINIÓN
La pérdida del idioma

Uno de los ejes de la riqueza cultural es el lenguaje, que está a punto de desaparecer a causa de la globalización. Los hermanos lejanos también aportan su granito de arena para derrumbar la memoria del pueblo que alguna vez los vio nacer.
En diciembre, el mes con más arribo de emigrantes a tierras cuscatlecas, Santa Ana fue uno de los escenarios escogidos para el turismo. Una pareja de salvadoreños que residen en Estados Unidos mostraban con orgullo a sus dos hijos las bellezas de la ciudad morena. Las fotos con el teatro y la Catedral al fondo no faltaron. Sus padres les explicaban donde posar para conseguir un retrato para el recuerdo.
El sabor amargo surgió por el idioma que utilizaron durante sus minutos de visita al parque Libertad: el inglés.
Sus hijos pueden ser estadounidenses, pero no pueden olvidar el idioma materno, sus raíces y la sangre que fluye por sus venas. Al parecer, a sus padres no les interesa que sepan español y a los niños tampoco les simpatiza la idea.
Desconocen que el idioma es el vehículo que diferencia una cultura de otra. En su mayoría, los pueblos latinos tienen en común la misma lengua, producto de la colonización española. Una de las excepciones es Brasil, donde prácticamente toda la población habla portugués.
La importancia de transmitir la lengua materna, reconocida por ser la primera que se aprende de los padres, es fundamental para el traspaso a las siguientes generaciones del fortalecimiento de la identidad, los lazos con su país y su gente.
Según datos de la Unesco, el idioma español es hablado como lengua materna por unos 332 millones de personas, es decir, que es la segunda más hablada del mundo tras el chino mandarín. Ello indica lo errado que es pensar que lo mejor es que desde pequeños hablen inglés y olviden la riqueza del español.
Les ayudaría saber que en El Salvador, el nahuatl está en proceso de extinción y que su única
salvación es tomar las medidas necesarias para proteger esta lengua de lo que se llama “la erosión cultural”, gracias a la presión que ejercen las lenguas dominantes.
La diversidad, tanto cultural como lingüística, corre peligro si a los hijos de los salvadoreños que nacen en Estados Unidos se niegan a enseñarles español, junto con sus tradiciones y los hechos históricos que hacen al salvadoreño.
Puede resultar inconcebible plantear la posibilidad de la extinción del español. Pero la tendencia de la desaparición de otras lenguas se puede transpolar. Si así fuera, los niños de sangre salvadoreña que nacieron en el extranjero no podrán expresarse con los familiares que no llegaron a cruzar la frontera y tampoco entenderán la vida de sus ancestros.
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