26 de febrero de 2006


LA OPINIÓN
Realidad tergiversada

Florencia Couto
vertice@elsalvador.com
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Todos hablan de las próximas elecciones. La televisión no hace otra cosa que mostrar a los candidatos a alcaldes en todos los horarios posibles y en diferentes tipos de debates. Los medios de comunicación escritos y la radio tampoco se quedan atrás. Todos quieren tener una historia que contar de los que serán electos alcaldes y también de los que no llegarán a la meta... La situación es tal que pasa casi inadvertido la mitad de lo que está en juego el 12 de marzo.

Los diputados, que también se elegirán dentro de dos domingos, son fundamentales. Ellos son los integrantes del poder legislativo, uno de los pilares fundamentales de la democracia. Los otros dos son: el Ejecutivo (en manos del Presidente) y el Órgano Judicial.

Aquí es donde entra en acción la teoría de separación de poderes del Estado que formuló Montesquieu en 1747, que establece que los miembros del poder legislativo deben ser diferentes de los miembros del poder ejecutivo y poder judicial.

Esto se cumple. Nadie lo discute. Pero el límite o los lineamientos de los diputados lo establecen los partidos, ya sea que estén gobernando, sean de la oposición o los minoritarios –esos que no se sabe por cuánto tiempo más sobrevivirán, pero que son valiosos para descomprimir el poder de los más fuertes–.

¿Por qué son importantes los diputados? Porque son los encargados de legislar (crear, reformar, derogar o modificar leyes), y fiscalizar (el uso y aplicación de los recursos públicos, a través del Presupuesto).

Aquí es donde los ciudadanos tienen incidencia. Son los encargados de marcar una papeleta que fijará el rumbo del país. Esto, gracias a que en democracia las personas tienen varios derechos, entendidos como el conjunto de principios, preceptos y reglas que rigen las relaciones humanas en toda sociedad civil, y a los que deben someterse todos los ciudadanos.

Elegir a sus gobernantes a través del voto es la expresión de esa responsabilidad.
Hombres y mujeres que definen agendas de gobierno, que establecen prioridades, que formulan políticas públicas y, por sobre todo, representan a los ciudadanos. Eso no lo deben olvidar. Pese a que llegarán al Salón Azul gracias a sus partido político, una vez electos deben velar por la población en general.

La democracia también la construyen los ciudadanos a través de la participación en las elecciones. No hay que menospreciar la elección a diputados. Al fin y al cabo son los representantes del pueblo, mal llamados “padres de la patria”.

Por ello la necesidad de estar bien informados. Elegir con conciencia es la manera de incidir en el futuro del país. El Salvador aspira al progreso. Con ciudadanos que voten en ese sentido, de la mano de buenos representantes, puede ser posible.


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