![]() 16 de abril de 2006 |
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Arqueología versus religión El hallazgo No es la primera vez que los científicos anuncian que la Biblia tal como la conocemos podría estar equivocada. Ahora, la restauración y traducción de un manuscrito adjudicado a una secta herética, sirve como base para afirmar que Judas Iscariote, el que según la tradición cristiana entregó a Jesús, era su discípulo predilecto.
Este es, en esencia, el espíritu del denominado Evangelio de Judas que fue revelado recientemente por la revista National Geographic, luego de años de estudio de un manuscrito encontrado en Egipto. A propósito de la Semana Santa, que representa uno de los momentos más importantes para los miles de católicos en todo el mundo, la divulgación ha generado un interesante debate con respecto a las fronteras conocidas y a posibles movimientos. Ahora resulta que el apóstol Judas Iscariote no fue un traidor, sino el discípulo privilegiado que se encargó de la misión más difícil, entregar a Jesucristo, para que se cumpliera con el mandato divino. Esta es la conclusión del documento llamado “Evangelio de Judas”, que recientemente divulgó National Geographic. En ese documento se pinta a Judas como “el único discípulo que conoce la identidad verdadera de Jesús”, según George Wurst, profesor de la Universidad de Augsburg, en Alemania. No lo traicionó, “sino que sólo hizo lo que Jesús le pidió”, explica Craig Evans, profesor de Nuevo Testamento de Acadia Divinity College, en Canadá. “Serás mejor que todos los demás”, le dice Jesús a Judas al hablar acerca de sus discípulos, “porque sacrificarás el cuerpo del hombre del que estoy revestido”. Al ayudar a Jesús a desprenderse de su físico humano, permitía la liberación del ser divino. Pero, ¿de dónde salió ese Evangelio de Judas? De acuerdo a los investigadores, el documento fue escrito en lengua copto por una secta herética, denominada los gnósticos, 200 ó 300 años después de la muerte de Jesucristo, es decir, hace 1,700 años. El manuscrito, formado por trece planchas de papiro antiquísimo (formado por 26 páginas), fue encontrado en una tumba egipcia, en la zona de El Minya, hace más de 30 años. Fueron unos campesinos los que lo hallaron. A finales de la década de los 70, los escritos terminaron en manos de un anticuario egipcio en El Cairo. Después de intentar venderlos en Suiza, el anticuario los trasladó a Nueva York y no consiguió encontrar un comprador por el mal estado de los documentos y el precio elevado que pedían. En 1984 los retazos terminaron en una caja de cartón, depositada en un banco de Nueva York. Allí permanecieron durante 16 años. Los documentos terminaron finalmente en manos de una fundación suiza, que luego los trasladó a la National Geographic, para restaurarlos e interpretarlos. En esa tarea, en la que se han gastado cientos de miles de dólares, han participado paleontólogos, restauradores, arqueólogos, académicos y traductores. El miércoles, el ministerio de Cultura de Egipto anunció que había recuperado los 13 manuscritos que habían salido de “contrabando” de ese país. Según las autoridades, los campesinos que encontraron los documentos los vendieron a un traficante de piezas, que se los llevo hacia los Estados Unidos. Consideraciones
Su elaboración responde a la necesidad de dar a conocer la palabra de Dios en un medio nuevo. “Son fruto de una comunidad o un monasterio que tratan de adaptar los contenidos de las Sagradas Escrituras a un lugar distinto, a una cultura diferente”. Eso no sólo sucede con los textos apócrifos. Por ejemplo, el evangelio de San Juan se diferencia mucho de los otros tres y una de las razones que dan los estudiosos es “ese esfuerzo de las primeras culturas cristianas para expresar la fe con unas categorías mentales, una terminología y un vocabulario propio del medio en el cual cayó”. Otro de los motivos para la creación de este tipo de textos es satisfacer la curiosidad del piadoso desarrollando aspectos desconocidos de la vida de una persona o exaltándola. Así, surgen también los evangelios de la infancia. Y es que, así como los cuatro evangelios tratan la muerte y