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EXTORSIÓN
Vecinos atrapan a extorsionista
Un marero chantajeó a una tendera exigiéndole dinero y cervezas para no matarla. Ella no denunció el caso por desconfiar de la policía. Unos vecinos capturaron al hombre el 2 de enero anterior. El nombre de la protagonista es ficticio para no exponerla a represalias.
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| En ocho días, el delincuente le exprimió unos 500 dólares y decenas de cervezas |
María no recuerda con exactitud el día de diciembre anterior, cuando aquel extraño llegó por primera vez a pedirle un dólar y algo de comer. Pero a la tercera vez le dijo: “Chamaco, ya te voy viendo como tres veces aquí”.
“Ah, ya me conoció”, le respondió, levantándose la gorra. María le dio algo de comer y un dólar. Cuando se fue, ella quedó preocupada.
El extraño no se volvió a asomar sino hasta el 24 de diciembre. Llegó con semblante diferente.
“¿Qué pasó chamaco?”, le preguntó ella y él respondió con una pregunta: “¿Sabe quien soy, verdad?”. Cuando María le dijo que sí, el prosiguió: “Pues, déjeme decirle que soy de la Mara Salvatrucha y vengo a que me dé lo que tenga. Y si no me cree, miré (inmediatamente le mostró los tatuajes que escondía en sus piernas)”.
“Y también no tiene que abrir el hocico porque, sino le toca mecha”. Se levantó la camisa para mostrarle la pistola que andaba entre el cinto.
La tendera se dirigió a un escaparate. “Estoy dando las navidades. A los grandes les doy una camiseta”, le comentó María en tono pasivo, para intentar tranquilizar al hombre. Cogió una blanca y le preguntó: “Sabes qué significa esto? Significa paz”, le dijo sin esperar respuesta.
“No. Si me va a regalar una, que sea negra”, le dijo él. María se la dio junto a los 30 dólares.
El 25 a las 10.30 a.m., el pandillero regresó. De entrada le preguntó si podía leer. No, ¿porqué?, preguntó ella. Es que aquí le traigo esto, le replicó, extendiéndole un papel.
“Se exige a todas las viejas putas tenderas, que deben pagar renta de 5 dólares”. Le dijo que la renta era para sacar de la cárcel al “Diablito”.
El papel no se lo dejó porque tenía que mostrárselo a otras tenderas. Si alguna no cumplía, “le tocaba darle mecha (matarla)”.
Del 24 en adelante, él llegaría hasta tres veces diarias a pedirle entre 15 y 40 dólares. Y en cada visita se tomaba hasta o cinco cervezas en una glorieta del jardín exterior de la tienda, mientras obligaba a María a conversar con él. Ella se mantenía tras la puerta de balcón. Los vecinos creían que era un cliente más.
Así transcurrió el tiempo hasta que llegó el 31 de diciembre. Aunque temerosa, María platicaba con él y quería saber quién era el extorsionista. Y de paso lo aconsejaba.
A las 11:30 de la noche del 31, el marero volvió por cuarta vez. María tenía con un volumen alto el equipo de sonido y el televisor. La idea era darle a entender al hombre que ella no esta sola.
“Le vi una cara de gente que sólo quiere hacer daño”, afirmó la mujer.
“Chamaco, ¿qué te pasó?”, le increpó María. “Vengo a hablar con usted. Usted me ha echado rata”, le dijo él. “¿Rata?, ¿Qué es eso?”, le pregunto ella. “A mí me acaban de quitar la pistola y todo porque usted me ha dado dos caras”. “¿Cómo es eso?”, le preguntó María. “A mí me han dicho que de la segunda tienda me echaron rata; y si no fue usted, fue la Juana. Le juré, se lo juro y se lo digo, que por las dos letras (MS) le voy a dar mecha (muerte)”, le advirtió.
“Mirá, investigá bien, porque hasta ahora, no he abierto la boca”, le dijo María. Con la excusa de que debía atender a sus invitados, ella cerró una parte de la puerta, aunque el le dijo que la esperaría.
Cuando regresó, él le exigió: “Ahora usted me va a hacer el paro (darle dinero)”. - “¿Paro de qué?, ¿de dinero?”. “Sí”, le respondió él.
A todo esto, María había sentido que la sangre de los pies le subía hirviendo hacia la cabeza. Pero sacó fuerzas y le respondió con un “no” rotundo y cerró la puerta.
Para entonces ya faltaban cinco para las doce. Él se fue en medio de la reventazón de cohetes.
Al poco rato le tocaron la puerta. Por una rendija vio que eran unas vecinas. Les abrió, se encerró con ellas y les contó el suplicio. El resto de la madrugada no durmió.
Amaneció el año nuevo y no tenía valor de abrir la tienda. Ya bien entrado el día salió, no sin antes hacer unas llamadas a unos amigos y compadres para ponerlos al corriente del caso. Fue donde un vecino y se pusieron de acuerdo.
Este llamaría a la policía al ver que el sujeto llegara. También fue a donde la Juana a advertirle de la amenaza. María no quería cargar en la conciencia la muerte de Juana, en caso de que ella lo hubiera delatado.
Juana y su familia también convinieron en apoyarla si el sujeto regresaba, aunque la mujer le dijo que el marero era un vago inofensivo.
María regresó a su casa. Con el celular en la cintura se puso a atender la tienda. Sólo esperaba que el hombre, si aparecía, le diera tiempo de hacer dos llamadas. Pero sino, ya había advertido a sus vecinos que si oían balazos, era en su casa.
Pero pasó el primer día de enero y el pandillero no llegó. María pasó otra noche completamente en vela y sola, pues, su trabajadora sólo permanece con ella en el día.
Fue hasta el 2 de enero que María vio llegar al extorsionista. Con su empleada ya habían convenido que ella lo atendería, mientras hacía las dos llamadas. “Aquí está”.
Cuando Juana y su madre y otra hermana llegaron, la primera le reclamó por qué estaba chantajeando a María. En eso llegó otro vecino con un envase de cervezas. Le hizo una seña. María le respondió con otra, que ese era el extorsionista.
El hombre de la cerveza a su vez hizo otra seña a otros vecinos. Cuando estos acudieron, uno quiso afianzarlo poniéndole una camisa al cuello, otros lo ayudaban queriéndolo agarrar de manos o pies. Pero el hombre parecía estar engrasado, pues siempre lograba safarse.
Fue hasta que más vecinos se unieron a la cacería que lograron someterlo. La policía llegó y éste les confesó que le estaba sacando dinero a María bajo amenazas. Recientemente, el delincuente fue enviado a prisión.
Así terminó la pesadilla de María, quien vive gracias a la tienda que logró montar después de dieciocho años de trabajar en Estados Unidos de donde regresó hace dos años.
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escrita de su titular. |
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