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LA
ARISTA AFILADA
Israel,
La Ley Del Talión y La OTAN
La mayoría del pueblo palestino votó
por Hamas. Aparentemente fue un voto de castigo contra los corruptos
miembros de Al-Fatah. Ojalá fuera eso. Lo probable es mucho más
grave: se trata del respaldo entusiasta al terrorismo, la violencia
y la intolerancia religiosa. Los palestinos votaron en apoyo de los
asesinos suicidas capaces de volar autobuses llenos de escolares.
Votaron por un grupo que propugna la destrucción del Estado de
Israel y que no está dispuesto a buscar ninguna forma de entendimiento
con su vecino. Votaron por un partido que mantiene estrechos vínculos
con la teocracia iraní y admira ese modo siniestro de utilizar
el Corán para sojuzgar a hombres y mujeres. Especialmente a las
mujeres.
Algunos analistas piensan que Hamas, una vez en el poder, moderará
su comportamiento. Me sorprendería. El comportamiento predecible
de los grupos irracionales es que actuarán irracionalmente.
De los nazis se dijeron cosas parecidas en los años treinta.
Las barbaridades que Adolfo Hitler afirmaba en Mi lucha, su libro programático,
eran tan demenciales que tenían que ser exageraciones demagógicas
para cautivar a las masas.
Casi nadie pensaba que ese energúmeno creía fielmente
hasta la última coma anotada en la obra. Los analistas, personas
generalmente lógicas y serenas, proyectan en los demás
sus propios rasgos psicológicos y suponen que los fanáticos
son unos tipos secretamente cínicos y pragmáticos. Por
eso suelen equivocarse.
La combinación entre una Autoridad Palestina controlada por Hamas
y el régimen iraní de Mahmoud Ahmadinehad es el camino
directo a una confrontación más peligrosa que las cuatro
guerras que ha tenido que librar Israel desde su fundación en
1948. El gobernante iraní ha confirmado sin vacilar que se propone
“borrar del mapa” a Israel. Sus cómplices de Hamas
coinciden en ese objetivo.
Israel no puede permitirse la debilidad de perder: los sobrevivientes
serían exterminados o expulsados. La tragedia sería semejante
al Holocausto. ¿Qué compasión puede esperarse de
una sociedad como la palestina, psicológicamente frustrada y
confundida por el odio, en la que los padres celebran jubilosos el sacrificio
de sus hijos cuando estallan en pedazos con tal de matar a un puñado
de judíos?
¿Qué puede hacer Israel? Desgraciadamente, sólo
le es dable actuar con la mayor contundencia. Si ante un acto terrorista
pone la otra mejilla, se la arrancan a mordiscos. Si hoy Israel está
en paz con Egipto, Jordania, y el Líbano, o si Siria limita sus
ataques a sus marionetas de Hezbollah, es porque cada uno de esos países
tuvo que pagar un alto precio por sus agresiones a la nación
judía.
En este caso, la durísima Ley del Talión no es una aberración
moral ni un acto de venganza, sino la única estrategia posible
para la supervivencia: cada ataque que Israel deje sin respuesta es
una invitación para que se multipliquen las agresiones. La única
esperanza de que Hamas respete la integridad de Israel radica en que
su clase dirigente entienda que cualquier acto criminal que cometan
sus partidarios le traerá gravísimas consecuencias a quienes
forman parte del gobierno.
La comunidad internacional no debe cruzarse de brazos. Es esencial que
se ponga una gran presión económica y diplomática
sobre el nuevo gobierno de Ramala para que renuncie al uso de la fuerza
y consagre toda su energía en echar las bases de un Estado palestino
sensato y responsable. Pero todavía más importante es
hacerle saber a Irán que cualquier intento de agresión
a Israel -aventura que bien puede derivar hacia una catástrofe
atómica-, será repelido enérgica y severamente.
¿Cómo hacer creíble ese mensaje? La fórmula
más sencilla ya se examina cuidadosamente en varias cancillerías:
incluyendo a Israel en la OTAN. Si durante todo el riesgoso episodio
de la Guerra fría el miedo a una represalia brutal fue lo que
evitó la confrontación definitiva entre Occidente y la
URSS, es posible que hoy haya que acudir a una fórmula parecida.
No valen las buenas intenciones ni las ingenuas convocatorias a imposibles
“diálogos entre civilizaciones”, como pretende el
gobierno español del señor Zapatero.
Sigue siendo verdad el viejo dictum africano puesto de moda por el presidente
norteamericano Teddy Roosevelt a principios del siglo XX: Speak softly
and carry a big stick, and you will go far. Para preservar la paz y
la concordia, para llegar lejos, habla amablemente y lleva un gran garrote.
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