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INTERNACIONALES
El
pacto que restó poder al Presidente
Dos años antes
de que Enrique Bolaños fuera electo cabeza del gobierno de Nicaragua,
ya se había cocinado la estrategia que no le dejaría gobernar.
Fue tan sencillo como un pacto entre Alemán y Ortega, que aún
hoy le va eliminando potestades
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| Aliados.
A Daniel Ortega (izquierda) y Arnoldo Alemán (derecha) les
debe Bolaños su disminución de poder. Foto
EDH /archivo |
“Si acá el obstáculo para
solucionar el paro ¡es Bolaños! Sin él, Alemán
y Daniel ya habrían llegado a un acuerdo”, comentaba el
taxista Francisco Mendoza el pasado viernes 10 de febrero, cuando no
se vislumbraba aún respuesta alguna a las reivindicaciones de
los transportistas.
El reloj marcaba cerca la una de la tarde. El taxi nos conducía
desde el Ministerio de Hacienda, donde el viceministro Juan Sebastián
Chamorro acababa de insistir en que el gobierno no subsidiaría
a los buseros, “menos con la presión de una huelga”.
Nos dirigíamos a la alcaldía de Managua y llegábamos
tarde.
Allá, el alcalde sandinista Dionisio Marenco había convocado
a una reunión a los actores clave, para discutir propuestas.
La cita era a las 12:30, pero una hora después ni el alcalde,
ni Rafael Quinto (dirigente de la Unión Regional de Cooperativas
del Transporte Colectivo), ni nadie del gobierno habían hecho
acto de presencia. “Esto no va a terminar hasta que venga Daniel,
y regañe a Quinto, como en la última huelga”, dijo
alguien en la espera. El comentario, emitido por un periodista encargado
exclusivamente de cubrir la huelga de transporte, restaba tanta autoridad
al presidente nicaragüense como el comentario del taxista.
“Al pobre viejo no le han dejado gobernar”, expresaba esa
misma tarde una colega encargada de cubrir la Presidencia, mientras
observaba con lástima al presidente en una inauguración
en Cancillería. Él acababa de declarar a los reporteros
que lo rodearon: “la responsabilidad es de la alcaldía,
yo sólo me meto como jefe de Estado”. Consciente de su
incapacidad social y política para solventar un asunto de esos.
En petit comité, reunido con representantes de un organismo europeo,
habría admitido días antes que únicamente esperaba
terminar “vivo” su mandato. Que el “marrón”
le quedara al siguiente.
Y es que el limitado margen de movimiento de Enrique Bolaños
no es un mito ni un chambre sin sustento que circula entre los ciudadanos.
La disminución de sus potestades políticas se sentenció
dos años antes de que fuera electo presidente de la república.
En 1999, con el pacto Alemán-Ortega.
El entonces presidente Arnoldo Alemán (PLC) y Daniel Ortega,
Secretario General del FSLN, negociaron una fórmula política
afín a ambos grupos y líderes. El pacto fue publicado
mediante ley en enero de 2000 e incluía nueve cambios a la Constitución,
entre ellos modificaciones a la ley electoral. Ésta renovación
sumaba obstáculos para la formación de partidos políticos.
Con las reformas, además, la Corte Suprema de Justicia, el Consejo
Supremo Electoral, la Superintendencia Bancaria y la contraloría
colegiada quedaron en manos de PLC-FSLN.
El resultado del pacto se vio en breve: por dificultades de inscripción,
etc., en las elecciones municipales de 2000 participaron solo cuatro
partidos. El PLC ganó 94 de los 151 municipios, y elFSLN los
principales (Managua, León, Chinandega). Habían logrado
crear un sistema en el que dos partidos dominarían el escenario
político.
Y eso ha ocurrido a pesar del sorpresivo resultado de los comicios de
2001: Enrique Bolaños derrotó a DanielOrtega con el 56%
de los votos frente al 42%, en unas jornadas con la tasa de abstencionismo
más bajas en la historia de la región.
Sin embargo, en los cinco años de mandato la sombra del pacto
ha restado paulatinamente potestades a Bolaños.
Éste trató de romper la maldición. En el 2003 recurrió
a la Corte Centroamericana de Justicia (CCJ), la que dictaminó
que las reformas constitucionales aprobadas por el PLC-FSLN eran “inaplicables”.
Inmediatamente, el PLC-FSLN le respondió con una sentencia de
la Corte Suprema de Justicia que invalidaba lo dicho por laCCJ.
Y la estrategia de reducción del poder de Bolaños desde
la Asamblea continuó. A partir de una ley aprobada en el Parlamento,
pasó al Legislativo la regulación de todos los servicios
públicos (energía, agua, telecomunicaciones). Ante el
nombramiento de nuevos intendentes, el Presidente intentó evitar
la toma de posesión de estos y ordenó rodear con antimotines
las instalaciones de las autónomas.
Y solicitó a la OEA que enviara una delegación permanente
que, actuando como mediadora de un diálogo amplio, solucionara
la crisis y le permitiera recuperar todo lo que le habían arrebatado
los diputados con las reformas.
El FSLN-PLC rechaza a la OEA como mediadora. Ortega cataloga al gobierno
como “lamebotas” de EE.UU., y se reafirma el pacto.
Su bancada poco pudo hacer en la Asamblea frente a esa unión
de fuerzas. Menos con las presiones externas del FMI, que pretende fijar
límites al Ejecutivo para garantizar sanidad en las finanzas
públicas.
Solo le queda esperar terminar el mandato, y que otro se las vea con
el pacto.
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