resurrección de Cristo, tan sólo dos plasman en sus páginas el nacimiento. Pero la pregunta surge casi al instante: ¿qué interés hay en resaltar al traidor Judas en estos textos de reciente descubrimiento? Pueden existen dos razones íntimamente ligadas. Por un lado, se trataría de rehabilitar su imagen. “Hubo siempre una tendencia que rendía culto a aquellas figuras que se consideraban marginadas dentro de la Iglesia como San Judas a la que se le rendía culto porque se le confundía con Judas Iscariote”, agrega Craig Evans. Además hay corrientes de pensamiento que creen que esas figuras, por ser vilipendiadas, tienen más posibilidades de interceder por nosotros y de ahí que se les venere y surgían esos cultos marginales y minoritarios. El hecho de elegir a Judas como protagonista de este texto podría deberse a las creencias de sus autores: la secta gnóstica de los cainitas. El decano de la Facultad de Teología de la Universidad Regina “Apostolorum de Roma”, Thomas Williams, explicó a la agencia de noticias Zenit que: “Una de las mayores diferencias entre las creencias gnósticas y el cristianismo se refiere a los orígenes del mal en el universo. Mientras los cristianos creen que un Dios bueno creó un mundo bueno... Los gnósticos atribuyen a Dios el mal en el mundo y afirman que creó el mundo de un modo desordenado”.
Lo que está claro es que los descubrimientos de este tipo nunca entrarán a formar parte de la doctrina oficial de la Iglesia, la patrística, que son los textos escritos por los Antiguos Padres de la Iglesia. Si Judas entregó por un motivo propio a Jesús o hizo lo que Jesús le pidió es tan importante como si aquel día era de día o de noche. Eso sólo importa a los historiadores, sostienen los teólogos. A pesar de todo, estos escritos primitivos heréticos y marginales son estudiados por teólogos e historiadores y, aunque no pueden ser canonizados, si tienen valores positivos pueden entrar en el torrente sanguíneo de la Iglesia. Aunque el documento muestre una visión distinta del discípulo más criticado de Jesucristo, los teólogos sostienen que esto no representa un reto ni una novedad para la doctrina católica. Al respecto, Thomas William recordó que “En su último libro, Memoria e identidad, Juan Pablo II reflexionaba elocuentemente sobre cómo Dios sigue obteniendo bien incluso del peor mal que el hombre pueda producir. Esto no significa, sin embargo, que Dios desee que hagamos el mal, o que buscaba que Judas traicionara a Jesús. Si no hubiera sido Judas, hubiera sido otro cualquiera. Las autoridades habían decidido que Jesús debía morir y era ya sólo cuestión de tiempo”. Respuestas La publicación del texto en la edición de mayo de la National Geographic ya ha causado reacciones entre jerarcas de la Iglesia Católica y la ortodoxa rusa. La respuesta de algunos jerarcas de la iglesia ha sido inmediata y severa. Durante las celebraciones de Domingo de Ramos los cardenales mexicanos Norberto Rivera Carrera y Juan Sandoval Iñíguez aclararon que los textos no son de origen cristiano y criticaron a quienes han decidido publicarlos. “Los enemigos de la Iglesia están sacando argumentos antiguos, escritos apócrifos para confundir al pueblo y, el pueblo si no estudia su fe se va confundir”, advirtió el cardenal Iñíguez. Al sur del continente latinoamericano, en Chile, la iglesia emitió un comunicado oficial por medio del que daclararon que “nadie debía caer en la trampa de falsificadores empeñados en hacer creer que (esos documentos) son genuinos”. En este sentido, le reiteraron a la su feligresía que los únicos evangelios inspirados por Dios son los de Marcos, Mateo, Lucas yJuan, que componen el Nuevo Testamento. En Rusia, el teólogo ortodoxo, Andréi Kuráyev, manifestó: “El llamado ‘Evangelio de Judas’ puede ampliar nuestras ideas sobre las creencias gnósticas de aquellos tiempos, pero difícilmente cambiará o enriquecerá nuestros conocimientos de la vida de Cristo o de la primera comunidad apostólica del primer siglo”. A pesar de la polvareda levantada, los teólogos están convencidos de nada o poco cambiará, aunque Judas siga dando de que hablar.
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