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INTERNACIONALES
Para
entender lo ingobernable
¿Habrá
que restarle importancia a los últimos eventos en Nicaragua? Huelgas
y más huelgas. Por ser réplicas exactas de lo acontecido
meses atrás, y en los últimos años, la ciudadanía
termina por asimilarlas con la cotidianidad. Una normalidad anormal
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| Impasible.
El secretario general del Ministerio de Salud de ese país,
Enrique Alvarado, parece relajarse ante los médicos inconformes.
Foto EDH / Mauricio Caceres |
Quizá la forma más correcta de empezar
este artículo es decir que en Nicaragua no pasa nada nuevo. Que
está hoy como en marzo del pasado año, o en noviembre,
casi igual que en 1998.
Y esa falta de novedades, paradójicamente, la respalda una amplia
lista de acontecimientos.
El lunes seis de febrero se comenzó a escribir el último
capítulo de una intermitente huelga del transporte público.
La motivación: el aumento del precio internacional del petróleo.
Los buseros ponen como condición un subsidio de 20 millones de
córdobas mensuales, el equivalente a 1.1 millones de dólares,
para volver a poner las unidades en funcionamiento. O exigen, como alternativa,
la subida del pasaje, de 2.50 córdobas que cuesta en la actualidad
a 3.50.
Al respecto , la Unión de Estudiantes Universitarios de Nicaragua
(UNEN) manifiesta: “nos oponemos a cualquier aumento en la tarifa
del transporte colectivo en Managua, y si se incrementa, pasaremos a
la acción”.
Esperando soluciones, mil 200 autobuses de 33 cooperativas permanecían
parqueados en las diferentes salidas de la ciudad.
Los 800 mil usuarios del transporte colectivo que no pueden permitirse
el lujo de pagar un taxi, pagaban el doble del pasaje–5 córdobas–
por viajar apretujados en la cama de una camioneta “pirata”
(con placa particular).
La noche del miércoles 8, la Policía Nacional detuvo a
25 motoristas en Ciudad Sandino, uno de los puntos de concentración
de los parados, por quemar llantas y lanzar piedras a los vehículos.
Ese mismo día, el presidente de la Corte Suprema de Justicia
(CSJ), Manuel Martínez, había resuelto administrativamente
el reajuste que exigían los casi tres mil empleados del Poder
Judicial. No logró convencer a los defensores públicos,
que piden un aumento y no un reajuste salarial.
Roger Sánchez Báez, dirigente de ese gremio, aseguraba
que se incumplió lo negociado el pasado año con los magistrados:
que el salario de los defensores pasaría de 11,200 córdobas
a 18,000. “Se nos otorgó solamente un reajuste del 15%,
por eso nos vamos a mantener en huelga el tiempo que sea necesario”,
dijo. Mantienen paralizados los servicios en los juzgados desde el viernes
3.
Los comerciantes de los mercados Central y Oriental, los dos grandes
centros de abastos de Managua, aseguran que venden la mitad de lo que
solían antes del paro de transporte. Amenazan con lanzarse a
las calles también.
El presidente de la Cámara de Comercio de Nicaragua (Caconic),
José Adán Aguerri, informa de que el país pierde
por cada jornada de paro 650 mil dólares en ventas directas.
Y menciona otras consecuencias difíciles de medir: la reducción
de la capacidad productiva de las zonas francas porque los empleados
llegan tarde, la poca afluencia a centros comerciales y restaurantes,
que proyectos de inversión se den a la fuga por percibir cierta
inestabilidad. “Eso nos deja en desventaja frente a nuestros vecinos
centroamericanos”, opina.
Más alarmista, el directo del centro de Investigaciones y Asesoría
Socio Económica (Cinase) estima las pérdidas en 1.5 millones
de dólares por día.
Por otro lado, y al mismo tiempo, casi mil doctores del sistema de salud
público, hartos de cobrar menos que el resto de los colegas centroamericanos,
ocuparon el Ministerio de Salud. Conforman la Federación de Médicos
Pro Salario, y no están de acuerdo con el aumento del 13.75%
que la ministra Margarita Gurdián les ha ofrecido.
La ocupación tuvo lugar el viernes 10 de febrero, a las 10:30
a.m., y el desalojo el domingo al mediodía. La Policía
Nacional los sacó chineados.
El martes 14, se volvió a repetir la escena, esta vez en el Ministerio
de Relaciones Exteriores, y con la participación de un escuadrón
antidisturbios bajo el mando del jefe de la policía de Managua,
Carlos Bendaña.
Sin dar el brazo a torcer, el miércoles 15 marcharon hasta las
sedes del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. A
juicio de los manifestantes, las instituciones son las que se oponen
a mejorar sus salarios. El presidente Bolaños acuñaba
la frase: “no puede haber aumentos porque no se puede alterar
el presupuesto. Debemos cumplir los compromisos establecidos con el
FMI”.
Nicaragua, país en el que el 80% de sus habitantes tiene un ingreso
inferior a dos dólares al día, depende de la cooperación
externa. Y de los avales de los organismos multilaterales –léase
FMI, Banco mundial, BID–, por lo que su economía es la
de un País Pobre Altamente Endeudado.
Mientras, en cada hospital de Managua (11 en total) se dejaron de atender
al día 400 pacientes, y de realizar entre 20 y 30 cirugías.
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| Ingenio.
Los 800 mil usuarios del transporte colectivo que no pueden pagar
un taxi, buscan alternativas para llegar a sus trabajos.Foto
EDH / Mauricio Caceres |
Desde que los Pro Salario se declararon “de
brazos caídos”, solo han atendido la “ruta crítica”.
Tres meses sin consultas externas ni intervenciones programadas, sólo
emergencias.
Pero en el hospital capitalino Bertha Calderón, el sábado
11, tres embarazadas acumulaban horas de espera para pasar consulta.
A Martha Mendoza parecía no considerársele paciente urgente,
aunque se le había roto la fuente la noche anterior.
La huelga comenzó el 14 de noviembre de 2005, la reivindicación
en 1998. “Entonces cobrábamos un salario de 70 dólares.
Pedíamos un aumento del 1000%”, explica Lester Espinosa,
vocero de los Pro Salario. Hoy solicitan el 30%.
Paralelamente, y por similares motivos, otros empleados del Ministerio
de Salud (personal administrativo, de limpieza, etc.) también
han permanecido parados. Se organizan en la Federación de Trabajadores
de la Salud, bajo el mando de su secretario general, Gustavo Porras.
Los Pro Salario insisten en diferenciarse de ellos. “No nos unimos
a la reivindicación con Porras, porque no queremos que se nos
politice”, aclara Espinosa, haciendo hincapié en que la
suya es una reivindicación sindical y no pertenecen a ningún
partido político.
Con todas las protestas, los titulares de los periódicos locales
parecen no inmutarse. No hay términos como “crisis”
o “caos” en los encabezados, ni siquiera los hubo en marzo
de 2005, o en noviembre, cuando tuvieron lugar los episodios más
violentos de la huelga de transporte.
Mientras, en El Salvador, con una historia paralela de paros de buses
y de huelgas de médicos, dichos términos son habituales
en las páginas diarias. Caos, crisis, desorden, conflicto. El
16 de noviembre de 2002, en el contexto de la marcha blanca, un enorme
y negro “Caótico” invadía la portada de EDH.
Y durante agosto de ese mismo año, el cintillo “Crisis
en transporte” encabezaba cada página dedicada al paro
de buses.
Pero para los nicaragüenses no hay caos, crisis. Parecen acostumbrados.
En Nicaragua tampoco pasa nada nuevo, al menos así lo percibe
la población.
Y lo confirma la cuarta encuesta de Corrupción y Gobernabilidad
realizada en mayo de 2005 por el Instituto de Encuestas y Sondeos (IDESO)
de la UCA de Managua, bajo la responsabilidad de su Facultad de Comunicación.
Al 48% de los 1421 individuos encuestados les preocupa el desempleo,
al 21% la pobreza, a uno de cada diez la corrupción. Nadie percibe
como motivo de preocupación las constantes perturbaciones a los
procesos sociales.
“Eso se debe a que esas prácticas se han vuelto rutinarias”,
opina el catedrático Alejandro Serrano Caldera. “Los conflictos,
como en el caso del transporte, se solucionan cuando están al
borde de la crisis, y se hace temporalmente. No se buscan soluciones
estructurales y definitivas”, se extiende quien fuera rector de
la UNAN, y embajador en Francia primero y ante la UNESCO después.
Y advierte que, aunque los hechos sean repetitivos, siempre se corren
riesgos: “en Nicaragua en cualquier momento puede estallar una
crisis”.
El domingo 11 de febrero las autoridades eran
conscientes de ello. A las 2 p.m., uniformados comenzaron a instalar
barricadas a 200 metros a la redonda de Casa Presidencial. Era el escenario
de la Mesa Nacional de Diálogo, que reunía a los actores
clave del paro de transporte, y de donde podía salir una solución
que ya mucho se estaba demorando.
Días antes, el representante de los buseros, Rafael Quinto, había
declarado a la prensa: “quizá habrá que llevar las
1,200 unidades a Casa Presidencial, para que el presidente (Enrique
Bolaños) tenga una idea de la dimensión del problema”.
Un agente obeso que junto con cinco compañeros patrulla habitualmente
el área del malecón, fue llamado a custodiar exclusivamente
el perímetro de la sede de la reunión.
Pero llamar “clima de ingobernabilidad” a esa constante
amenaza de crisis se le antoja excesivo a Serrano. Él prefiere
decirle “perturbaciones a los procesos sociales”. Estos
días en Nicaragua no ha pasado nada nuevo.
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¿QUIÉN
MANDA EN NICARAGUA?
Está el poder de quien lo ganó, del que manda más
con menos, y del que lo hace en la sombra |

