
|
 |
LA
OPINIÓN
Propósitos y miedos

Platicaba con alguien a quien quiero mucho y que por respeto no revelaré su nombre, porque sé que si que si lo ve plasmado en papel se muere de vergüenza. Me comentó su propósito de Año Nuevo: “el mismo de todos los años ponerme a dieta”.
Hasta donde he podido observar no le ha entrado con todo a su resolución, pero el comentario me ha servido para reflexionar un poco sobre el rumbo del país, la naturaleza humana y mi vida personal.
Se fue la Navidad y el Año Nuevo y con ello las excusas para posponer todos esos proyectos que se tienen pensados para este año.
El Presupuesto General de la Nación está aprobado y en vigor, los aguinaldos entregados y gastados, los requisitos para el TLCestán en manos del Presidente de la República. El país está en condiciones para arrancar, pero por ratos me decepciono.
Llegó martes 3 de enero, día que le correspondía al Gobierno regresar a sus faenas y la mayoría de los diputados ni se presentaron a trabajar.
Ejemplo a no seguir definitivamente ¿o vamos a empezar mal y concluir el año con metas y proyectos que quedan a medio gas?
A lo mejor, los propósitos para este año son los mismos del año pasado y el anterior a ese: bajar unos kilos, cambiar de trabajo, lograr un aumento salarial, concluir los estudios, empezar una familia, comprar un carro o una casa.
Sea lo que sea el objetivo, no vale la pena cierta reflexión sobre el por qué no se lograron estos objetivos en 2005 o el año anterior a ese.
Es hora de dejar atrás el miedo que no nos deja seguir adelante, esa vocecita que dice que no podemos, que no somos capaces de lograr lo propuesto.
Es tiempo de dejar de culpar a los demás por las cosas que no nos salen como queremos, es justo que tomemos responsabilidad por lo que nos suceda y lo que nos deja de suceder. Hay que abandonar la comodidad que no nos permite alcanzar mejores y más grandes retos.
En lugar de seguir prometiendo cosas que no se piensan cumplir, por qué no cambiar de actitud, por qué no vencer el miedo, he intentar transformarnos en las verdaderas personas que queremos ser, no un espejismo de lo que otros quieren que seamos o lo que otros esperan de nosotros.
No dejemos que el miedo venza, que no sea esta la excusa para dejar de cumplir nuestros sueños.
¿Por qué no ser mejores personas? ¿Qué nos obliga a estar fijos en un mismo lugar?, ¿Qué impide crecer? ¡Nada! Lo único que ata el destino de uno es la actitud. Está en las manos de uno tomar la vida por las riendas y forjar un destino propio.
Copyright 2005
El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización
escrita de su titular. |
|