12 de febrero de 2006


LA ARISTA AFILADA
Israel, La Ley Del Talión y La OTAN

Carlos Alberto Montaner*
vertice@elsalvador.com

La mayoría del pueblo palestino votó por Hamas. Aparentemente fue un voto de castigo contra los corruptos miembros de Al-Fatah. Ojalá fuera eso. Lo probable es mucho más grave: se trata del respaldo entusiasta al terrorismo, la violencia y la intolerancia religiosa. Los palestinos votaron en apoyo de los asesinos suicidas capaces de volar autobuses llenos de escolares.

Votaron por un grupo que propugna la destrucción del Estado de Israel y que no está dispuesto a buscar ninguna forma de entendimiento con su vecino. Votaron por un partido que mantiene estrechos vínculos con la teocracia iraní y admira ese modo siniestro de utilizar el Corán para sojuzgar a hombres y mujeres. Especialmente a las mujeres.

Algunos analistas piensan que Hamas, una vez en el poder, moderará su comportamiento. Me sorprendería. El comportamiento predecible de los grupos irracionales es que actuarán irracionalmente.

De los nazis se dijeron cosas parecidas en los años treinta. Las barbaridades que Adolfo Hitler afirmaba en Mi lucha, su libro programático, eran tan demenciales que tenían que ser exageraciones demagógicas para cautivar a las masas.

Casi nadie pensaba que ese energúmeno creía fielmente hasta la última coma anotada en la obra. Los analistas, personas generalmente lógicas y serenas, proyectan en los demás sus propios rasgos psicológicos y suponen que los fanáticos son unos tipos secretamente cínicos y pragmáticos. Por eso suelen equivocarse.

La combinación entre una Autoridad Palestina controlada por Hamas y el régimen iraní de Mahmoud Ahmadinehad es el camino directo a una confrontación más peligrosa que las cuatro guerras que ha tenido que librar Israel desde su fundación en 1948. El gobernante iraní ha confirmado sin vacilar que se propone “borrar del mapa” a Israel. Sus cómplices de Hamas coinciden en ese objetivo.

Israel no puede permitirse la debilidad de perder: los sobrevivientes serían exterminados o expulsados. La tragedia sería semejante al Holocausto. ¿Qué compasión puede esperarse de una sociedad como la palestina, psicológicamente frustrada y confundida por el odio, en la que los padres celebran jubilosos el sacrificio de sus hijos cuando estallan en pedazos con tal de matar a un puñado de judíos?

¿Qué puede hacer Israel? Desgraciadamente, sólo le es dable actuar con la mayor contundencia. Si ante un acto terrorista pone la otra mejilla, se la arrancan a mordiscos. Si hoy Israel está en paz con Egipto, Jordania, y el Líbano, o si Siria limita sus ataques a sus marionetas de Hezbollah, es porque cada uno de esos países tuvo que pagar un alto precio por sus agresiones a la nación judía.

En este caso, la durísima Ley del Talión no es una aberración moral ni un acto de venganza, sino la única estrategia posible para la supervivencia: cada ataque que Israel deje sin respuesta es una invitación para que se multipliquen las agresiones. La única esperanza de que Hamas respete la integridad de Israel radica en que su clase dirigente entienda que cualquier acto criminal que cometan sus partidarios le traerá gravísimas consecuencias a quienes forman parte del gobierno.

La comunidad internacional no debe cruzarse de brazos. Es esencial que se ponga una gran presión económica y diplomática sobre el nuevo gobierno de Ramala para que renuncie al uso de la fuerza y consagre toda su energía en echar las bases de un Estado palestino sensato y responsable. Pero todavía más importante es hacerle saber a Irán que cualquier intento de agresión a Israel -aventura que bien puede derivar hacia una catástrofe atómica-, será repelido enérgica y severamente.

¿Cómo hacer creíble ese mensaje? La fórmula más sencilla ya se examina cuidadosamente en varias cancillerías: incluyendo a Israel en la OTAN. Si durante todo el riesgoso episodio de la Guerra fría el miedo a una represalia brutal fue lo que evitó la confrontación definitiva entre Occidente y la URSS, es posible que hoy haya que acudir a una fórmula parecida. No valen las buenas intenciones ni las ingenuas convocatorias a imposibles “diálogos entre civilizaciones”, como pretende el gobierno español del señor Zapatero.

Sigue siendo verdad el viejo dictum africano puesto de moda por el presidente norteamericano Teddy Roosevelt a principios del siglo XX: Speak softly and carry a big stick, and you will go far. Para preservar la paz y la concordia, para llegar lejos, habla amablemente y lleva un gran garrote.

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