Dionisio Marenco
Este sandinista convencido pero práctico a la hora de negociar
con otras fuerzas políticas, ganó la alcaldía
de Managua en las elecciones municipales de 2000. Se dice de él
que es el brazo derecho de Ortega. Él insiste que comparten
amistad y la cronología de la incorporación a la
vida política. |

Enrique Bolaños
Se erigió presidente de la república en 2001 con
el 56% de los votos, frente al 42% de Ortega. Le favoreció
la ruptura con Alemán, de quien fuera vicepresidente, involucrado
entonces en corrupción. El pacto PLC-FSLN que ya existía,
merma aún sus potestades como máximo líder
del gobierno. |

Daniel Ortega
Fue elegido presidente en 1984, cargo del que lo desplazó
Violeta Chamorro en 1990. Hoy es el candidato sandinista para
las elecciones de noviembre de 2006; su cuarto intento por volver
a la Presidencia. A pesar de ser sólo diputado, se dice
que mueve los hilos del país debido al pacto con Alemán. |

Arnoldo Alemán
Ganó las presidenciales de 1996 bajo la bandera del PLC.
Ese año comenzó las negociaciones con el FSLN de
Ortega que parieron “el pacto”. Involucrado en corrupción,
fue desplazado por Bolaños, su entonces vice, en las elecciones
de 2001. Hoy permanece en arresto domiciliario. |
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