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FOTOREPORTAJE
Hombres de azúcar
Cada vez más braceros centroamericanos vienen al país a trabajar en la recolección de las principales cosechas. Año con año son más los hondureños y nicaragüenses que se emplean en las fincas locales, ante la apatía de muchos salvadoreños. En las siguientes páginas está plasmada la convivencia con un grupo de jornaleros originarios de Choluteca, Honduras, en una plantación de caña de azúcar en el departamento de Sonsonate.
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| La roza o corta de caña es un trabajo arduo, que comienza a las 5:00 de la mañana, antes de que salga el sol |
En las plantaciones el tiempo parece detenerse. Las horas pasan, el sol calienta en exceso, la “chorra” (área de corte) no avanza y el corte de la caña es cada vez mas duro. Dos galones de agua al día no alcanzan a saciar la sed de un pequeño hombre de ojos negros, pies descalzos y una brillante corona dental que adorna su canino izquierdo.
Su nombre es Eusebio López, tiene 32 años, ha dejado a sus dos hijos y a su mujer en Concepción de María, un municipio del departamento de Choluteca, ubicado a 70 kilómetros al sur de Tegucigalpa, la capital de Honduras.
Él es uno de los muchos hondureños que ha venido a está campiña, en busca de un mejor porvenir. Junto a casi 120 compatriotas se han sumado a las tareas de corte de caña de azúcar, gracias el empleo que les ha dado el Ingenio Central Izalco.
López y sus compañeros están afincados en el campamento de la hacienda San Clemente, en Sonsonate. Allí transcurren sus días, entre un fatigante trabajo, el descanso, el entretenimiento y la nostalgia. La labor que realizan es una tarea difícil que para muchos es imposible de aguantar por más de un mes. “Es duro aunque no lo parece”, confirma Santos Ilario Pastrán, de unos 35 años, también de Choluteca.
“El cuerpo se resiente de tanto sol, por eso es necesario descansar un poco”, dice, mientras lava unos viejos zapatos negros que le acompañan en la plantación, donde de vez en cuando se topan con una serpiente de coral u otro animal ponzoñoso.
Vienen tras el dólar
En el fondo, ellos está aquí por el dólar. De alguna manera, ya no es necesario emigrar hacia los Estados Unidos, porque la buena paga - para ellos- está cerca.
Desde hace tres años, el país ha comenzado registrar un creciente movimiento de inmigrantes (legales e ilegales), que buscan empleo en diferentes rubros (servicios, construcción y agroindustria).
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| El hombre y el fuego se funden en las plantaciones de caña. La imagen parece pintada por un fino pincel. el lienzo es el horizonte. |
Aunque El Salvador es una nación con un alto nivel de emigración (principalmente a Estados Unidos), los grupos de centroamericanos, especialmente los nicaragüenses y hondureños, ya no sólo se concentran en las fronteras, sino que están en todos aquellos lugares de El Salvador donde la dependencia de las remesas y la apatía por el trabajo agrícola, deja decenas de plazas vacías.
Eso lo saben muy bien todos los braceros de la hacienda San Clemente. Muchos de ellos aseguran que el dólar se multiplica hasta por 20 lempiras.
“Vine a trabajar aquí para conocer un poco y salir de la costumbre de ir siempre al mismo lugar. Aquí nos tratan bien, comemos a la hora y tenemos donde dormir (...) ya nos pagaron el primer sueldo y hemos mandado unas centavos para la familia”, comenta Edwin Lara.
Y así, con esa nueva aventura y una mejor condición económica, Eusebio, Rafael, Wilson , Andrés, Edwin y otros tantos colegas regresaron a su natal Choluteca a pasar la Navidad. Llevaban dólares y muchas ilusiones.
Al iniciar el nuevo año, regresaron a Sonsonate, a concluir una tarea que apenas está a la mitad. En El Salvador, aún en la pobreza, han encontrado lo que en sus países
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| En medio de los cañaverales, el viento y el sacrificio se pasean juntos. Debido a un pequeño descuido, Darwin, al fondo, casi pierde uno de sus dedos. |
Un botín oloroso. Luego de que el fuego que consume las hojas de las plantaciones, Eusebio López se esfuerza para recoger el bien más preciado: la caña. |
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| Las secuelas. Al final de la jornada, la fatiga doblega hasta al más fuerte. en la adversidad, Edwin Lara busca refugio en un cigarrillo. |
Recarga. En una hora, a las 12 del mediodía, deben comer y descansar. |
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| Estancia. El campamento de los braceros permite momentos de distracción, lejos del esfuerzo. |
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| Sombras. La jornada termina a las 4:00 en punto. |
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