
|
 |
PERFIL
Susan, la maestra de la imagen
Susan Meiselas es una de las más reconocidas fotógrafas documentales. Durante casi una década se dedicó a cubrir los conflictos de Centroamérica. En esta entrevista reflexiona sobre el significado de esta experiencia.
| |
“Mano blanca”
Arcatao, Chalatenango, 1980. La “firma” de un grupo paramilitar sobre la puerta de un líder campesino asesinado. |
Una mirada. Eso fue lo que atrapó la atención de Susan Meiselas en su primer gran proyecto fotodocumental, “Carnival Strippers” (Bailarinas de carnaval). Una joven, de pie sobre la caja de la taquilla, vestida sólo con un bikini afuera de una carpa, mira al horizonte con un mezcla de desenfado y desafío.
“¿Quién era ella? ¿Por qué estaba haciendo eso?”, reflexiona Meiselas. “Nunca se sabe cuando un proyecto va a agarrarte. Pero lo que más importa no es el inicio sino lo que sigue, la profundización de un tema. Eso es algo particular y especial”.
Esa tenacidad por explorar un tema compenetrándose con la vida de los sujetos o con “la historia en marcha”, es lo que ha distinguido la carrera de Meiselas, cuyas fotografías de Nicaragua y El Salvador contribuyeron a fijar el imaginario de los conflictos armados de Centroamérica para los lectores del mundo.
Miembro de Magnum Photos, quizás la más prestigiosa agencia internacional de fotoperiodismo, la obra de Meiselas ha sido publicada en los periódicos The New York Times y el Times de Londres, así como en las revistas Time, Geo y Paris Match, entre muchas otras. En Latinoamérica también es conocida como maestra de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, para la cual ha impartido varios talleres.
|
|
En el salvador
Susan Meiselas llegó en 1978 a C.A., donde cubrió como fotógrafa los conflictos armados de Nicaragua y El Salvador durante casi una década. |
Su regreso a El Salvador después de 14 años es, en sus palabras, “un accidente”. La apertura de la exposición de Henri Cartier-Bresson en el Museo de Arte coincidió con una visita suya a Honduras. El fotógrafo francés, quién acuñó la frase “el momento decisivo” para describir el objeto del fotoperiodismo, fue uno de los fundadores de la agencia Magnum.
Meiselas regresó al país, por lo tanto, no para apuntar su cámara, sino como la representante de una tradición profesional y artística.
Encuentros
A pesar de ser conocida como una de las fotoperiodistas más importantes de las últimas décadas, Meiselas rechaza la categoría. “Soy una documentalista”, explica. “La diferencia de la definición es crucial. Un fotoperiodista es enviado por un periódico para ilustrar una noticia. Yo vine a Centroamérica por mi propio interés de lo que estaba pasando aquí”.
Su proyecto sobre las bailarinas itinerantes de Striptease que realizó entre 1972 y 1975 parecería algo muy remoto de su trabajo como corresponsal de guerra, pero le enseñó a profundizar en un tema, comprendiendo a los sujetos a fondo, y sobre todo, a observar y a esperar.
“Yo creo que es importante comprender cómo trabajamos en ese tiempo en El Salvador”, dice Meiselas. “Los fotógrafos, tanto extranjeros como nacionales, íbamos en una dirección o en otra cubriendo el país de cualquier manera posible.
|
|
Carnival Strippers
Essex Junction, Vermont, 1973. Lena, sobre la caja de la taquilla, en un carnaval. |
|
|
La madre
Dolores, 1983. La madre de un soldado muerto lo recibe en un ataúd. La acompaña su familia. |
Por miedo, tratando de andar con soldados o guerrillas, o en un barrio, pero sin idea de lo que íbamos a encontrar. Es una manera importante de trabajar al cubrir una guerra. No empiezas con ideas preconcebidas en tu mente. La fotografía se convierte así en un encuentro”.
