19 de marzo de 2006


INTERNACIONAL
Imitador de arte vende
Copias Genuinas


Este inglés realizó “el mayor fraude artístico del siglo XX”, al pintar falsas obras maestras. Cuando la policía lo detuvo, se declaró culpable y lo condenaron a un año de prisión. Hoy, es reconocido por la calidad de sus producciones

Sarah Lyall
Amy harmon
vertice@elsalvador.com

El gusto. Jonh Myatt sigue reproduciendo obras de Miró, Picasso y van Gogh, entre otros, que vende hasta por ocho mil dólares. Foto EDH / NYT

FAOIROAK, Inglaterra.- Luego de muchos años como falsificador de arte, tanto criminal como legítimo, John Myatt tiene una o dos cosas que decir acerca de los caprichos del mercado del arte.

“Nunca se dijeron tantas tonterías acerca de algo como se ha hablado, y se hablará del arte”, afirmó sentado en su cocina, con la hermosa “Cosecha” de Van Gogh (una falsificación, pintada por él) colgada en la pared detrás de él.

“Lo absurdo, realmente, es que las pinturas sean valuadas como lo son, que un Van Gogh pueda venderse por, ¿que será, 75 millones de dólares? Eso es repugnante”.

Ex estudiante de arte, ex músico, ex padre soltero pobre, Myatt participó durante siete años en lo que un agente de Scotland Yard llamó en ese tiempo “el mayor fraude artístico del siglo XX”, pintando falsas obras maestras que un cómplice hacía pasar como auténticas.

Pero, aseguró, todo lo que deseaba, era un trabajo que pudiera hacer en casa.

Eran mediados de los 80, su esposa lo había abandonado con sus dos hijos pequeños, y su empleo como maestro de arte apenas servía para pagar el salario de la niñera. Myatt dijo recientemente que, al comenzar a enseñar solamente dos días a la semana, pudo combinar la falsificación con el cuidado de los niños.

“Doce mil quinientas libras significan que puedo tener un auto que funcione y no se descomponga todo el tiempo”, aseguró Myatt, describiendo su reacción ante la primera vez que ganó dinero en grande.

Eso fue con un falso Albert Gliezes, que creó en unos cuantos días y vendió por 25,000 en Christie’s (dividió las ganancias con su cómplice, John Drewe). “Puedo tener buena ropa para mis hijos, en vez de ropa usada”.

Myatt usó su habilidad para copiar y su conocimiento de la historia del arte para producir una falsificación tras otra, para un total de 200. Giacomettis falsos, Paul Klees falsos y Chagalls falsos. Algunas piezas se vendieron por más de 150,000 dólares (solamente alrededor de 80 han sido recuperadas por la policía; el resto sigue en circulación, aunque Myatt afirma no saber dónde se encuentran).

EVan Gogh. De este artista, falsificó la obra “la cosecha”.

Pero, aunque el proporcionaba el arte, era Drewe, con su voz suave, quien supervisaba la operación, inventando la proveniencia de las obras y manejando las ventas.

En 1999, Drewe fue sentenciado a seis años en prisión. Myatt, quien se declaró culpable de fraude y testificó en favor de la acusación, cumplió cuatro meses de una sentencia de un año.
No tiene la apariencia de un ex convicto.

Es tan estimado en esta comunidad de Staffordshire, donde es el organista y director del coro en la iglesia local, que, cuando estuvo en prisión, sus vecinos se unieron y cambiaron los muebles de su cocina.

Los visitantes de una reciente exhibición en Londres de su obra -- nuevos trabajos al estilo de artistas famosos, con las palabras “copia auténtica” escritas con tinta indeleble en la parte trasera -- incluyeron al jefe del jurado que lo condenó, a su abogado defensor y a Jonathan Searle, el detective de Scotland Yard que lo arrestó y que, cuando Myatt salió de prisión, le encargó un retrató (al igual que el fiscal del caso).

Ahora, Myatt ofrece conferencias sobre falsificación del arte junto a agentes de Scotland Yard. En su muestra en Londres, vendió todo que lo que exhibió -- 68 falsos Mirós, Picassos, Giacomettis y otros -- a precios que van desde 875 hasta más de 8,000 dólares (la pintura más barata fue un original de Myatt, titulada “Ceci N’est pas Une Magritte”).

