12 de febrero de 2006


LA OPINIÓN
El edén encontrado

Öscar Tenorio
vertice@elsalvador.com
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Colores y olores fascinantes, intensos. Grandes aves que se alimentan de miel, como si fueran colibríes. Ranas que miden apenas un centímetro de largo. Canguros pequeños y de pelo dorado que saltan entre las ramas de los árboles. Un erizo con pico de ornitorrinco. Flores gigantes, extrañas palmeras.

Son especies nunca antes vistas y habitan en una selva ubicada en un rincón remoto de la isla de Nueva Guinea, en medio del Océano Pacífico, cercan de Australia, si uno revisa un mapa mundi. Es ese un trozo de paraíso que aún le queda a la humanidad.

El lugar fue descubierto en diciembre pasado por un grupo de científicos de Estados Unidos, Indonesia y Australia. Inmediatamente, rieron y lloraron de felicidad, porque encontraron animales nunca antes vistos y otras especies que se consideraban desaparecidas en todo el planeta.

Lo que más les sorprendió fue la confianza que demostraron los animales, los que también descubrieron la especie humana, que de la misma manera que los puede proteger, los puede destruir en poco tiempo. Era tan fácil agarrar a un pájaro como tomar una manzana de una cesta.

Lo más maravilloso de todo esto es que nos permite hacernos una idea de como era todo antes, un lugar hecho a imagen y semejanza del Creador .

“Es lo más cercano al Jardín del Edén que se puede encontrar en la tierra”, manifestó Bruce Beehler, vicepresidente del Centro Melanesia para la conservación de la biodevirsidad, de Conservation International, que ha impulsado el proyecto.

Aunque hubo una expedición hace unos 25 años, con algunos hallazgos importantes, está vez los expertos han logrado fotografías a esos animales, para mostrárselos al mundo y dar fe de ese edén.

El paraíso, ubicado en unas 300 mil hectáreas de bosque tropical de la montaña Foja, en Nueva Guinea, es el mayor bosque tropical virgen en asia. De allí, la importancia del descubrimiento para la conservación de la biodiversidad.

Pero luego de la sorpresa actual por todo lo descubierto, surgen los temores: ¿hasta que punto ese paraíso se mantendrá intacto, sin que el comercio y los turistas lo invadan?.
Porque si hay hombres que pagan cantidades exorbitantes por pasar unas horas en una estación espacial o por tener una animal exótico, imagínense el interminable desfile de expediciones, de safaris fotográficos y de otros aventureros que ingresarían a la selva con otros propósitos menos turísticos.

Los científicos anunciaron que volverán a la selva con más recursos para documentar lo encontrado. Ojalá que el lugar sólo sea conocido a través de fotografías.


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