Fantasmas
Algunas de las fotografías de Meiselas se convirtieron en símbolos del conflicto en El Salvador. Tal vez la más famosa y difundida de éstas es la de las “manos blancas”. Lo que sorprende de esta fotografía es que, por un lado, llegó a representar la amenaza de la violencia en El Salvador mientras que, por otro lado, es la más estilizada y menos violenta de sus imágenes. “La foto”, explica Meiselas, “muestra una puerta en Arcatao, de un campesino que fue asesinado exactamente ese día por un grupo paramilitar. Nunca, en la mañana, al salir a la calle sabes lo que vas a encontrar. Esto es parte de la fuerza de la fotografía. A través de ella, encontrar”.
Meiselas cubrió todos los aspectos del conflicto en El Salvador. Así como documentó al batallón Atlacatl documentó a la guerrilla.
Una de sus fotografías más conmovedoras muestra a la madre y la familia de un soldado al momento de recibir su cuerpo en un féretro. La imagen registra cómo cada uno de sus familiares proyecta su dolor, con ira, estupor o lágrimas.
“Este es ahora un país tan distinto”, dice Meiselas, “y al mismo tiempo tengo mis memorias grabadas en mi mente. Es un paisaje para mí lleno de fantasmas. Quisiera volver a cada lugar y ver cómo es ahora.
Tengo mucho por redescubrir. O repensar. Así que quizás el accidente de regresar a El Salvador es por algo. Sólo tengo que descubrir qué significa”.
“¿Quién es el dueño de la historia?”
|
|
| Encuentro. La famosa fotógrafa ha regresado al país, luego de 14 años de ausencia. “Ha sido por accidente”, reflexionó. |
Aunque consiguió reconocimiento internacional por su trabajo como corresponsal de guerra en la década de 1980, Susan Meiselas ha dedicado mucho de su tiempo a proyectos antológicos. Una exhibición y un libro reunieron la obra de 30 fotógrafos extranjeros que trabajaron en El Salvador.
Ha realizado esfuerzos similares en Chile, donde recopiló la obra de fotógrafos de ese país, y en Kurdistán, un pueblo perseguido y diezmado por Irak y del cual compiló un siglo de historia fotográfica.
De alguna manera un fotógrafo fija la memoria de un pueblo, los momentos de su historia.
Sí, es interesante cómo la foto fija la memoria. En ese sentido podemos hablar de fotos que son icónicas. Pero es una suerte que tengas la capacidad de capturar algo de tal manera que se sienta que la imagen vive por siempre.
Es la combinación del sentido de oportunidad con el reconocimiento del momento intemporal, el cual es un poder específico de la fotografía. Pero como fotógrafo debes descubrirlo, porque no siempre está ahí.
A pesar de ese poder intrínseco a la fotografía, también has realizado instalaciones artísticas que llevan la fotografía a otro nivel.
Es más y más difícil confiar en que la fotografía puede contar todas las historias que quieres contar. Hay que encontrar maneras de profundizar en ese momento instantáneo. Estoy plenamente de acuerdo con Cartier-Bresson, de que se trata de capturar el momento decisivo, pero también hay muchos planos que se pueden descubrir en ese momento y yo siempre he estado interesada en las diferentes perspectivas de ese momento.
¿Cómo surge tu motivación por reconstruir historias con la fotografía?
Fue en Nicaragua donde yo sentí por primera vez esta inquietud. ¿Quién es el dueño de la historia?
Después de la destrucción de los archivos de La Prensa, en la que se perdió el trabajo de los fotógrafos nicaragüenses, organicé la primera exposición de extranjeros. Al compartir mis imágenes alguien me dijo: “Susana, no tienes el derecho de no publicar un libro.
Esta es nuestra historia, tienes algo importante para nosotros”. Me di cuenta que muchos de mis amigos, fotógrafos extranjeros tenían esa historia, fuera de Nicaragua.
Desde mi experiencia en Nicaragua y El Salvador creo en la necesidad de rescatar y compartir fotografías. Hay derechos de autor, por un lado, y por otro, yo creo que el sujeto tiene derecho también de su propia imagen.
Copyright 2005
El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización
escrita de su titular. |
|