Además del Van Gogh, la casa de Myatt está llena de Monets a medio terminar. Hoy de 60 años, delgado, con escaso cabello gris y un sentido del humor muy seco, habla en forma directa, pero con un residuo de conmoción, sobre su vida criminal.

Después de estudiar arte en la universidad, Myatt descubrió su talento para imitar cuando, extrañamente, trabajaba como escritor de canciones en la década de los 70 (su canción “Silly Games” fue número uno en las listas británicas, pero esa es otra historia). Su jefe le mencionó que quería comprar algunas pinturas de Raoul Dufy, que en ese tiempo valían 100,000 dólares cada una.

Pero no necesitó hacerlo. “Pinté un par de Dufys para él”, dijo Myatt. Su jefe le pagó 250 libras por cada uno, los puso en marcos de 600 libras, y los colgó en la pared. “Todos pensamos que era muy divertido”, comentó Myatt.

El potencial para obtener solvencia rápidamente de esta labor lo atrajo más adelante, cuando estaba en bancarrota y se preguntaba cómo criar a dos hijos menores de tres años. Publicó un anuncio en la revista satírica Private Eye, ofreciendo copias legales por 250 libras.

El Café. Así se titula esta pintura que fue pintada en 1888 por Vicent van Gogh, quien nació en 1853 y murió en 1890.

Todo era honesto al principio. Alguien le encargó a Myatt que pintara a su padre, un comandante retirado de la Armada, al estilo de Joshua Reynolds. “Tomamos la pintura de un fabuloso anciano con muchas medallas, y no hicimos más que cambiar el rostro”, dijo Myatt. “Pensó que era brillante”.

Recibió muchas peticiones de Picassos y Van Goghs.
Luego, llamó Drewe, identificándose como un profesor de física que quería deslumbrar a su novia con su nueva colección de arte. Myatt pintó más de una docena de cuadros para él, a 250 libras cada uno.

El trabajo cruzó la línea de la legalidad cuando Myatt pintó los falsos Albert Gliezes que Drewe, sin decirle a Myatt, hizo pasar en Christie’s como una reliquia familiar.

A partir de entonces, Myatt suministraba los cuadros y Drewe hacía lo demás. Derramaba café negro sobre las obras para que tuvieran la apariencia de ser antiguas. Las colocó en marcos de la época. Ideó procedencias inventadas y falsas explicaciones sobre la forma en que llegaron hasta sus manos.

Myatt se mantenía intencionalmente al margen, aceptando sin preguntar lo que Drewe le pagaba.

Entretanto, Drewe se volvía cada vez más excéntrico, según Myatt, contándole historias acerca de la familia real y el Mossad. “Y pensé, esto es lo más estúpido que he hecho”. Luego de ganar un total de 90,000 libras (Drewe obtuvo aproximadamente 1.5 millones, según los fiscales), le dijo a Drewe que no trabajaría más para él.

Scotland Yard llamó a su puerta un año después, como parte de una gran investigación sobre Drewe, cuya ex novia lo había denunciado.

“El juez fue muy amable y dijo toda clase de cosas buenas sobre mí, antes de sentenciarme a prisión”, comentó.

Myatt pasó su tiempo en prisión dibujando retratos de presos y guardias. Cuando salió, se casó con su segunda esposa, Rosemary, quien canta con él en el coro de la iglesia y dirige el cada vez más exitoso negocio de Falsificaciones Genuinas. Michael Douglas adquirió los derechos sobre su historia.

Lo que realmente maravilla a Myatt es la facilidad con que las pinturas engañaron a todos, e pesar de que no usó materiales auténticos -- emulsión casera en vez de pintura antigua, por ejemplo-- y a pesar de que, asegura, muchas de las primeras pinturas eran muy malas.

“La estupidez es que la calidad de las pinturas es mucho mejor que cuando las hacía con John Drewe”, dijo acerca de sus nuevas piezas.

Se ve a sí mismo trabajando en esto durante tal vez otros cinco años, y luego dedicarse a su propio arte.

“Quiero salir y ver si puedo olvidarme del arte y de la historia del arte y tomar un pincel y tratar de crear alguna pintura”, comentó.

Hasta entonces, enfrenta un nuevo problema, señaló: un falsificador no identificado que ha vendido falsos Myatts.

 

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