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La
Arista Afilada
España
y el costo de la paz
La ETA ha declarado
tregua unilateralmente. Demos unos cuantos datos para entendernos.
ETA son las iniciales en eusquera de Tierra y Libertad Vasca, una organización
terrorista creada en España en 1959 con el objeto de independizar
los territorios vascos de ese país y de Francia para crear en
ellos un estado étnico marxista leninista.
El apoyo electoral de estos grupos terroristas alcanza al 16% de los
vascos, aunque el porcentaje nacionalista total se sitúa en torno
a la mitad de los votantes de la región. La extensión
de tierra que los etarras reclaman como “nación”
es de unos veinte mil kilómetros cuadrados en donde viven aproximadamente
tres millones de personas, el noventa por ciento de ellas en España
y el resto en los pirineos franceses.
Los crímenes ejecutados por ETA se acercan al millar, casi todos
ocurridos después de la instauración de la democracia
en España en 1978. La peor de las salvajadas cometidas por la
banda ha sido la poderosa bomba colocada en un supermercado en Barcelona
en 1987 que dejó 21 muertos y 45 heridos. Muchas de las víctimas
fueron amas de casa y niños inocentes.
Por ése y otros centenares de atentados y crímenes horrendos,
más de medio millar de terroristas y sus cómplices cumplen
largas condena en cárceles españolas y francesas. Muchos
de sus militantes se adiestraron en Cuba y en Argelia.
A su vez, ETA mantiene estrechas relaciones con casi todos los grupos
terroristas que operan en Occidente e intercambia con ellos siniestros
favores y servicios. La banda, que en el pasado recurrió a los
secuestros, hoy se sustenta mediante la extorsión permanente
a los empresarios vascos, a quienes les cobran un “impuesto revolucionario”
a cambio de no asesinarlos o destruir sus negocios.
La gran fuerza emocional que mueve a este grupo es el etnicismo y el
odio a España y a los españoles. De acuerdo con la mitología
de la banda, los vascos -que realmente habitan una de las regiones más
prósperas, bellas y desarrolladas de España- constituyen
un pueblo virtuoso y diferente que ha vivido bajo la permanente ocupación
extranjera desde que la Península fue romanizada a partir del
siglo II antes de Cristo.
En el terreno de las autopercepciones, se consideran laboriosos, sanos
y valientes. Hablan un idioma muy antiguo, el eusquera, sin aparente
vinculación con ninguna lengua indoeuropea, dividido en varios
dialectos, dominado por un porcentaje minoritario de la población
que apenas alcanza al 20 por ciento del censo, aunque su uso se expande
rápidamente por el esfuerzo del gobierno regional (nacionalista)
de convertirlo en el gran instrumento defensivo para combatir la influencia
española.
Los motivos
Curiosamente, el castellano -la lengua de donde luego derivan los diversos
dialectos españoles desarrollados en España y en Hispanoamérica-
proviene del latín hablado por quienes tenían al eusquera
como lengua principal. De ahí, del eusquera, procede la pronunciación
de las vocales en español y muchas palabras de uso corriente:
izquierda, boina, cachorro. Incluso, el apellido español más
frecuente, García, parece que proviene del eusquera.
Sin embargo, uno de los proyectos más evidentes de los etarras
y de no pocos nacionalistas vascos es ir sustituyendo progresivamente
al español con el eusquera, con el objeto de crear una barrera
lingüística que eventualmente facilite la independencia
del país. Esa labor de eusquerización de la cultura y
de la burocracia pública se lleva a cabo muy eficazmente en la
escuela y en los medios de comunicación oficiales.
¿Por qué ETA ha declarado esta tregua? Son dos las razones.
La primera es que el cerco europeo cada vez le iba dejando menos espacio
al grupo para operar eficazmente. La colaboración entre España
y Francia en materia policiaca amenazaba con liquidar a los terroristas.
Pero la segunda es aún más importante: los acuerdos entre
el gobierno de Zapatero y los nacionalistas catalanes, refrendados por
el parlamento español apenas unas horas antes de la tregua decretada
por los terroristas vascos, le abren la puerta a una eventual secesión
política del territorio. Nunca como ahora ha sido tan clara la
posibilidad que tienen catalanes y vascos nacionalistas de alcanzar
a medio plazo la independencia por vías pacíficas.
El problema mayor con que ahora deberá enfrentarse la sociedad
española es de carácter moral: a cambio de abandonar las
armas, ETA seguramente exigirá una amplia amnistía que
ponga de nuevo en las calles a los asesinos y a sus colaboradores sentenciados
por los jueces.
Mientras tanto, millares de familiares de las víctimas, y decenas
de heridos horriblemente mutilados en los atentados, deberán
aceptar que se negocie la justicia a cambio de la paz y el fin de la
violencia.
No se trata, por supuesto, de un dilema excepcional: los ingleses, los
colombianos, los italianos, los salvadoreños, los guatemaltecos,
los nicaragüenses y otra docena de pueblos han tenido que enfrentarse
a situaciones parecidas. España acaba de entrar en un agónico
debate.
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